Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.
Se han pasado

Esto de querer estar a la última tiene sus peligros. Nos solemos pasar de listos y, como en el caso de este texto de El País, de frenada. Que yo sepa, todavía quedan dos meses de 2008 y todo 2009, pero el plumilla -sin desprecio- da carpetazo a una década que ha sido más que Coldplay, The Libertines, The Strokes y Amy Winehouse -por Dios, ¡qué plasta!-.
Aún así, no dejéis de echarle un ojo al artículo, en el que hay verdades como puños y erecciones mentales con posterior eyaculación. Viene bien refrescar en la memoria lo que hacíamos hace ocho años, de dónde venimos y a dónde vamos, y la cantidad de música que nos queda por escuchar.
Dejo de propina una canción de uno de los mejores discos de la década, la 00, que todavía no se ha acabado, por si a alguien le cabe alguna duda.
Okkervil River: The Stage Names/The Stand Ins

El año pasado llegó a mis manos casi de rebote un disco que prometía y no me defraudó. Era The Stage Names, de Okkervil River, un grupo formado en Austin, Texas -cómo me gusta decir eso: Austin,Texas-. De primeras, no son nada nuevo. Cinco tíos tocando instrumentos corrientes, como se ha hecho toda la vida, un cantante bastante feo con una voz que no destaca, y que hasta puede resultar odiosa, pero canciones muy resultonas, pegadizas, cañeras unas, relajaditas otras. Vamos, que no descubrían el Mediterráneo, pero era como darse un baño en él en pleno agosto.
Un año después llega The Stand Ins, una segunda parte de su entrega de 2007. Ellos, peliculeros y noveleros como pocos, van de camino por la misma senda que, por ejemplo, Ryan Adams, incapaz ahora mismo de distinguir una canción de un filete -miedo me da Cardinology...-. A lo que iba, The Stand Ins continúa la senda de su antecesor, pero la fórmula ya suena vieja -muy nueva no es que fuera- y las canciones son como un vaso de agua: quitan la sed al momento, pero luego no te acuerdas de ninguno en particular.
A lo que voy: ¿por qué coño tienen tanta prisa algunos grupos en editar discos y más discos, unos seguidos de otros? No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero tengo la impresión de que, cuanto más deprisa se suceden las secuelas, peores canciones y álbumes salen. Pongo como ejemplos a Ryan Adams, The Arcade Fire o Band Of Horses.
Al menos, a los Okkervil River se les ha ocurrido una curiosa manera de promocionar su último parto. Han abierto un canal en Youtube con versiones de las canciones interpretadas por artistas de su quinta. Está Bon Iver, Ola Podrida, A.C. Newman, de The New Pornographers... Curioso y bonito a la vez, aunque de lo desconocidos que son algunos, los vídeos parecen grabados por el típico webcam-boy haciendo una versión de su ídolo. Ahí os dejo Lost Coastlines, con A.C. Newman y Will Sheff, voz de esta banda de Austin, Texas. Austin, Texas. Austin, Texas. Vale, ya paro.
Myspace de Okkervil River: www.myspace.com/okkervilriver
Festivales de verano, cogeros de la mano

Vaya por delante que no he ido nunca a un festival de música. Miento, fui a uno hace unos cuantos años, pero nada de dormir en tienda de campaña y ponerme de farmacopea desde por la mañana para arrastrarme hasta que el cuerpo volviera a desfallecer. Pasé dos noches en una pensión gallega y me desayuné una botella de albariño mojado en navajas con los amigos. Uh, qué macho.
Tengan ustedes presente también que es tarde. Rozan las cuatro y media de la madrugada, todavía no he pegado ojo y estoy oyendo ruidos en el pasillo, así que no me tengan en cuenta, queridos, que las dos siguientes recomendaciones les parezcan una soberana gilipollez.
Comienzo proponiendo la lectura del artículo enlazado en estas mismas palabras y su posterior comentario en este, mi blog, vuestra casa, aunque algún pichafloja me llame lo que me llama. Lo último que os invito a hacer es leer este periódico con frecuencia. Para ello, borrad el galimatías hachetemelístico que hay después de .es/. No saco ningún beneficio por darles publicidad, pero merece detenerse en él al menos una vez al día. Como el cagar.
Les dejo con una actuación festivalera. Buenas noches.
En estas horas dando vueltas en la cama me ha dado tiempo a escuchar dos cosas interesantes: OH (Ohio), de Lambchop, y Ships, de Danielson. No les pierdan el paso.
Canción para un presidente de Estados Unidos

Rapidito, que tengo invitados en casa. Hoy hay elecciones en Estados Unidos y voy a estar pendiente hasta que mis párpados se desplomen -que será pronto, fijaros en la hora del anterior post-.
Dejo una canción sobre el tema del día. Se llama Sleeping In, de The Postal Service. De paso, os presento a Ben Gibbard, cantante también de Death Cab For Cutie. Os pongo un vídeo de Youtube con el tema, uno de esos clips que están hechos por frikis que huelen los retretes donde se meten la farlopa y cagan sus ídolos o están perpetrados por estudiantes que quieren ser directores de cine -¿hay alguien en Comunicación Audiovisual que no esté convencido de que va a serlo?-.
Last week i had the strangest dream
Where everything was exactly how it seemed
Where there was never any mystery on who shot john f kennedy
It was just a man with something to prove
Slightly bored and severely confused
He steadied his rifle with his target in the center
And became famous on that day in november
Dont wake me i plan on sleeping
Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping
Dont wake me i plan on sleeping in
And then last night i had that strange dream
Where everything was exactly how it seemed
Where concerns about the world getting warmer
The people thought they were just being rewarded
For treating others as they like to be treated
For obeying stop signs and curing diseases
For mailing letters with the address of the sender
Now we can swim any day in november
Dont wake me i plan on sleeping
(now we can swim any day in november)
Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping
Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping
OOo oOo oOo
¿Una opción?

El País vuelve a publicar un interesante artículo sobre música en su edición digital. Da gusto ver cómo se va haciendo un hueco este tipo de información y reportajes en los diarios nacionales -lo de El Mundo también tiene bastante mérito-. Éste trata de la promoción de grupos amateur que sueñan con publicar algo algún día. Es un tema bastante interesante. La rotundidad con que Lou Reed habla de la difunta industria musical se hace más patente cuanto más buceas en Internet.
Pero, tal vez, la gallina de los huevos de oro, si es que existe, no esté en la red. ¿Qué me decís de las giras? Pongamos por caso que una marca de cerveza decide no sólo no poner el nombre a una sala, sino patrocinar a un grupo o varios en un tour con un buen cabeza de cartel -cosa que alguna discográfica hacía-, vender únicamente su birra durante los conciertos, meter publicidad en la web de la banda y en la suya propia...
Intento explicarlo mejor: la banda X, supermegaindie en Estados Unidos, pero con adeptos aquí, tiene pensado pasar por Europa. Una marca de cerveza, condones, o lo que sea, les dice que les pone pasta por publicidad en la gira y les propone a un grupo amateur como teloneros. El día del concierto sólo se venderá esa marca de birra, o habrá un stand con tías como las de mi clase de la universidad donde se regalarán preservativos. Yo, que tengo pésimas ideas, veo beneficios para el grupo estrella, que puede añadir conciertos en países que no tenía pensado por falta de rentabilidad; veo que gana la marca porque tiene publicidad esa noche y otras, y puede hacer caja si vende algo; y gana también la banda amateur, porque llegará a los oídos de gente nueva.
Y, para hacer promoción de una banda amateur, os dejo con los increíbles Den y su Myspace. No dudéis en pasar. Estáis invitados.
Damien Jurado y sus fantasmas

¿Hay algo mejor que llegar de un intenso viaje por Italia, después de haber cogido este mismo lunes dos trenes, dos autobuses y un avión, que dejar la maleta, tragar algo del jamón que sobró en una boda, pasar por la ducha e ir a un concierto? Por supuesto que hay cosas mejores, pero no es este el caso.
Dejando a un lado, y aunque me cueste, el precioso bodorrio de mi hermana mayor en Italia, me meto en un autobús y llego a la sala Moby Dick. Mi acompañante está cenando con un amigo en el irlandés de al lado y le apremio para que salga porque ya hay cola. Un grupete de miopes modernos, barbudos y jerseys a rayas -sólo fallo en el afeitado- espera a que se decidan a dejarnos pasar los dueños de la sala, que deben andar con los huevos en los bolsillos por lo de El balcón de rosales, pero también contentos por el triste cierre de La Riviera. Le echo un ojo a la lista de invitados a la que paso por delante de la taquillera, que vende las entradas al aire libre en pleno noviembre del año 2008: gente de RDL, Muzikalia, La noche en vivo... Hace frío fuera y dentro tienen puesto el aire acondicionado. Casi me salgo con la de los tickets, pero me tomo una Heineken de cinco euros que, sorprendentemente, sabe como las de tres y tiene también el mismo tamaño.
Son las diez menos algo, algo antes de lo previsto para el comienzo del concierto, y sale Damián -maldito Word- Jurado al escenario acompañado de una tipa y un tipo que se irán intercambiando guitarras, batería y teclado a lo largo del concierto. Jurado nace, crece y vive en Seattle, y muere en cada una de sus canciones, cada cual más triste que la anterior, más dura, más arraigada en las distintas razones que desnortan la brújula. Suena seguro, sentado en su silla, por lo que no le podíamos ver los que estábamos más allá de la segunda fila, y los dos acompañantes no le roban protagonismo. La canción está por encima de todo, y así van cayendo, sobre todo, de sus dos últimos discos, el tristón And Now That I’m In Your Shadow y el melancólico Caught In The Trees, de este mismo 2008. Tan pronto se enreda en una de diez minutos de subidas y bajadas, con largas transiciones, como pasa por un estribillo más pop de apenas dos minutos y medio.
Una hora y un poco después, ya estoy en la calle. Damien Jurado, seguro, estaría en el camerino todavía, tratándole de no darle vueltas a su depresión, exquisito placer para nosotros, pero dura tortura para él, que es la viva imagen del músico torturado y en plena apoteosis creativa. Que Dios decida qué hacer con él.
Mark Olson y Gary Louris, en Neu!Club

Un frío de cojones, gargantas castigadas por los primeros azotes de la gripe global y la amenaza de lluvia fueron los prolegómenos más destacados del concierto de Gary Louris y Mark Olson en la sala Galileo -ahora Neu! Club- de Madrid. No me acordaré mucho de Ted Russel Kamp, el telonero, un tío con el pelo a lo Michael Bolton y camisa con chorreras que, sin embargo, agotó los discos a la salida y no tuvo otra idea más brillante que ponerse a firmar pegatinas en la puerta. No pude ver su actuación y no pude comprar su CD.
Lo que sí recordaré de la noche de ayer fue que estuve viendo el concierto de los frontmen de The Jayhawks justo al lado de los baños y que el público que abarrotó -de verdad, hasta la bandera- la sala tenía cistitis. Fue, como se dice de los partidos de fútbol, una actuación de menos a más, a pesar de un comienzo arrebatador con Nothing Left To Borrow. La cosa empezó con problemas de sonido: demasiada diferencia de voz entre Louris y Olson, que no arreglarían en todo el concierto, y algún pitido de acople. Sin mucho tiempo para la nostalgia Jayhawk, empezaron a caer canciones de Ready For The Flood, el primer disco de ambos juntos tras sus respectivos caminos por autopistas separadas.
Se acomodaron sobre el escenario, sustentados por la percusión de una tipa cuyo nombre no recuerdo, a medida que deshojaron la margarita del nuevo disco, producido por el cantante de The Black Crows, Chris Robinson, quien ya trabajó en el Vagabonds de Louris. Todavía no lo había escuchado, pero las canciones que tocaron me dejaron la idea de un álbum tranquilo con ecos de unos Simon & Garfunkel más vaqueros, como en Chamberlain, SD. La coordinación melódica de sus voces ha sido lo que convirtió algunas de sus obras en sobresalientes y lo explotaron hasta saciar, pero sin cansar, cosa que pasa a veces en alguno de sus discos.
Una vez pasado el repecho inicial y la meseta central de la presentación de Ready For The Flood, tiraron hacia el monte, como las cabras, y los grandes temas de su anterior formación fueron tomando más peso. Era a lo que todos íbamos, hecho que demuestra que han alcanzado ese status de artistas que poco o nada nuevo nos van a ofrecer en lo que les quede -algún día hablaré de alguno más que está en las mismas-. Así que, entre estribillo y estribillo llevado con maestría, nuevas canciones que ni fu ni fa, las intervenciones de un animoso Mark Olson al lado del tímido Gary Louris y la colaboración de un público dispuesto a combatir la cistitis escuchando el concierto desde el urinario, llegó el final. Ahora toca escuchar el disco y, si no nos gusta, volver a cosas como ésta:
