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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

Puticlub cerrado

Puticlub cerrado

   Después de varios días de fiebre y de dolor de garganta, parece que empiezo a levantar la cabeza, pero ya me toca reincorporarme al trabajo. Ha sido apasionante ver cómo partían los últimos vagones de las vacaciones lentamente mientras yo estaba convaleciente y dolorido. Me he sentado todo este tiempo delante del ordenador, pero no he podido pulsar una sola tecla. La cabeza estaba vacía y los dedos, por tanto, eran inútiles. Ahora, después de varias noches para olvidar, pasadas entre ángeles, demonios y otros fantoches de pesadilla, revivo, como si hubiera encontrado el oasis en el desierto o como si hubiera escuchado una buena canción en una discoteca.

   No hablaré más de mis dolores. El jueves vuelvo al trabajo y me temo que no voy a tener un día libre hasta dentro de bastante tiempo. Es mi última tarde y, si no tuviera que seguir tomando tantas medicinas, me emborracharía desde las tres de la tarde hasta que alguien tuviera que llevarme a casa levantándome del suelo con espátula.

   Tengo planes para este curso -sí, he dicho curso: el primer plan es matricularme en la UNED-. Otro plan es cambiarle las cuerdas a la guitarra. Hay proyecto y ganas de tocar. Dos cosas, de momento. Ya habrá más.

   Esto ha sido todo desde mi lugar de vacaciones, el mismo desde el que me toco el falo a diario o escribo, sea verano, otoño, invierno, primavera o Thermidor. Fin de la transmisión, aunque volveré, como el hijo que se va a la mili y descubren que es gay, o el marido que se va a por tabaco pero encuentra el puticlub cerrado.

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