Fecha caducada
Qué buenos eran. Recuerdo que al primer concierto al que fui fue de Calamaro, en el Parque de Atracciones. El segundo, de Los Piratas. En La Riviera, un viernes 16 de abril de no me acuerdo qué año -creo que hace ocho años-, con Los Lombardis de teloneros y por 1.600 pelas. Lo recuerdo porque todavía guardo la entrada, junto con otras más recientes, la foto de mi graduación y otras de conciertos míos con mi segundo grupo -no me reconozco en algunas-. Hacía mucho que no habría ese sobre. Aunque hasta hace poco he guardado ahí las entradas de todos los conciertos a los que he ido, no había vuelto a mirar todos los pases y las imágenes que había dentro. Lejos del sentimentalismo, me han recordado a tiempos pasados que creía mejores, pero ahora no son sino peores o, en el mejor de los casos, indistintos.
Desde que trabajo los fines de semana, me he perdido unos cuantos. Me muerdo las uñas por no haber ido a ver a los Drive-by Truckers, Marah, algún día más a Quique González, algún concierto amigos... Y no quedan entradas para Iván Ferreiro mañana. Todavía peor, el uno de diciembre toca Jeff Tweedy en Madrid y creo que me lo voy a perder. Lo peor no poder ir a un concierto es saber que hay alguien conocido que está en él mientras tú trabajas o estás en casa sobándote el falo. Más jodido aún es hacerte ilusiones con ir a un concierto y que no haya entradas, sobre todo, con grupos no españoles que paran en Madrid cuando tienen tiempo entre avión y avión.
4 comentarios
vaya usted a saber -
javi -
Sergio -
Anónimo -