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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

22 de abril de 2004

Un día largo: ha empezado pronto y está lejos de acabar, pero no por ello ha sido un día malo. Los días sólo son buenos o malos. Hay algunos de los que no podemos recordar algo especial que los diferencie de otros, con lo cual, esos días son perdidos. Si sólo contásemos los días en los que nos pasa algo de verdad, algo para recordar y de lo que aprender, ya sea bueno o malo, seríamos muy jóvenes cuando nos llegase la hora. Es una de las razones por las que empecé a escribir aquí, para poder recordar todos los momentos de mi vida y aprender a no perder el tiempo los días en los que te levantas, comes, te acuestas, te levantas, ves la televisión y te acuestas, todo ello sin quitarte el pijama desde por la mañana. Miradlo por este lado, es una forma de darse cuenta del tiempo perdido y poner remedio para que nunca vuelva a ocurrir. No pienso morir pensando todo lo que pude haber hecho y no hice. Vivir deprisa, morir joven y procurar que tu cadáver no esté demasiado deteriorado (aunque lo mejor es encontrar un equilibrio entre la velocidad que llevamos al vivir y la edad hasta la que viviremos).
Pues eso, un buen día hoy. Han publicado mi crítica del disco de Aerosmith en El Rotativo (han firmado por mí como Pedro S. Thompson) y he estado ensayando como un campeón. Hacía mucho tiempo que no tocaba tanto la guitarra y, la verdad, creo que estoy en un estado de forma a la hora de tocar óptimo. Me sorprendo de lo bien que lo hago últimamente. A ver si hay suerte el miércoles y el viernes y lo hago igual o mejor que en los ensayos. En clase hemos sido cuatro gatos, pero nos lo hemos pasado muy bien, sobre todo en Pensamiento Político. La verdad es que Teresita, que es una mezcla entre Fresita y la madre de Millhouse (además, es de la Obra) se porta demasiado bien con nosotros.
Estoy escuchando una canción de Bob Dylan (que me parece que también es de George Harrison) que se llama If not for you. Pues eso, que si no fuera por muchas personas que leéis esto y otros que no lo hacen... Por cierto, esa chica, Julia, ha desaparecido. No, si cuando yo decía que parecía que estaba escribiendo a la MIR no estaba muy desencaminado. A lo mejor me pasa como en la peli de Contact (la de Jodie Foster). Quizás dentro de muchos años reciba una respuesta. Hablando de la MIR, la Nasa ha descubierto mis planes de lanzar un satélite artificial para cazar canales de televisión de gorra. He tenido que quemar los planos. Ahora vuelvo a tener Playstation (había cogido algunas piezas prestadas). Ya tengo mi siguiente plan: me he bajado un programa del E-Mule para conectarme con la cuenta corriente de Polanco y cada vez que se conecte el magnate en su PC, descargaré dinero en una cuenta corriente en el BBVA a nombre de Pedro S. Thompson a razón de 50c/s. Lo único que me queda por hacer para completar mi plan es levantarme mañana por la mañana temprano y tirar un cable desde el módem de mi ordenador hasta el cuarto de la limpieza de mi edificio. Para ello, tendré que noquear a la señora de la limpieza (que, después de 15 años trabajando aquí, todavía no sé cómo se llama), robarle las llaves y conectarme a la caja de fusibles de la manzana entera. Deseadme suerte. Un saludo a todos. Buenas noches.

21 de abril de 2004

Menuda sorpresa hoy. Llego de clase, enciendo el ordenador, miro el correo y tengo mensajes en el foro de una desconocida. La primera vez que me pasa. A ver si contesta, que le he dejado un comentario en el día de ayer. Mi jornada empezó ayer por la noche, cuando me puse otra vez con el trabajo de Redacción Periodística. Hasta las tres y media. Esta mañana me he levantado a las doce menos cuarto (turno de tarde, mañanas de descanso). Tendría que haber estudiado, haber seguido con el trabajo... En fin, un día menos. Hoy no he tenido momentos de depresión ni angustia sentimental. Simplemente miro a los que están a mi alrededor en el autobús y veo cosas peores sin saber nada de ellos. Me doy cuenta de que no aprecio lo que tengo ni quién soy (gracias por recordármelo).
Hoy toca cagarse en la Seguridad Social. ¡¡Tengo que hacerme la resonancia magnética el día 20 de mayo, dentro de un jodido mes!! Y hasta entonces, ¿qué?. A lo mejor me dan tanto tiempo para que me introduzca en el oscuro mundo del tráfico de órganos en Madrid y consiga una rodilla nueva. Podría implantármela durante unos días en el ombligo, como aquel tipo que estuvo con un brazo cosido a la pierna y luego se lo reimplantaron. Ahora lo mueve bastante bien, aunque no vaya a ser igual que antes. Todo un prodigio de hombre: podía rascarse la planta de los pies sin dificultad y hacerse pajas sin que nadie le viera (si llevase pantalones anchos, claro).
Bueno queridos niños y niñas, me despido de vosotros. Voy a intentar hacer algo por ahí, sin que los de la NASA se den cuenta de que conspiro contra ellos. Voy a lanzar desde el tejado de mi casa un satélite que ninguna agencia espacial será capaz de localizar. Con él, podré sintonizar el MTV2 y la VH1 Classics, los partidos del Madrid y canales porno totalmente de gorra todo. Ya os invitaré a que disfrutéis de ello. Un saludo.

20 de abril de 2004

Me crecen los enanos. Se me había olvidado que el viernes tengo examen. No tengo tiempo para estudiarlo ni para hacer los trabajos de clase ni para ensayar. Voy listo. Cuando algo me aprieta los cojones de verdad es cuando menos ganas tengo de hacer las cosas, pero también es cuando mejor me salen. Seguramente escriba aquí cada vez menos cosas durante esta semana, por lo menos hasta que me baje el agua del cuello y se establezca a un nivel lo suficientemente bajo como para sentir un leve y agradable cosquilleo en las pelotas.
Hoy he tenido una clase de expresión oral bastante deprimente. La gente se ha puesto a hablar de relaciones de pareja. Vaya mierda. Conclusión después de una hora hablando de relaciones maduras: el amor no existe (ya me lo olía yo de un tiempo a esta parte). Cuando estamos enamorados nos ponemos en un estado cercano a la locura. Perdemos la conciencia de ser quienes somos, nos obsesionamos con cualquier tontería y hacemos cosas que no haríamos. Es como un mal viaje con una droga, lo que pasa es que no nos damos cuenta. Las películas de Hollywood son patéticas. No eres feliz al final de la peli. Cuando te das cuenta, a tu novia se le empiezan a caer las tetas, se le ensancha el culo y luego llegan los hijos y bla, bla, bla... Parad a analizar fríamente a la chica o chico del o de la que estáis enamorados. No hagáis caso a ese escalofrío que os recorre la espalda y los brazos, y que eriza vuestro vello. Eso también se puede sentir escuchando música. Borrad esa sonrisa de fumado o fumada que se os pone cuando os fijáis en ella/él. ¿Qué veis?. Un cuerpo lleno de defectos. "La belleza está en el interior". Venga ya. Nadie se fija en eso. Cuando te has querido dar cuenta de los defectos de él o ella, ella o él ya se ha dado cuenta de que tienes los dientes separados y un poco amarillos, entradas en la cabeza y michelines, y a la mierda lo que lleves dentro. Es la cruda realidad. Sí, de vez en cuando nos enamoramos, pero date prisa en darte cuenta del engaño. Tu inconsciente te está gastando una broma. Corre, cómprate un libro, escucha música, ve al cine o emborráchate. Lo que quiere tu cuerpo en realidad cuando se enamora es suplir una carencia de personalidad propia y la intenta compensar con la fantasía que crea de la otra persona. Por eso el amor es un artificio del ser humano. Sí creo en el afecto entre las personas (sexo, amistad y otras afinidades que nos puedan unir), pero no me trago lo de enamorarme ni lo de encontrar a la mujer/hombre perfecta/o. Eso lo han escrito en un montón de libros y películas. Obras de arte, sin lugar a dudas, pero vacías. Por eso, sigo esperando a alguna chica que me niegue lo que acabo de escribir y me diga que sí es posible, que estoy equivocado, alguien que tenga fuerzas para volver a convencerme de algunas cosas que la experiencia me ha enseñado que son falsas. Si de verdad crees en el amor, inténtalo conmigo, ¿verdad que no te importa quererme?. En fin, serán cosas mías. Viva Bob Dylan y Dostoievski. Menos mal que al otro lado del túnel me está esperando Él. Venga, me despido ya. Ya he descargado toda mi rayadura. Un saludo a todos. Hasta mañana.

Una tarde de agosto en Madrid.

UNA TARDE DE AGOSTO EN MADRID, por Pedro Martínez

Abrí la puerta del ascensor. Mis vecinos llegaban de sus vacaciones. Carlos cargaba con una maleta bastante pesada a juzgar por la cara que ponía al tratar de levantarla. Le ayudé con la otra, que también pesaba como un demonio. En la calle, Marta, su mujer, esperaba con el coche en marcha a que Carlos cogiera el último bulto del maletero. Entré en el bar contiguo a mi portal y pedí un café solo con hielo. Me encantaba observar cómo el líquido marrón ardiente derretía los hielos en el vaso de cristal. Era muy refrescante. Salí del bar y anduve por la parte con sombra de la acera. Encendí un pitillo. Después de un café así, un cigarrillo me sentaba bastante bien. La mezcla de los dos sabores en mi boca me traía buenos recuerdos, aunque no sabría decir cuáles. Al llegar a la esquina el semáforo estaba en rojo. El aire caliente que soplaba raspaba la piel. Unos obreros trabajaban en la calle a pleno sol y yo estaba como ellos, esperando a que se pusiera en verde. Crucé después de ver que ningún coche pasaba en ese momento. Era imposible que eso sucediera. Lo normal en un primero de agosto era que la calle estuviera desierta. Y así era. Pasé por delante de la peluquería en la que de niño me cortaban el pelo. No me acuerdo muy bien de porqué dejé de ir, pero creo que fue porque los peluqueros hablaban mucho y no se enteraban de que te estaban dejando la cabeza como a un punki, o te estaban haciendo sangrar con la cuchilla al afeitarte las patillas.
En la puerta del videoclub había una señal que prohibía fumar en el interior del establecimiento. Me quedé sentado en un banco justo enfrente a terminar el cigarro. Observé mis piernas en el reflejo de la puerta. Qué gran mata de pelo. Parecía un oso. Aplasté el cigarro con el pie y entré. La dependienta estaba haciendo algo debajo del mostrador. Aparte de la chica, sólo había un viejo con una barba blanca y larga ojeando algunos títulos. Parecía un mendigo. En pleno agosto nadie quiere contratar a Papa Noel en unos grandes almacenes. Me dirigí al estante de la oferta de dos por uno. En la radio sonaba una canción de Alejandro Sanz, uno de esos pasteles de su primera época, cuando todavía vivía en Madrid.
Ojeaba algunas películas, separando basura de películas potables, cuando entraron dos tipos encapuchados. Uno de ellos iba armado y disparó al techo. Me agaché y me cubrí rápidamente detrás del estante.

- ¡Rápido! ¡Llena la bolsa con lo que tengas en la caja! ¡Vamos, joder, no tengo toda la puta tarde!. – gritó a la encargada mientras volvía a disparar. Yo no veía nada de lo que ocurría. No quería jugarme el culo asomando la cabeza para luego tener que testificar ante la policía para denunciar a unos tipos que no pisarían la cárcel por atracar un videoclub de barrio. Todo eso en caso de que dieran con ellos.
- Por favor, no me mates. Ya lleno la bolsa…. Haré lo que quieras, pero…, no me mates. Por favor… – La pobre chica sollozaba al otro lado del mostrador. Estaba cagada de miedo.
- ¡Vamos, coño! ¡¿Eres parapléjica o qué?! ¡Más rápido, hostia puta!.- El atracador estaba bastante excitado. Su voz era agresividad pura, sonaba como si hubiera tomado anfetaminas antes de entrar. Sería mejor que me quedase en el suelo hasta que se fueran.
- ¡Ya está, vámonos!- Volvió a disparar al techo. No habría hecho falta descargar tanto plomo para atracar la tienda a esas horas. Oí el coche arrancar a toda velocidad en la calle y perderse en dirección a la Castellana.
Esperé unos segundos antes de asomarme desde el final de la estantería. Se oían los sollozos de la chica. El hombre de la barba larga salía lentamente por la puerta como si no hubiera pasado nada, con una bolsa de patatas y una película bajo el brazo. Al pasar pitó el detector pero nadie hizo nada por pararle. Me levanté del suelo. La escena apenas había durado dos minutos pero todo mi cuerpo seguía en tensión, como si hubiera corrido una maratón. Pasé por detrás del mostrador y me agaché para consolar a la dependienta.
- Tranquila, ya se han ido. Voy a llamar a la policía.
La chica se levantó temblando como un flan. Lloraba a moco tendido. Traté de tranquilizarla mientras llegaban los policías. En menos de cinco minutos se presentaron tres coches patrulla montando un gran escándalo con las sirenas. Me hicieron algunas preguntas, pero no pude contestarles mucho porque no había visto nada, ni a los atracadores ni el coche en el que se habían ido. Me dejaron ir después de pedirme los datos por si la investigación llegaba a algún sitio. Cogí el camino de vuelta a casa y encendí otro cigarro. Estaba muy nervioso, me temblaban las piernas. Lo malo de aquello es que no había podido alquilar ninguna película e iba a pasar la tarde en casa mirando la pared bajo el chorro del aire acondicionado del salón.

19 de abril de 2004

Hola a todos. Hoy ha sido un día bastante bueno. He estado currando por la mañana un ratillo en el trabajo de Redacción y luego he tenido ensayo con los Superman Sucks. Tres horas de punk-rock del bueno en un local tremendo con los amplificadores que Dios usaría si quisiera decirnos algo desde las alturas. Acojonante. Espero que no os perdáis el show del día 30 y mucho menos el del 28, con los Holy Days: Borja al micro, Sergio a la batería, Juanje al teclado, Antonio al bajo, y Miguel y yo a las guitarras. El jueves os quiero ver a todos a las siete y media en el Paraninfo de la Complutense y el viernes a partir de las nueve en el mismo sitio. Os lo vais a pasar de puta madre. No tengo que deciros que también podéis ir cualquier día de la próxima semana.
He faltado a clase. Sólo eran tres horas y puedo pedir los apuntes. Además, mi rodilla se ha resentido un poco después de la dura descarga de guitarreo y movimiento del ensayo. Me he tirado la tarde jugando a la Playstation. ¿Os habéis fijado la cantidad de tías macizas que pasan por la calle? ¿Os habéis parado a pensar la cantidad de chicas de buen ver que han podido pasar por delante de mi portal mientras jugaba a la Playstation? Es primavera (aunque todavía haga algo de frío) y las tías están cada vez más buenas. Sí, estoy muy salido, pero, ¿a quién no le alegra el día ver a una chica guapa subida en el autobús o entrando en el metro? Dios nos pille confesados si algún día vuelvo a salir con alguna. Seguro que hoy mi facultad ha estado llenita de niñas en top y pantalones ajustaditos. En fin, será que hecho de menos algunas cosas. Como dice una canción de los Kinks, espero que algún día encuentre cosas mejores. Dicho lo dicho, me voy a hacer cosas mejores. Os dejo con una pequeña historia que espero que os guste. Buenas noches.

18 de abril de 2004

Hoy voy a empezar con un consejo para todos: comprad un perro. Iba de camino a misa y me he cruzado con una chica que iba al colegio que, usando un eufemismo, era de belleza distraída. Paseaba a su perro, pero iba agarrada del brazo de un chico que también paseaba a su perro. Ya sabéis, si queréis ligar, sacar a pasear a cualquier perro. Me abstengo de ligar, pero yo podría sacar a pasear a Wendy, la perra de mi vecina, aunque creo que los demás perros se la comerían de un bocado.
Creo que voy a necesitar un camión entero de tónica Schweppes y dos cajas de cincuenta sobres de Almax Forte para contrarrestar el enorme ardor de estómago que tengo. Comer tarde me sienta mal, muy mal. Además, creo que me empiezo a encontrar con fiebre. Mañana tengo ensayo. Tengo que hacer el trabajo de Redacción. Pensaréis que soy un capullo que no hago más que quejarme, pero para eso escribo aquí, para quejarme, criticar, reírme, daros buenos consejos y todo lo que mis dos cojones quieren que escriba aquí.
El concierto del día 30 parece que ya está más claro. Ya os iré dando la vara para que vengáis. Acaba de abrir la ventana un fantasma que se niega a desaparecer. A ver qué me cuenta. Tengo que reconocerlo, yo también me resisto a que desaparezca. Tendré que llegar a un acuerdo con él. Es buen chico y me daría pena que acabara la historia como con otros fantasmas que conocí.
Vale, me acabo de despertar. Sólo ha sido un sueño. Ya sabéis, la narcolepsia y mi avanzada edad que, junto con las dosis de alcohol semanales, las vitaminas y los anti-inflamatorios, me producen alucinaciones que ni el peor viaje a lomos de la mescalina que el Doctor Gonzo pudiera tener. Bueno chicos, me voy con mi ardor de estómago a sacar a pasear a vuestros perros. Que tengáis buena semana. Mañana os obsequiaré con otro atentado. Buenas noches.

17 de abril de 2004

El Madrid ha ganado al Atleti. Bien, ¿no?. En teatro estoy ensayando como un fiera, lo cual no significa que lo esté haciendo bien. Ahora estoy escuchando un temazo de Los Piratas, El equilibrio es imposible. Ya sabéis, bajadlo de internet. Y muy cierto que el equilibrio es imposible. Por ningún lado lo veo. Mi vida parece que entra en barrena. Estoy parando la maquinaria. Me regocijo en la nada del mundo. Me estoy empezando a rayar mucho. Debe ser que estoy AGOTADO. Mi cabeza no piensa. Los dedos se mueven como máquinas sin sentimiento aporreando las teclas. No sé ni lo que escribo. Necesito salir, ver tías, hablar con alguien y tomarme unas cervezas. En fin, que os voy a dejar. No toméis muy en cuenta lo que he escrito hoy aquí. Mañana será otro día. Que os vaya bien. He dicho.

16 de abril de 2004

(Escrito el 17 de abril a las 3.45)
Lo más importante del día de ayer fue la fiesta en mi propia casa. Mi hermana Susana celebró su cumpleaños invitándonos a papear y beber en el salón. Menos mal que la gente es bastante civilizada. Yo creo que no podría hacer algo así con vosotros, lo siento. Prefiero invitaros a beber fuera de mi casa para que así nos desmadremos todos y no me ponga nervioso. De todas formas, la fiesta estuvo muy bien. Me lo pasé genial.
Esta mañana he estado ensayando. Mi rodilla va mejor. Tengo SUEÑO y tengo que ir a teatro. No voy a dormir siesta. Hoy juegan el Madrid y el Atlético. ¿Se nota que me estoy quedando dormido mientras escribo? Me quedaría en la cama hasta las ocho de la tarde, pero también hay que ensayar. Ducha y café. No sé si darán resultado. No creo. Me pesan los párpados. Me pesan los dedos. Me pesa la cabeza. uhjk (acabo de golpear el teclado con la cabeza). Os dejo. Hoy no hay despedida literaria. Luego escribiré por hoy, pero no tendré nada interesante que contaros. Un saludo y que gane el Madrid.

15 de abril de 2004

Por fin acabé Adiós a las armas. Merece estar en el top 5. Espero que no tardéis mucho en leerlo. Es una orden. Hoy he observado un curioso fenómeno del ser humano que se produce en las colas para subir al autobús. He llegado a la conclusión de que cuanta más gente va dentro de ese infierno rojo con ruedas, más gente se quiere subir en cada parada. Es asqueroso. La gente se vuelve histérica. Te empujan, te gritan, te ponen nervioso. El conductor de autobuses de la EMT es el tipo más vil y rastrero de todo el gremio de transportistas de España. El muy cabrón se reía viendo entrar a tanta gente, como si toda esa masa de jubilados, estudiantes e inmigrantes fuéramos un enorme corcho intentando encajar en el cuello de una botella de whisky con dosificador. Por supuesto, no han faltado los frenazos y los acelerones. Que os den por el culo, hijos de puta.
Hoy ha sido un día jodido que ha empezado jodidamente pronto y ha acabado jodidamente tarde. Creo que se me está empezando a pegar la forma de hablar del puto Thompson. ¿Acabaré tomando ácido lisérgico y bebiendo ron, bajo el sol de México con bellas mujeres medio desnudas y matones a sueldo que no me quitan el ojo de encima? No creo, pero no descartemos ninguna posibilidad. Fijaos cómo cambian las cosas.
Hoy me ha entrado una paranoia muy seria. Creo haber descubierto el origen del mal. La raíz de todos los problemas del mundo está en Dios. Todo esto me ha surgido porque de pequeño me hacían cantar una canción que decía "y vio Dios que todo era bueno, y se alegró". También es una frase del Génesis, pero eso ahora no importa. Sí, Dios vio que todo era bueno, pero no le gustaba; en realidad, no se alegró sino que se puso envidioso. Dios estaba resentido por ver tan felices a Adán y Eva en el paraíso, solos, sin guerras, sin discusiones de pareja, sin "lo siento, pero ya no siento lo mismo que sentía por ti". En fin, que por eso Dios creó a hombres más guapos, mujeres muy tontas, otras religiones, conductores de autobuses y a George Bush. Menos mal que también creó a Ryan Adams, a los Beatles y a Charles Bukowski (aquí me hubiera gustado poner el nombre de alguna chica, pero estoy por averiguar si las mujeres vienen de Eva o de otro planeta). Amigos, no por esto pongamos en tela de juicio la buena voluntad del Señor. El mundo sigue estando equilibrado en el bien, os lo aseguro. Además, no me toméis muy en cuenta, yo también estoy resentido como él y creo que el periodismo gonzo está empezando a afectar a mis capacidades sensoriales y cognitivas.
Mi rodilla va aguantando. Ojalá no sea el tendón rotuliano. Os aseguro que es uno de los dolores más putos que se puede tener en una articulación. Ya hace unos años tuve problemas en él. Puedes levantarte el día menos pensado con la rodilla bien, pero todo se puede ir a la mierda si no tienes cuidado de meter bien el pie en la zapatilla. Un mal giro, una mala pisada, una mala zancada y te volverá a doler como si fuera el primer día.
Voy a tener que cerrar el chiringuito por hoy, pero os dejo con una despedida especial. Por cierto, en los últimos tres días, he tomado prestado el final de tres libros para despedirme de vosotros. A ver quién los identifica. Es como si me despidiera de estatuas. Transcurrirá un momento, saldré y abandonaré la habitación. Volveré a mi casa bajo la lluvia. He dicho.

14 de abril de 2004

Buenas noches a todos. Seguramente estéis viendo Los Serrano como buenos españoles esclavos de la tele de Berlusconi. A mí me gustaría también poder ver enteros todos los episodios, pero encuentro más placer en contaros mis penas a través del teclado del ordenador y de vuestros monitores. Quizás cuando termine de escribir hoy aquí me ponga a ver la serie, pero no os prometo nada. Confieso que hace un par de meses, por lo menos, que no veo ningún episodio de Los Serrano entero. Antes me partía la caja y ahora también lo haría, pero creo que he conseguido apagar la televisión en mi vida. Sin embargo, he encendido el ordenador y no puedo evitar tirarme dos horas cada día delante de este montón de plástico, cables y silicio.
Hoy ha sido un buen día. Sí. A pesar de ir cojeando como un vulgar bucanero con la pata de palo, he conseguido sacar de la biblioteca un par de libros útiles para mi trabajo de investigación para Redacción Periodística. Es posible que ahora estéis poniendo cara de decir "uh, qué guay, ¿no? Mientras tú hacías eso, yo estaba haciéndome una paja antes de dormir la siesta". El caso es que mientras vosotros estáis en clase por la mañana, yo duermo plácidamente en mi cama, y mientras os la peláis por la tarde con el sopor post-menú del día pensando en una tía a la que nunca os haréis, yo estoy también durmiendo en clase de Literatura. ¿Os cabe duda ahora sobre quién es más feliz?. En fin, no pretendía ser borde. El caso es que veréis raro que un tipo como yo vea algún interés en leer libros y hacer un trabajo de investigación. Sin embargo, voy a hacer un trabajo de investigación sobre los dos periodistas más borrachos y drogadictos que han salido de una facultad de Periodismo: Tom Wolfe y el gran Hunter Stockton Thompson. No os dirán nada estos nombres, pero os aseguro que si leéis alguno de sus libros, os van a entrar ganas de iros a Benidorm en un cadillac rojo descapotable, a 180 kilómetros hora por la Nacional 3, escuchando a los Rolling a todo trapo, y con el maletero lleno de sustancias psicotrópicas y alcohol suficiente para toda una vida. Voy a parar que me emociono.
Mi rodilla va por momentos. A veces duele y a veces no. Ya se me pasará. Bueno, os voy a dejar ya, que voy a currar un poquillo en el trabajo. ¡Clemente Dios, gloria a ti! Mañana a los madrileños aterrará el creer que a manos de Los Serrano caí. Mas es justo: quede aquí al universo notorio que, pues me abre el purgatorio un punto de penitencia, es el Dios de la clemencia el Dios de Don Pedro Martínez. He dicho (junto a Zorrilla).

13 de abril de 2004

Buenas noches a todos. Me alegra que la gente comente cosillas sobre lo que escribo aquí. Os doy las gracias por seguir leyendo este blog.
Hoy ha sido un día grande, de los que nunca se olvidan (y ya van demasiados que no puedo dejar de recordar). A pesar de ser el primer día de clase y de tener que ir con una muleta para apoyarme, me he puesto muy contento al volver a ver a todos mis compañeros de la facultad.
Hoy he tenido mi primer plan "cultureta". He ido a la presentación del Premio Primavera de Novela. Había un motivo por el cuál no podía rechazar la invitación que ha llegado a mis manos después de una carambola a cuatro bandas: Lorenzo Silva ha sido el ganador este año. Qué tío más grande. (Empieza la parte de adoración). El primer libro que llegó a mis manos de este hombre fue El alquimista impaciente, que ganó el Premio Nadal en el año 2000. Lo leí en el verano de 2001. Me enganchó de tal manera que, mientras mi familia se bañaba en la playa o se tostaba sobre la arena de la playa del Rincón de la Victoria, yo me sentaba en la terraza del chiringuito con un Nestea (por aquella época no bebía cerveza con ellos) a leerlo. Después, en el verano de 2002, leí El nombre de los nuestros, un libro sobre la guerra de Marruecos. A pesar de la violencia y la sangre de las palabras, me volví a enganchar y recuerdo que el día que me lo terminé, devoré cerca de 150 páginas de un tirón. En las navidades de 2003, me regalaron por reyes La niebla y la doncella. Tampoco tardé mucho en dar buena cuenta de él. Se pegó a mis manos de tal manera que recuerdo que estuve a punto de caerme varias veces en el autobús de camino a la facultad. Por último, hace un par de meses, leí La flaqueza del bolchevique. La película me encantó. Os la recomiendo a todos. Espero poder ahorrar pronto el dinero suficiente para comprarme el libro. Aparte de todo este peloteo (fin de la parte de adoración. Inicio de la parte contemplativa), el discurso sobre la novela ganadora (Carta blanca) ha sido el mejor de los 5 ponentes que había en la mesa (Soledad Puértolas, Javier Reverte, Marta nosequé, Eugenia Rico y el propio Lorenzo Silva). Voy a poner ahora mismo un enlace en el blog a su página. Después de la coreografía de Víctor Ullate (con destape femenino incluido), han servido un coctail del que he procurado dar buena cuenta echándome unas cervezas al coleto y deglutiendo con voracidad canapés variados.
Ha sido genial también ir con Elena. No he parado de reírme en toda la tarde con ella. Además, su conversación era bastante interesante y sabía de lo que hablaba. Muy buena chica. Si os interesa a todos los lobos solitarios que campáis por este blog, conseguiré su móvil y, si ella me lo permite, lo publicaré aquí para que podáis llamarla.
Me acabo de bajar Elixir de juventud, de Antonio Vega. Tengo esta canción desde hace por lo menos diez años, pero sólo la tenía en una cinta que estaba empezando a desintegrarse. Gran canción, también os la recomiendo. Esta noche termino Adiós a las armas. Es una pena que me haya durado tan poco. Tengo una nueva meta en la vida aparte de fundar el Club de Amigos de Graham Greene y bajarme todos los libros de Bukowski en pdf: leer a Hemingway hasta que Dios venga a buscarme. Entonces le diré: "espera a que me termine este libro. Entonces, podrás hacer lo que quieras con mi alma".
Bueno, hoy me he excitado mucho escribiendo aquí. Si alguien ha llegado hasta estas últimas palabras, que me dé un tono al móvil (605242634). Os lo agradezco, de verdad. Mi gracia sea con todos vosotros. Amén.

El resto ya lo sabía.

El resto ya lo sabía, por Pedro Martínez.

Bajamos del taxi en Cibeles y subimos andando por Alcalá hasta Sol. Había llovido y el suelo estaba mojado. Un viento frío rozaba mis brazos y me estremecía. Ya era de noche. Los coches estaban parados en un atasco. Algunos pitaban. Otros hacían lo mejor que podían hacer, desesperarse encima del volante en vez de hacer sonar su claxon. Nos despedimos.
- Ya lo sabes, ¿no? – me dijo.
- Sí – era triste saberlo.- ¿Por qué has decidido contármelo con antelación esta vez y no las anteriores?
- Porque estabas empezando a perder la fe en mí. Sólo quería que supieras que todo lo bueno y lo malo que te pasa es porque yo ya lo he decidido, y nada ni nadie lo puede cambiar.
- Pero, ¿seré feliz en algún momento de mi vida?
- Sí, no te preocupes. Sólo tienes que esperar. Yo os tengo guardada la felicidad a todos.- Sonreí.
- Entonces, gracias.- Nos estrechamos la mano y se fue en dirección a Arenal.
Ella estaba apoyada en la pared del edificio de la Presidencia del Gobierno de Madrid. La melena le cubría parte de la cara, pero pude adivinar un gesto serio en su expresión. La cogí del brazo y nos dimos un beso vacío.
- Pedro, tenemos que hablar.
El resto ya lo sabía.

12 de abril de 2004

Hoy me he pasado el día preparando la entrevista a Manuel Martín, mi personaje "famoso". He llegado a la Fundación Universitaria Española, que es donde trabaja, y he tenido que esperar media hora. Él pensaba que habíamos quedado a las cinco y media, así que he estado media hora sentado en una silla incomodísima pero refinada hasta decir basta en medio de un elegante salón con el suelo de parquet, espejos enormes por las paredes y una secretaria jovencilla sentada al fondo tecleando en un ordenador. Yo ponía el contraste a tan gustosos ornamentos con unas zapatillas grises manchadas, vaqueros, camiseta, mochila al hombro y muleta para sujetarme. La entrevista ha estado bien, pero Manolo se me iba por los cerros de Úbeda en cada pregunta. Tendré que acortar respuestas. Sí, puede que sea manipulación, pero, ¿qué más da?.
He estado jugando a la Play con Fede, el novio de mi hermana Almudena. Es un gran tipo, pero sus dotes "videojueguísticas" dejan mucho que desear. Poco a poco irá mejorando. No puedo parar de escuchar a los Gipsy Kings cantando Don't let me be misunderstood. Cada vez que la escucho me pongo a bailar a lo Bisbal con esguince de rodilla. Me he mirado en el espejo mientras lo hacía y me he dado pena. Creo que ya no lo voy a volver a hacer, es una imagen demasiado patética de mí mismo. Otra cosa que os voy a recomendar: Adiós a las armas, de Ernest Hemingway. Si el libro sigue así, se va a colar en mi top 5 en cuanto termine de leerlo. Al principio, Hemingway no me había gustado mucho. Sólo había leído París era una fiesta y me decepcionó bastante. Pero este libro, es diferente. Las palabras se me montan una encima de la otra, como la corriente de un río. Me pongo excesivamente poético y pedante cuando escribo aquí, pero es mi blog y escribo como me sale de la punta de la polla.
Bueno, buenas noches a todos. Ahora, mis queridos Nathanaeles, borrad mi blog de vuestra cabeza y de vuestra lista. Olvidad lo escrito aquí. He dicho.

11 de abril de 2004

(Intentando resumir desde el miércoles)
Hola a todos, ya estoy de vuelta. La Pascua en Buitrago ha estado bastante bien. Gente muy interesante diciendo cosas interesantes y útiles. David, Patch, mi hermano, Ana y sus amigas, algunas de Norte,... Siempre hay buenas razones para hacer cosas de estas. Mi rodilla no parecía haberse resentido del viaje, pero desde que he llegado a casa, siento más molestia. La venda es un rollo de tela sin consistencia. Me la quitaré esta noche.
Necesitaba una Pascua. No sé porqué, si por cambiar de aires, por darme tiempo para mí o por ver a gente que hacía tiempo que no veía. El caso es que ha merecido la pena ir con muletas y un día más que el resto de la gente. Me gustaría daros un aviso a todos para que no digáis que nadie os avisó. Mi hermano es un tipo peligroso. Sí, ese chico que va de bueno y tímido es capaz de mover a más de cien personas a cantar una canción sobre la negra culona y soltar coñas delante de todos ellos sin temblar al hablar ni ponerse rojo. Chicas, mi hermano es todo un cachondo semental y está libre.
Por otro lado, he decidido tomarme vacaciones sentimentales. No quiere decir que me voy a ir de viaje a ver si tengo alguna aventura a lo Lost in Translation, sino que prefiero darme a la vida ascética tranquila y de vez en cuando, agarrarme una buena moña. Así que, estoy abierto a cualquier tipo de plan que incluya visitas a museos, ir al cine, al teatro o irse a tajar a cualquier sitio. De hecho, este viernes debería ir al cine a ver de una puta vez Sylvia. Sí, puede que ahora parezca un "cultureta" y un bohemio como esos que me dan dentera, pero es así, no puedo evitarlo. De hecho, no puedo evitar no gustarme a mí mismo un montón de veces (¿a que os pasa lo mismo?).
El pescado de hoy está vendido. Mañana colgaré algún relatillo, que es lunes. Que tengáis buen día. He dicho.

5 de abril de 2004

(Escrito el 6 de abril a las 16.00)
A veces me pongo a pensar en la persona, si lo es, que escribe nuestras vidas. Hoy he llegado a la conclusión de que necesita una cura de desintoxicación. Ayer, y también hoy lo está siendo, fue un día para no olvidar. Cuando lees algún libro o ves algún cuadro surrealista, te paras a pensar en cuáles son las motivaciones que llevan al artista a decir tal o cual cosa y resultan medianamente inteligibles. Pero la vida no funciona así. Tratar de comprender las cosas te vuelve loco, sobre todo, cuando algunas te pasan sobrevolando como balas. Estoy escuchando Seven Nation Army a todo volumen, con la pierna vendada desde el tobillo hasta casi la ingle y tengo una resaca que me está agarrando por los cojones desde primera hora de la mañana. Hace dos horas estaba tumbado en la cama a oscuras, contando los bultitos de la pintura gotelet de mi habitación. Cada una de esas gotitas de pintura seca son lágrimas de mi habitación, que se pone a llorar cuando me ve triste. Hace una hora me reía con mi hermana de lo de mi rodilla. Ahora creo que me iré a leer un rato al sofá. ¿Tiene esto sentido? No, no lo tiene, como tampoco lo tiene la mayoría de las cosas que pasan a nuestro alrededor. No tratéis de entendar esas cosas, dejadlas estar a vuestro lado y os terminaréis acostumbrando, como nos hemos acostumbrado los unos a los otros.
David, tu cumpleaños estuvo genial ayer. Espero que hagamos muchas cenas y comidas como la de ayer, y que te hayan gustado los regalos. Muchas gracias. A los demás, nos vemos, que tengáis una buena Semana Santa, que mañana me piro con mi pata chula a Buitrago. Olvidad lo que he escrito hoy, tengo un ascensor en la cabeza que a veces consigue dejarme en mi piso pero que ahora me tiene descolocado.

A la mar y a tu lado.

A la mar y a tu lado, por Pedro Martínez.

Desperté solo una mañana en una habitación desconocida. El cuarto era pequeño, pero la altura a la que estaba el techo era en proporción más alta que el resto de las paredes, lo que le daba un cierto aire expresionista al lugar en el que me encontraba. Había una ventana por la que entraba suficiente luz como para alumbrar toda la estancia sin necesidad de tener que encender el solitario interruptor que había en la pared de la derecha. Miré por la ventana. El cielo estaba nublado pero algunos rayos de sol se filtraban a través de las nubes grises. El paisaje resultaba tristemente invernal. Tenía la boca seca. Miré en la habitación buscando algún grifo pero no había nada. Fui a abrir la puerta para salir pero estaba cerrada y no tenía la llave. Cuando llegué allí, me habían puesto un camisón y habían guardado mi ropa en el armario. Busqué en un bolsillo del pantalón y encontré mi cartera. No tenía dinero. Saqué el carné de identidad y lo miré. Sin duda era mío, pero no me decían nada aquella foto con aquel nombre y el resto de los datos que aparecían en él. Todas esas cosas perdieron su significado para mí cuando lo dejé todo atrás y emprendí mi viaje al centro del mar sobre mi pequeña barca.
De pequeño había vivido lejos de la costa y nunca había hecho siquiera una visita en vacaciones. Mi madre siempre me contaba maravillas de lo que una persona sentía estando cerca del mar. Hablaba de emociones indescriptibles que sólo la cercanía de las olas podía descubrir a los hombres. A algunos los hacía eternamente felices y se quedaban a vivir junto a él en casas preciosas. Esos no necesitaban más que abrir una mañana la ventana y respirar aquel aire encantado que provenía de la orilla. Sin embargo, otros no eran capaces de dominar las emociones que el mar despertaba en ellos. Perdían la cabeza por el murmullo de las olas muriendo en la playa y terminaban adentrándose en solitario en ese desierto de agua buscando esa gota salada que colmase el vaso de su existencia y saciase su sed de felicidad. Remaban y remaban, día y noche, perdiendo de vista todo lo que dejaban en tierra, olvidaban todo lo que una vez pudieron haber sido y se entregaban a un destino desconocido. La mayoría se perdía en el inmenso azul y nunca regresaban; era la perpetua búsqueda de la satisfacción plena del ser humano. Los pocos que volvían regresaban completamente locos o enfermos para el resto de su vida. Algunos de los que conseguían salvarse volvían a buscar al mar lo que no habían encontrado la primera vez, pero los que se quedaban en tierra firme lejos del embrujo de la costa, renunciaban a todo destello de felicidad y a emprender de nuevo la aventura de encontrar un sentido a sus vidas. Todo esto que decía mi madre y el hecho de que yo nunca hubiera estado cerca, hicieron crecer en mí un deseo irrefrenable de visitar el inmenso azul.
Un día como otro cualquiera llegué a un pequeño pueblo cuyo mayor tesoro era una preciosa playa que daba a mar abierto. Allí estaba yo, contemplando cómo la melena del agua descansaba sobre la espalda de la orilla. No había respirado nunca lo que aquel cuerpo azul de sirena emanaba, ni había visto un color tan bello ocupando todo mi horizonte. Pasé una larga temporada caminando por el malecón, viendo cómo las olas rompían en las rocas a mis pies, llamándome a que me mojara en ellas y sintiera sus caricias por todo mi cuerpo. Iba todos los días a sentarme sobre la arena a ver las olas y escuchar su sabiduría en aquel eterno murmullo. Daba largos paseos por la orilla, conversando con las pequeñas conchas que la marea traía a la orilla y que luego devolvía a las profundidades. A medida que pasaba el tiempo, mis ojos miraban en una sola dirección y dejaba de atender a todo lo que había fuera de la playa; abandoné esa parcela de mi vida que se desarrollaba sobre tierra seca. Un día soleado y tranquilo, cogí un reloj, un trozo de pan y una brújula, me metí en una pequeña barca y empecé a remar mar adentro. Remé primero durante días, luego semanas, después meses y, por último, remé toda una eternidad. Al principio disfrutaba de las pequeñas olas que mecían mi bote y del sol brillante que alumbraba mis ilusiones. Por la noche, las estrellas vigilaban mi frágil embarcación y traían a mi cabeza sueños de días felices dentro del mar después de un largo viaje a lomos de la dócil yegua de cabello azul. Todo me hacía pensar que iba por el buen camino, pero al poco tiempo de mi periplo, el pan se acabó. Pasaba días y días sin comer nada, apoyado en el extremo de la barca con mi cuerpo inclinado sobre el borde, acariciando con mis dedos la superficie del agua. Sin embargo, de mi cara no desaparecía una sonrisa ingenua y llena de ilusión que me acompañó hasta en los momentos más difíciles de la travesía. Cada cierto tiempo, el mar parecía acordarse de mí y me lanzaba algún pez que yo cogía y devoraba a toda prisa, cegado por la ansiedad que me producía la incógnita de cuándo llegaría el siguiente animal que fuera a parar a mi boca. Seguía pasando el tiempo sobre aquella alfombra de agua y cada vez sentía mayor desilusión porque las noches empezaron a hacerse más largas y más lluviosas que los días, que era cuando parecía que me encontraba más cerca de la felicidad que yo estaba buscando.
Para añadir más dificultad a mi viaje, pronto llegó la época de las tormentas. Las olas chocaban contra mi pequeño barco movidas por la fuerza de un diabólico y hercúleo monstruo que habitaba en sus profundidades. Al ver el agua turbia y la mar encrespada, y después recordarlo unas horas antes en calma y claro como un cristal, me ponía a llorar. Me sentía engañado una y otra vez por una ilusión que cada vez creía menos que se fuera a hacer realidad. Pero cuando volvía la calma a mi jardín y el sol volvía a brillar sobre el mar, todas las elucubraciones que hacía en la tormenta desaparecían y me daban fuerzas para remar con más ánimo en la dirección que la brújula todavía me indicaba.
Fue un día de luz clara y radiante, con el mar en calma y mi corazón como un coro de ángeles exultantes, cuando vi a lo lejos un pequeño barco como el mío que flotaba en dirección contraria a la que iba yo. En realidad parecía que no seguía un rumbo fijo, sino que iba a la deriva. Cuando llegó a mi altura, vi a un hombre tumbado en el pequeño espacio de la ajada embarcación, que parecía que iba a hundirse completamente si no encontraba pronto un puerto en el que repararla y parar a descansar. El hombre tenía un aspecto lamentable. Llevaba una barba y una melena de color blanco muy largas y estaba flaco como una el palo de una escoba. Mi aspecto no era muy diferente al suyo, pero yo tenía lo que él ahora no tenía, un corazón que me dirigía como una locomotora de vapor hacia la felicidad. De sus ojos brotaban lágrimas dulces. Le pregunté que porqué lloraba y él me dijo que por el mar, porque le gustaba tanto el sentirlo cerca que le emocionaba y, por otro lado, lloraba también porque le castigaba a veces con tanta dureza que no podía esconder su llanto pidiendo clemencia, como si fuera un niño delante de su madre quejándose de un castigo inmerecido. Me contó también que había perdido el rumbo hacía mucho tiempo en aquel laberinto sin paredes, así que le quise dar la brújula que había llevado conmigo desde el momento en que partí. Él no quiso aceptar mi regalo y trató de convencerme de que volviera con él a la orilla. Había sufrido mucho guiado por el caprichoso sendero de la marea y ahora quería recuperar lo que dejó atrás cuando partió. Me dijo que mi camino no llevaba a ninguna parte, pero yo, animado por la luz del sol y guiado por una fuerza divina, seguí remando. Le di mi brújula y le deseé suerte en el camino de vuelta.
A los pocos días de haberme encontrado con aquel hombre, me di cuenta de que había perdido yo también mi rumbo. Las olas me llevaban de un sitio para otro, en una dirección diferente cada día. Mis brazos habían perdido toda su fuerza y se rindieron al camino por el cual el agua quisiera llevarme. Los remos se perdieron en otra fuerte tormenta, con lo que terminé por convertirme en esclavo absoluto de la brisa del mar y del destino que me fuera a traer. Poco a poco, en el casco de la barca se hicieron agujeros. El agua entraba a chorros por las brechas hasta que un día no fui capaz de achicar todo el líquido que se acumuló en el interior y mi deteriorada barca se terminó hundiendo en el fondo del mar. En este momento fue cuando de verdad me sentí solo y desamparado, rodeado de aquella sustancia que primero me había seducido con bellos cantos y perfumes divinos, pero que luego me traicionó sin el menor escrúpulo. Floté durante varios días y noches sobre aquel lecho hasta que me quedé dormido en sus brazos.
Luego desperté en esta habitación. No recordaba cómo había llegado hasta aquí ni quién me había podido traer. Me quedé mirando en mi muñeca el reloj que me acompañó en el viaje. Las agujas no se movían. Me lo quité y lo puse debajo de la almohada. Apoyé mi cabeza sobre ella y, tumbándome sobre la cama, cerré los ojos y volví a transportarme a la orilla del mar. A medida que las imágenes en mi cabeza se hacían más reales, el tic-tac del reloj se volvía a poner en marcha. Me quedé dormido cuando pisé otra vez la arena, mientras miraba como el sol se escondía en el fondo del mar y volvía a crecer en mí el deseo que tenía de joven de ir otra vez a aquella playa y volver a perderme entre la belleza de sus olas.

4 de abril de 2004

(Escrito el 5 de abril a las 14.05)
Hoy voy a ser breve. Me he tirado el día en la cama. Sueño y pocas ganas de morir. Entonces, lo mejor es dormir. Por la noche fui a ver La Pasión. Qué mal lo pasé en el cine: demasiado para mi estómago. Apenas he dormido esta noche. Me leí 160 páginas de un libro intentando conciliar el sueño, pero ni por esas. Hay cosas que nos llegan tanto al corazón que nos bloquean y nos alteran el ritmo de vida. Es por eso por lo que nos domina nuestro yo desconocido. No lo conocéis, pero está ahí. En fin, espero poder dormir algo mañana (hoy). Un saludo. Luego colgaré un cuentecillo, a ver qué os parece. Un saludo a todos.

3 de abril de 2004

(Escrito el 4 de abril a las 16.00)
No he tenido ensayo esta mañana. Javi y yo fuimos a tomarnos una caña en vez de ir a tocar. No es mal plan tampoco. Estuve jugando a la Playstation un buen rato cuando volví. Comí con mi familia en casa de mis tías. Empezamos a zampar a las 5 de la tarde. Otra cosa que detesto: comer después de las tres. Intenté no dormir cuando volvimos a casa a las siete y media, pero no lo puede evitar. Me metí en la cama hasta las diez menos cuarto. Cuando me levanté, vi un rato el partido del Madrid y estuve atento a lo del atentado de Leganés. Cada vez que intento ponerme en la cabeza de alguno de estos terroristas, siento vértigo del abismo que separa mi mentalidad de la suya. No tenía pensado salir, pero me hablé con Andrés y quedamos para tomar algo. Estuvimos en el Molly Malone's y en El desván. Qué peste de sitio. Cuando volví a casa, mi familia ya había vuelto de ir a buscar a mi hermano al aeropuerto. Me ha traído un gorrito típico tunecino, un ajedrez de madera de nosequé, un periódico en árabe y un cassette de un cantante de allí. Creo que voy a escucharlo ahora, debe ser acojonante. Un saludo, nos vemos mañana.

Los mejores

Bienvenidos a esta nueva sección en el blog. En este apartado voy a destacar a los cinco mejores en cada categoría. Son libros, películas, discos y otros varios imprescindibles en mi vida. Aprendí de ellos o me hicieron pasar un rato irrepetible. Por eso, espero que os pique un poco la curiosidad por conocerlos. No están necesariamente por orden, pero sí están los más importantes y los mejores. Cada cierto tiempo iré añadiendo otros. Ojalá disfrutéis tanto con ellos como yo.

Top 5 libros:
- El tercer hombre, Graham Greene.
- Pulp, Charles Bukowski.
- Guerra y paz, León Tolstoi.
- Adiós a las armas, Ernest Hemingway.
- La flaqueza del bolchevique, Lorenzo Silva.

Top 5 discos:
- The white album, The Beatles.
- Live 1965, Bob Dylan.
- Exile on main street, The Rolling Stones.
- Buena disposición, Nacha Pop.
- Demolition, Ryan Adams.

Top 5 películas:
- Pulp Fiction, Quentin Tarantino.
- El gran Lebowski, Joel Coen.
- Episodios IV, V y VI de La Guerra de las Galaxias.
- Trilogía El señor de los anillos, Peter Jackson.
- Miedo y asco en Las Vegas, Terry Gilliam.

Top 5 conciertos:
- Paul McCartney.
- The Rolling Stones.
- Burning (sala Revólver).
- Andrés Calamaro (Parque de atracciones).
- Quique González (Honky Tonk).

Top 5 canciones:
- Canción para despertar: If you can't rock me, Brian Setzer.
- Canción para animarse: Who are you, The Who.
- Canción para deprimirse: La Cienaga just smiled, Ryan Adams.
- Canción para dormir: Good night, The Beatles.
- Canción "que te den": I don't believe you (She acts like we never have met), Bob Dylan.

----Actualización 16 de abril de 2004----
Se cae de la lista de libros Noches blancas de Dostoievski y entra con fuerza Adiós a las armas de Ernest Hemingway. A la espera de la última novela de Lorenzo Silva, Carta Blanca, y a La peste, de Albert Camus. Un saludo a todos.
----Actualización 22 de abril de 2004----
Me subo los pantalones hasta las rodillas y me meto a hacer una lista con las canciones que más me gustan en este momento. Podría poner varias cada día o añadir más categorías, pero no quiero meterme en camisas de once varas. Bajároslas de internet, son altamente recomendables.
----Actualización 1 de mayo de 2004----
Cambio en la lista de libros. El tercer hombre se cuela entre los cinco mejores. En 140 páginas hay una historia que otros escribirían en miles de páginas. Yo me lo compré por cinco euros. No sé a qué esperáis.

2 de abril de 2004

(Escrito el 3 de abril a las 13.30)
Después de llevar a Berta a su casa (todos podemos tener un mal día), caí en la cama víctima del JB y la cerveza. Gran noche. Nada más despertarme, Almax, Eferralgan e Hidroxil. Bendito Hidroxil. Esa pastilla rosa con sabor a pipa de girasol. Milagrosa, aunque después de comer tuve que tomarme otra porque la resaca se negaba a desaparecer por las buenas.
En clase éramos siete "mindundis" puteados por haber dormido poco. El profesor se lo tomó con buen humor. Después (contaré una mentira) me fui a casa a descansar un ratillo. Por la noche estuvimos en un bar hawaiano de Huertas. Estaba bastante bien el sitio y me lo pasé genial. Luego estuvimos en un garito pachanguero. ¿Os he dicho alguna vez lo poco que me gusta la pachanga?. Eso no es música para mí. Cuando salgo quiero lo mejor: la mejor gente posible, el mejor plan posible, la mejor bebida posible y la mejor música posible para pasármelo lo mejor posible. Pues esta música me jode la noche. Lo siento si soy muy duro, pero soy muy intransigente con eso. De todas formas, estuvo bastante bien el día. Al llegar a casa estuve escuchando a Bob Dylan para desintoxicarme un ratillo.