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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

5 de mayo de 2004

No sé si conseguiré publicar este artículo. Como veis, estoy reformando el blog y no me deja publicar más de diez artículos en un día. La intención es separar un poco todos los diferentes escritos para que no sea tan incómodo leer esto. Además, estoy separando por secciones los mejores libros, discos, películas, etc., para hacer un archivo con pequeñas reseñas de todos. Añadiré cada cierto tiempo reseñas nuevas de libros o películas (o lo que sea) que vaya viendo/leyendo o ya haya visto/leído. Por cierto, son mías, no las he copiado de ningún sitio ni nada.
Ayer por la noche mi hermano me dio una gran noticia: Bowie está confirmado en Santiago de Compostela el día antes de que toque Dylan, con lo cual (si consigo el dinero) me iré los días 16 y 17 de julio a Santiago. Recemos para que eso sea así. Hoy he vuelto a ver humo saliendo de la planta de mi pie. Incluso me ha dolido más que el otro día. Ya me imagino cómo será mañana. Sigo enganchado a Every grain of sand. Ya tardáis en bajárosla. A pesar de todo, sigo viendo luz al final, lo que pasa es que no sé si la salida está cerca y es muy pequeñita o si la distancia está haciendo de la enorme puerta de escape un agujero pequeñito. Ya se verá. Lo mejor es seguir andando, aunque no se vea muy bien (vamos, que no está tan oscuro, no os preocupéis). Nunca he perdido la esperanza.
Ayer colgué un relato. Me parece que os merecéis que regale uno por cómo os habéis portado esta semana conmigo (y cómo lleváis desde tiempos inmemoriables haciéndolo). Este fue de los primeros que escribí y ha aguantado el paso del tiempo (en mi opinión). Bueno chicos, a ver si nos vemos mañana en lo de Andrés. Un saludo y que descanséis.

Exile on main street, The Rolling Stones

Exile on main street, The Rolling Stones

Los Rolling vuelven a la carga con este disco que toca todos los palos de la música que les influyó de jóvenes y toda la que vendría después de ellos. Un ejercicio de medalla de oro de blues, rock, country, balada... Un Mick Jagger inconmensurable de voz, Keith Richards mágico e inspiradísimo con su guitarra (escuchad Happy y su riff), Mick Taylor despliega el manual de cómo ser un gran guitarrista de rock, Bill Wyman empasta el conjunto con su bajo, y Charlie Watts golpea su batería a modo de martillo para que ningún cabo quede suelto. El disco se grabó en el sur de Francia en una mansión que Keith Richards se compró. Los setenta fueron la peor época de los Stones en cuanto a drogas. Exile on main street se pudo haber ido al retrete en incontables ocasiones (y la vida de los componentes también). A pesar de todo, lo que hace de la música un arte consiguió mantener al grupo junto (y con vida) y terminaron este estupendo disco.

The white album, The Beatles.

The white album, The Beatles.

Antepenúltimo disco de los Cuatro Fantásticos de Liverpool. Las tensiones entre Lennon y McCartney son cada vez más patentes. Hay muchos desplantes por parte de todos en el estudio (Paul llegó a grabar todos los instrumentos de Back in the USSR). Cada uno hace las canciones sin tener casi en cuenta al resto. El binomio Lennon-McCartney parece sólo una estampa comercial. Las hadas parecen haber hecho las maletas, pero la magia no se ha ido de Abbey Road. A pesar de que todo parecía indicar el fin del grupo, los cuatro se vuelven a juntar y hacen un disco imprescindible para entender todo lo que ha venido después. La cantidad, variedad y calidad de las canciones es patente: desde el rock and roll más clásico de Back in the USSR a la balada descarnada de Sexy Sadie, y luego ponte a repasar. Coge una al azar. Son unos Beatles tan confiados en sí mismos que se permiten publicar algo como Revolution 9, que refleja el estado de sus cabezas y sus ánimos (el grupo parecía un auténtico caos).

Bob Dylan. Live 1966.

Bob Dylan. Live 1966.

Edición oficial de una grabación que ha circulado por los círculos underground de Estados Unidos durante casi cuarenta años. Este doble compacto recopila lo mejor de la gira que cambió PARA SIEMPRE la historia del rock and roll. El primer disco recopila grandísimas canciones (también por su duración) de los primeros álbumes folk de Dylan. Él y su armónica desgranan cada canción verso a verso, acorde a acorde, como si cada palabra pudiera ser la última. En el segundo compact, Dylan y The Hawks (su banda de acompañamiento, que más tarde se llamarían The Band y que harían una gran carrera emancipados de su descubridor) se enfrentan a todo el auditorio de Manchester en un combate de rock and roll y blues, en el que los gritos blasfemos hacia el trovador acústico y cantante protesta que había dejado la guitarra acústica por una Fender Stratocaster y una feroz banda de acompañamiento, se convierten en aplausos aduladores tras comenzar un Like a rolling stone precedido de un grito de alguien entre el público que lo llamaba Judas. La mejor versión jamás grabada de esta canción y, probablemente, el mejor disco en directo jamás grabado.

Guerra y paz, de León Tolstoi.

Guerra y paz, de León Tolstoi.

Fantástica historia ambientada en la Rusia que lucha contra Napoleón a principios del siglo XIX. Todo el libro es un complejo documento histórico en el que la psicología de los personajes (incontables) es desgranada a medida que los hechos que ocurren influyen en ellos. Estos personajes (muchos de ellos son personajes históricos, es decir, completamente REALES) no son meros muñecos de tinta y papel, sino que el lector los ve crecer y evolucionar, vive con ellos, se mete en su mente y los llega a comprender. Todo está aquí. Lo más grande y lo más bajo del ser humano. Una radiografía de la humanidad en uno de los momentos cumbre de la Historia Universal.

La flaqueza del bolchevique, de Lorenzo Silva

La flaqueza del bolchevique, de Lorenzo Silva

Novela corta del escritor madrileño en la que su protagonista emprende una infantil venganza contra una señorita de ciudad tras un estúpido choque de coches en Atocha. Este ejecutivo de banco y fanático de los Judas Priest terminará enamorándose la de hermana adolescente de Sonsoles, la nueva Lolita llamadada Rosana. Una historia con final sorprendente en la que los escrúpulos se interponen a los impulsos más primarios del hombre.

Adiós a las armas, de Ernest Hemingway

Adiós a las armas, de Ernest Hemingway

Novela ambientada en la Italia de la Primera Guerra Mundial. Henry es un conductor de ambulancias enamorado de Catherine Berkley, una enfermera de un hospital. Mientras está de servicio, Henry cae herido en una pierna y es en el hospital donde termina de fraguarse el amor entre estos dos personajes, que acabarán huyendo de Italia en un tortuoso viaje hacia Suiza para buscar la felicidad en pareja lejos del mundo tan difícil que los rodea.

Pulp, de Charles Bukowski.

Pulp, de Charles Bukowski.

Este poeta y novelista alemán pero afincado en Los Ángeles desde niño, se desmarca de su personaje estrella, Henri Hank Chinaski, su álter ego, y presenta la historia de Nick Belane, un detective privado muy poco ortodoxo, borracho, violento y salido, que busca la solución a unos casos extraños encargados por personajes extraños. Una novela surrealista y onírica totalmente alejada de lo que solía escribir este beatnik tardío (o beatnik no suscrito).

El tercer hombre, de Graham Greene.

El tercer hombre, de Graham Greene.

Esta novela corta de Graham Greene sirvió como guión para la excelente película de Carol Reed del mismo título. Todo surgió como un encargo que le hicieron a Greene para hacer un guión. Él prefirió escribir la novela y después hacer un guión aparte. Las interpretaciones de Josheph Cotten y Orson Welles, y la música de Anton Karas son magníficas. La historia se sitúa en la Viena dividida después de la Segunda Guerra Mundial, ciudad a la que llega Rollo Martins invitado por su amigo Harry Lime. Cuando Martins llega a la ciudad, descubre que su colega desde la infancia ha muerto en extrañas circunstancias. Rollo, que escribe novelas baratas, se encargará de descubrir qué es lo que ha pasado de verdad y descubrirá todo el mundo del estraperlo y el comercio ilegal en un tiempo tan difícil.

Balada para un jardinero

Balada para un jardinero

BALADA DE UN JARDINERO, por Pedro Martínez.
(¿Por qué caen todas las flores muertas en mi jardín?)

Érase una vez un humilde jardinero que trabajaba todo el día sin cesar en los vastos jardines de palacio, recogiendo las hojas secas que caían de los árboles, regando las bellas flores de colores y cortando las malas hierbas que crecían. El rey y la reina lo tenían en muy alta estima y lo alababan por cuidar tan bien de sus patios, que eran los más bellos que ningún rey pudiera soñar tener nunca. “Un artesano con los dedos verdes”, decían unos. “Un decorador de la naturaleza”, señalaban otros. “Y qué obediente y responsable es”, insistía la reina a sus amigas mientras tomaban el té. Sumiso, entregado, trabajador, atento… Incluso aceptaba con entereza las reprimendas de la reina cuando no le gustaba el color de las flores que ponía en el centro de la mesa. Él siempre se disculpaba por no acordarse de que “su majestad, en los días de verano cuando hay tormenta, prefiere los claveles a los gladiolos a la hora de comer, y los gladiolos a los claveles en la cena”. Aun siendo con él más cruel que con ningún otro de sus sirvientes, era al que la reina tenía más cariño.
Y así fueron pasando los días hasta que llegó el otoño. Las hojas empezaron a teñirse de amarillo para luego caer al suelo. Los bellos jardines de la reina perdían su color, pero el humilde jardinero trabajaba cada día más duro para quitar con su rastrillo todas las hojas secas que había. Era en estos momentos cuando la reina lo felicitaba con mayor entusiasmo. “Ninguno lo podría hacer tan bien como tú”, le decía al agotado sirviente. Estas palabras levantaban su moral antes de irse a su casa a descansar para volver al día siguiente con fuerzas renovadas.
Un día, regresaba a casa silbando alegremente cuando, al abrir la puerta de su pequeño jardín, vio que muchas hojas habían caído de los árboles y deslucían su patio. Miró los jardines de todos sus vecinos y vio que estaban mejor aseados y cuidados que el suyo. “¿Por qué caen todas las flores muertas en mi jardín?”, se preguntaba él. “Bueno, otro día las recogeré, hoy estoy muy cansado”. Echaba con el pie a un lado del camino las que le molestaban y seguía andando. “Bueno, otro día lo recogeré todo, hoy estoy también muy cansado”, dijo al día siguiente. Y así, día tras día, mientras iba a limpiar el jardín de la reina todas las mañanas, el suyo se llenaba de hojarasca y maleza, hasta que una noche, cuando volvía de palacio, no pudo entrar en su casa de la cantidad de ramas y hojas muertas que se habían acumulado en su patio y que no le dejaban pasar. Esa noche durmió bajo un árbol. “Mañana por la mañana me pondré en serio y lo dejaré todo lo mejor que pueda”. Justo al rayar el alba, envió a un mensajero con una nota para la reina en donde le decía que le disculpase esa mañana, pero que no iba a poder ir a trabajar porque tenía que arreglar urgentemente su patio para poder volver a entrar en su casa. Pasó todo un día entero quitando hojas secas y podando ramas muertas de sus árboles pero, aún así, todavía le quedaría tarea para unas cuantas semanas más. Cuando el sol empezó a caer, llegó el mensajero con una carta de la reina para él. “Querido jardinero, me he apenado mucho hoy porque usted no ha podido venir a darle color a mi bello jardín. Espero que vuelva pronto, porque ver así de triste mis plantas también me entristece a mí”. Estas palabras de la reina hicieron brotar lágrimas de culpabilidad de los ojos del jardinero.
A la mañana siguiente, abandonó su trabajo doméstico para ir a palacio. La reina le recibió con alegría y él trabajó tanto, que en un día recuperó todo lo que no había hecho el anterior. Al llegar a su casa, su jardín estaba incluso peor que cuando lo empezó a limpiar la jornada anterior. Cuando salió el sol al día siguiente, volvió a mandar al mensajero con una disculpa para la reina por volver a tener que quedarse en casa arreglando sus moribundas plantas. Pero por la noche no volvió el enviado con una carta de la reina, por lo que el entregado jardinero supuso que estaría muy enfadada con él. Al día siguiente, terriblemente avergonzado, se presentó en los jardines lo más pronto que pudo, pero la reina lo estaba esperando con mala cara. Le echó la peor de las reprimendas que nunca nadie le había echado por haber dejado que los jardines se cubrieran de nuevo de maleza. “No saldrás de aquí hasta que vuelva a parecer primavera en mis patios”. Él, llorando, se disculpó y enseguida se puso a trabajar. No se fue de allí hasta que dejó todo precioso otra vez. Hasta parecía que algunas flores estaban floreciendo, pese a ser ya pleno invierno. La reina esta vez no le agradeció su entrega y ni le felicitó por su trabajo. Es más, lo despidió falsamente insatisfecha porque no le gustó cómo había quedado el jardín. Sabía que había hecho un trabajo milagroso, pero no quería reconocerlo.
Llegó llorando a su casa. Se sentía incomprendido. La reina no entendía que su casa, su precioso patio y su antes fértil huerto, se estaban echando a perder porque todos los días tenía que evitar que en el palacio no hubiera hojas secas ni siquiera escondidas detrás de los arbustos. Cruzó a duras penas su siniestro jardín y cuando iba a entrar en su casa, vio una pequeña flor que brillaba escondida debajo de toda la hojarasca. Se agachó a observarla y la acarició. “Me estoy muriendo”, le dijo la flor con voz muy débil. “Todas las flores de tu jardín estamos desapareciendo porque no nos cuidas. Incluso el huerto que tan buenas hortalizas te dio está muriéndose. Somos tus flores, somos tu vida porque tú nos la diste a nosotras. Tú nos plantaste aquí para que floreciéramos y te diéramos de comer, pero ahora nos has abandonado.” Entonces el jardinero se echó a llorar junto a la flor. “Tienes toda la razón. Vosotras sois mis flores y os he abandonado. A partir de ahora no descansaré hasta que mi jardín sea el más bello de todos los jardines y mi huerto vuelva a dar las mejores hortalizas de todo el reino”.

Volviendo otra vez de la biblioteca

Volviendo otra vez de la biblioteca

Acabo de volver de la biblioteca. Hoy tengo fotografía, así que no tardaré mucho en ir a la facultad. En un descanso del estudio he ido a comprarme una botella de agua y la panadera estaba hablando del calvinismo y otras movidas. Ya sabéis, no os fiéis de nadie, todos pueden ser espías del MI6 o de la CIA. Ahora estoy escuchando una canción religiosa de Dylan. Tremenda. Cada pelo está contado como cada grano de arena.

3 de mayo de 2004

Éramos pocos y parió la abuela. Y a la muy jodía le ha dado por parir papilomas en la planta de mi pie derecho. El podólogo me ha estado echando unas gotitas de un ácido comparable al garrafón de La Notte y veía como salía humo de la planta de mi pie. Ahora sí que siento dolor. Todo por ir a ver qué eran esas manchitas oscuras que tenía. Joder, es como si miles de hormigas carnívoras africanas se hubieran adherido a mi piel y se estuvieran comiendo los malditos papilomas. Menos mal que me ha dicho que en tres o cuatro días me lo quita. Más te vale, cabrón. Si no lo haces, voy a coger el puto ácido con el que me has rociado y te lo voy a echar en los ojos, y cuando haya consumido tus globos oculares, voy a sacar mi polla y voy a mear en tus cuencas vacías. Por supuesto, es coña. El tío ha sido muy simpático. Me ha dado conversación y me ha explicado muy bien todo lo que me iba a hacer. Ha sido el segundo desconocido que en el mismo día me ha dicho que me voy a morir de hambre por estudiar Periodismo. He entrado en mi bar después de comer a tomarme un poleo y el tipo que estaba al lado en la barra se ha puesto a hablarme. Vale, no había ningún problema hasta que se ha puesto a criticar a los periodistas. El hombre estaba en un avanzado estado etílico a las cuatro de la tarde. Decía que era un médico de Oviedo que había venido a trabajar en la Seguridad Social y que sólo llevaba tres días en Madrid. El caso es que me he puesto con el pie estirado delante del ordenador a escuchar a Muddy Waters y se me ha olvidado todo lo que tenía que hacer. El disco que estoy escuchando es tremendo. Es un negrito de los años cincuenta cantando él solo con su guitarra acústica en plan blues. Usa una botella para hacer slide con las cuerdas, lo hace muy country. Ya no hay gente así. Ya no hay gente que arriesga. Somos todos unos cobardes. Esta mañana he estado estudiando un ratillo en la biblioteca. Sigue habiendo buena cantera entre las que estudian Selectividad. Creo que voy a ir dejando esto ya por hoy. Estoy demasiado cansado. Borges es un petardo. Me siento como un personaje de Cube. Estoy demasiado perjudicado físicamente como para no estarlo también mentalmente. A veces pienso que me sobra cuerpo, peso. Si estuviera más delgado, me aprovecharía un montón más (mens sana in corpore sano, o algo así). El caso es que os tenéis que leer el primer poema de Las flores del mal de Baudelaire para que entendáis cómo me siento (el que habla del albatross). Un saludo a todos. Hasta mañana.

Yo y las fotos que nunca consigo colgar

Yo y las fotos que nunca consigo colgar

Paso de la biblioteca. Ya he estado estudiando un buen ratillo. ¿Y qué hago siempre que vuelvo a casa? Encender el ordenador. Al menos estoy intentando colgar alguna fotillo aquí, a ver si puedo de una vez.

2 de mayo de 2004

A tomar por culo el Madrid. A tomar por culo la Liga. A tomar por culo el fútbol. A tomar por culo La casa de tus sueños. A tomar por culo la televisión. A tomar por culo el resfriado y el invierno en primavera. Espero que nadie más se ofendiera si "se tuvo que joder". No soy quién para joder a nadie que no quiere ser jodido. Ya tomaré medidas para poner fin a las jodiendas. Perdón si alguien se sintió ofendido. No volverá a ocurrir, ¿sabéis por qué?. Porque no pienso volver a retractarme de nada de lo que escriba aquí. Nunca he pretendido ser ofensivo contra nadie en este blog, por lo tanto, no va a volver a haber razones para tener que pedir perdón, escriba lo que escriba. Cada uno puede decir lo que le salga de su sagrado culo y para eso están los foros, o lo que uno quiera. De todas formas, si alguien cree que merece mención aparte en mi vida, que me mande su dirección para que no vuelva a olvidarme. Vale, ya paro.
Mi nariz es como un grifo de mucosidad líquida y transparente. ¿A que no os interesa?. A mí tampoco. Hay cosas más graves en este mundo, como que tus padres y tus hermanos estén agilipollados delante del televisor viendo el nuevo reality de Telecinco: La casa de tus sueños (también es grave que yo me pase como dos horas al día delante de la maquinita esta). Habría que hacer algo para que Berlusconi sólo pusiera programas en sus cadenas como los que hace Patch (y eso que a mí los coches...). Lanzo un grito de guerra contra la televisión basura y la música "de serie".
Mañana es el comienzo del fin. Ya me pongo a estudiar. Poco a poco, no vaya a ser que saque algún sobresaliente. Ya os contaré cómo anda el mercado de verano de la bibliteca. Os dejo a todos. Mañana pondré alguna cosilla por aquí. Que descanséis. Yo me voy con mi resfriado a lidiar con Borges.

30 de abril de 2004

(Escrito el sábado 1 a las 15.28)
Gran concierto el de ayer, aunque si os digo la verdad, más por el ambiente que por nosotros. Y no es peloteo. ¿Os fijásteis qué mal sonaba todo? No se oía nada en el escenario. ¿Y qué coño hace tanta peña subida al escenario? Yo sabía que Pablo, Chiri y Vidillas iban a subir, pero tanta gente...(¿Qué hacías ahí, arbolillo?). En fin, que me lo pasé genial, pero que el concierto del miércoles fue mucho mejor musicalmente (ayer tocamos como una pandilla de descerebrados espídicos). Otra vez, os doy las gracias a todos los que vinisteis, desde la gente de la Ilustre Villa a los que viven en Barajas, Chamberí, Castellana y Alcalá. Y si me olvido de alguien, pues se jode (me olvido de Patch). Ayer me terminé El tercer hombre, de Graham Greene. A veces pienso que cada libro que una persona lee, es una paletada de arena que cava para su tumba. Y más al ver lo que nos rodea. Esas cajas negras... Esas personas que están dentro de ellas... Esas otras que se quedan delante... ¡Dejad de leer esto ya! ¡ Perdéis el tiempo! ¡No hay respuestas! ¡No hay nada que buscar! ¡La carrera ya terminó y nadie cobró las apuestas!

29 de abril de 2004

Ya estoy otra vez aquí con todos vosotros. Después de una ración de rock para oídos con pedigree, un ciego que mataría a la cabra de la legión y nueve horas de clase después de haber dormido tres, vuelvo a aporrear las teclas para indicaros el camino hacia la paz y la serenidad. Lo primero que tengo que decir es un enorme GRACIAS a todos los que hicisteis el esfuerzo de venir un miércoles por la noche a escucharnos. Desde la conexión telefónica con Francia, pasando por el sujetador de Irene y la pancarta de la gente de clase, hasta la camiseta de Alba y todos vuestros gritos desde ahí abajo. Si no hubiera sido por todos vosotros, nosotros hubiéramos hecho una mierda ahí arriba. Espero que os lo pasarais como enanos. Os recuerdo que mañana hay tralla de la dura para vuestros lindos ojetes. Os vamos a meter tanta caña por el culo que no vais a tener que hacer esfuerzo para cagar. Os dejo a todos, que me voy a hacer la prueba de sonido para mañana. Por cierto, os invito a que dejéis vuestra opinión sobre cuál fue la canción que mejor nos salió o la que más os gustó. Aquí está la lista:
1.- Todo negro (Los salvajes)
2.- You really got me (The Kinks)
3.- Washed it all away (Borja y Antonio o Antonio y Borja)
4.- Nuclear (Ryan Adams)
Un saludo a todos.

27 de abril de 2004

Estoy nervioso. El bulto del pecho empieza a desaparecer, pero ahora estoy jodido del estómago. Mi cuerpo aguanta peor la tensión y el estrés que una borrachera de caballo. Mañana es el gran día. Nada puede salir mal. NADA. He estado ensayando con los Urbano y Pablo. El del viernes también promete tela. Tenemos un par de sorpresitas preparadas. Por fin acabé el trabajo del puto Thompson. Le voy a acabar odiando. Ahora estoy con El tercer hombre, de Graham Greene. Promete. Os voy a ir dejando, que tengo que descansar. Mañana hay que estar en la pomada desde pronto. Shut up and go to sleep. Que descanséis.

26 de abril de 2004

Sí, estoy en la pomada. Ryan Adams petardea en los altavoces del ordenador y los dedos no paran de escribir, llevo todo el día currando en el trabajo sobre el Doctor Gonzo y Tom Wolfe, con fiebre, el estómago del revés, un bulto en el pecho que a veces pica y otras duele y, cuando no, las dos, y las lentillas pasadas de fecha haciendo polvo mis ojos. Que le den por culo a la calle y todo lo que hay ahí fuera. Hoy no he salido de casa y estoy como un león encerrado, quiero salir a comerme el mundo con los huevos llenos de amor y la cabeza girando como una peonza borracha. Ahora os voy a dejar, no quiero entretenerme aquí. Hoy no cuelgo ningún relato. Estoy en la lista de espera de la inspiración. Lo último que escribí no me gusta nada (aunque no es malo). Todavía me quedan cosas que me gustan y son buenas, pero no las quiero poner aquí hasta que vuelva a tener algo bueno entre ceja y ceja. Si alguien está interesado, le paso más por email. Bueno chicos, os espero el miércoles (y también el viernes) a las nueve y media en el Paraninfo de la Complutense. Hay alguna que ya se está rajando. Nos vemos mañana por aquí o el miércoles. Ciao.

24 y 25 de abril de 2004

Ayer fue un gran día. El ensayo con los Holy Days fue grande. ¿Alguien puede decirme si hay algo mejor que tocar en un grupo de música? Yo podría decir cosas totalmente equiparables, pero nada superior. La obra de teatro sigue poco a poco. Preparar las cosas bien lleva su tiempo. Por la tarde fui a pedirle la guitarra a mi vecino del cuarto. Me ha dejado una Gibson del setenta y pico de color negro. Acojonante. Si Dios fuera guitarra, sería negro.ando No puedo parar de tocarla. Paso del trabajo. Por la noche lo di todo, pero no acabé muy mal. Me lo pasé muy bien.
Hoy domingo he estado ensayando por la mañana con los Superman Sucks y los Holy Days. Muy intenso. He comido como un animal en casa de mis tías (felicidades, tía) y he estado viendo el partido en mi casa la primera parte y en un bar con los de la Comunidad la segunda. Jodidos futbolistas. Que os den por culo, cabrones. Estoy molido. A mi rodilla le ha dado hoy por estar jodiendo y no me ha parado de doler en todo el día.
No me he acordado hasta hace un rato de bajar a buscar los lingotes de oro. Tanta guitarra y luego el partido me han distraído de lo verdaderamente importante. Hoy es domingo y la de la limpieza no estaba. He intentado abrir la puerta con un pequeño explosivo casero fabricado a base de chicle, carne de Buguie, vinagre y Kellog's Special K, pero no he conseguido nada. Ahora que lo pienso, me parece que esa no era la receta. El caso es que he tenido que recurrir a la técnica de desmantelamiento de la cerradura y he arremetido con el primer volumen de En busca del tiempo perdido. Tras el primer golpe, el picaporte ha caído y la puerta se ha abierto mansamente. Lo peor estaba por llegar. No había nada dentro del cuarto secreto. Sólo un papel escrito a boli con mi letra: "Los he sacado a la calle". No estaba firmado. Además, yo no había escrito eso, ¡qué carajo!. He bajado hasta la plaza de Olavide buscando en cada papelera alguno de mis lingotes y no he encontrado nada. Al llegar a la plaza del Beautiful Love, he visto a una pareja que me ha resultado sospechosa. Estaban sentados en un banco al sol. El chico parecía poner más interés en la conversación que la chica. Me senté sin que lo notaran en un banco que había justo detrás del suyo. Podía escuchar su conversación. Ellos me darían la pista para recuperar mis lingotes.
- Lucía, si de verdad quieres dejarme, no te importará que te pida prestado un sólo segundo para darte un beso y que recuerdes para el resto de tu vida lo que quieres dejar de tener.
Será hortera el tío ese. En fin, me voy a casa a seguir tocando mi guitarra negra. Mañana volveré a buscar los lingotes por ahí. Un saludo a todos. Hasta mañana.

23 de abril de 2004

Buenas noches a todos. Sí, me he quedado en casa, no pasa nada. He estado haciendo cosillas para el trabajo de Redacción, pero todavía no me he metido en faena gorda. Ahora están echando Backbeat, la peli sobre los primeros años de los Beatles y no sé qué coño hago que no la estoy viendo. Intento sacar el punteo de Nuclear, pero tampoco puedo. ¿Por qué no consigo hacer nada entero? Joder, qué dolor de cabeza. He cenado callos. Antes sí los aguantaba para cenar, pero ahora ya no. Estoy perdiendo facultades estomacales y estoy más gordo. El examen no me ha salido mal del todo. Y eso con que sólo lo había estudiado un par de horas esta mañana. El ensayo con Los cachorros ha estado bien. ¿Por qué un tipo como yo, al que le encanta Bob Dylan, es capaz de tocar en un grupo de punk? No lo sé. Quizás una respuesta a esa pregunta me aclararía la duda de porqué tengo heridas en los dedos. Esta mañana he conseguido conectar mi ordenador al de Polanco. Golpeé en la cabeza a la asistenta con una edición de Los pilares de la Tierra y cayó al suelo inconsciente. Me costó un riñón levantarla. La metí dentro de un cubo de basura y, aunque estaba sin sentido, la amordacé y la até de pies y manos con los cordones de sus zapatos por si se despertaba. El cuarto de basuras huele realmente mal, pero la asistenta huele peor. Por Dios. Ahora me doy cuenta de que siempre la veo con el mismo uniforme. No puede ser. NO SE HA CAMBIADO DE UNIFORME EN LOS QUINCE AÑOS QUE LLEVA TRABAJANDO AQUÍ. Me fijé bien en la ropa y vi que algunas costras de roña estaban uniendo unos rotos en el vestido. Me mareé al verlo y caí desmayado al suelo víctima de los efluvios de su putrefacta ropa. Desperté al poco rato. Ella seguía durmiendo dentro del contenedor. Me tapé con la camiseta la cara para alejarme del hedor y abrí el cuadro de luces. ¿Cuál de todos estos enganches sería? Probé uno. Un ruido estridente, como las visagras de una puerta vieja, sonó a mi espalda. Me giré. Lingotes. Oro. Lingotes de oro. En mi casa. ¿Por qué coño hay oro en mi casa? ¿Por qué coño hay tantos lingotes de oro amarillo como en las películas dentro de mi casa? El agujero que se había abierto en la pared era de unos 4 metros de largo, otros cuatro de alto y otros tantos de ancho. Estaban ordenados perfectamente en estanterías metálicas. De dentro de del cuarto salía un fulgor dorado que me cegaba. No me dejé atontar por la increíble fortuna que había encontrado en las profundidades de mi edificio y volví a cerrar la puerta oculta que había abierto sin querer. Seguro que con el negocio de Prisa conseguía sacar más dinero. Conecté el cable a la salida correcta. Polanco, ya eres mío. Antes de subir a la habitación abrí el contenedor y saqué a la de la limpieza. La mujer estaba un poco atontada. Cogí un ejemplar de La Gaceta de Chamberí y la abaniqué. Al cuarto de hora de ventilación asistida despertó. Gritó con voz de ultratumba. Tuve que hacer algo que había planeado, pero que lo reservaba como última estrategia. Saqué el flash borrador de memoria que los Hombres de Rojo y Amarillo (en Estados Unidos van de negro) se dejaron cuando trajeron a mi vecino del segundo. Me protegí los ojos y disparé. Los ojos de la señora de la limpieza estaban fijos en la pared. Tenía que decirle un pasado y un objetivo en la vida en menos de cinco segundos o saldría del estado catatónico en el que se encontraba. No se me ocurría nada. Vale, ya lo tengo: "eres una señora de la limpieza que vienes aquí todas las mañanas, por las tardes sales a buscar a tus niños cuando salen del colegio y por la noche follas como una loca con tu marido, que es modelo de Calvin Klein. No sabes nada de unos lingotes de oro que pueda haber en esta casa y nunca te he golpeado con Los pilares de la Tierra en la cabeza". Al instante volvió en sí. Mierda, se me había olvidado darle un nombre. Bueno, otro día se lo daría. Tenía que subir a toda velocidad a conectarme con el ordenador de Polanco. Ejecuté el programa que me había bajado de internet, que se llamaba Polanco++, y salió un ventanita de Windows que decía que estaba estableciendo conexión con el Cuartel General del Grupo Prisa. Mi viejo módem a 14.400 baudios petardeaba, estaba a pleno funcionamiento. La conexión total estaba a punto de realizarse cuando un bocinazo repentino salió por los altavoces. Una ventanita de error en la conexión: "Imposible conectar con el Cuartel General del Grupo Prisa. El usuario Polanco@hotmail.com usa una versión de Windows anterior a Windows 95 y no es compatible con el archivo espía de Polanco++". Me cago en él. Tanto internet y tanto grupo Prisa, y luego va y tiene el Windows 3.11 en el PC. Será tío cutre. Al final no he podido sacar nada de dinero de Polanco ni del grupo Prisa. Bueno, todavía me quedan todos esos lingotes en el cuarto de las basuras. Mañana iré a sacarlos. Ahora ya es tarde y puede que me vea el perro de dos cabezas que vigila la casa de mi vecino del primero. Un día le vi comerse a un ladrón que se intentó colar en su casa para robarle el mando de la televisión. Se lo comió en la mitad de tiempo que un perro normal lo hubiera hecho. Claro, con dos cabezas, es más fácil. Lo que el ladrón no sabía, es que mi vecino le quita las pilas al mando por la noche, para que, por si se lo roban, no puedan usarlo. En fin, me voy a descansar, que mañana me espera un día muy largo con los Holy Days, con los Guardias y con Thompson. Un saludo. Buenas noches.