Blogia

Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

Everything All The Time, Band of Horses (1/10)

<I>Everything All The Time</I>, Band of Horses (1/10)

Esta banda de caballos de Seattle presenta su candidatura a grupo del año con Everything All The Time. Parece que no hay nada nuevo bajo el sol, pero cuando empieza a sonar la música, las canciones crean una atmósfera que tapa al molesto Lorenzo. La primera, The First Song, es una toda declaración de referencias: My Morning Jacket, The Flaming Lips, Arcade Fire... Es decir, unos que intentan retorcer el rock americano y otros que simplemente quieren ser la mejor banda de la historia -a ver qué tal su nuevo disco...-. Everything All The Time salta de techo en techo. La intensidad alcanza su tope en The Funeral, para acto seguido caer en el remanso de Part One y volver a subir con The Great Salt Lake. Y así en las diez canciones.

El disco es un soplo de aire fresco. Habrá a quien le parezca que coge un poco de aquí y otro de allá, y que no va más allá. Pero todo encaja a la perfección. Resulta genial en la primera escucha, en la segunda no se desmorona, en la tercera ya has localizado las mejores canciones y a partir de la cuarta no haces sino lo mismo que tras la toma de contacto: disfrutarlo. Música hecha por -otros que quieren parecer- extraterrestres para todos los públicos.

¡Despida 2006 conmigo!

Voy a poner fin al año bloguero con la prometida lista musical. Entre hoy y mañana voy a intentar colgar todos los posts que tengo pensados. Creo que Blogia sólo deja colgar diez artículos al día, así que tened paciencia, poco a poco irán apareciendo. Me pongo el disfraz de farfullero musical.

Notas previas

- Casi todo lo que escucho está hecho en Estados Unidos. Poco hay en la siguiente lista que no sea de allí. Entre los diez que he elegido, sólo hay uno británico y otro español.

- Eso no significa que no me guste música que se hace aquí.

- Seguro que me dejo un montón de discos. Me hubiera gustado escuchar muchos más... Pero ni tiempo ni pasta he tenido. Es más, seguro que no he escuchado más porque de los que voy a hablar han estado casi todo el día sonando entre mis orejas.

- Sí, me he cerrado mucho. Casi todo lo que escucho es rock americano, alt-country o como lo queráis llamar.

- Los discos no están necesariamente en orden de preferencia.

- Aunque lo parezca, no pretendo sentar cátedra de nada. Recuerdo que sólo hablo de lo que me gusta -y de lo que no me gusta-. El hecho de que os recomiende algunas cosas en el blog es porque rara vez he dejado un disco o he dado buenas referencias de algo y a la otra persona no le ha gustado -aunque suene ciertamente vanidoso esto-. También me pasa a mí con lo que me dejan o me recomiendan los demás.

- Cuando haya colgado los diez discos, pondré una lista de doce canciones que podéis regalar en navidad.

- Se agradecerán comentarios, siempre que no sean malintencionados o maleducados, cosa que rara vez ocurre aquí.

Breve repaso a tres semanas de silencio

Vuelvo a escribir, aunque sea para explicar que me he quedado sin conexión a internet en mi habitación y no he podido usar el ordenador tanto. Todo sigue igual tras tres semanas en las uqe han pasado bastantes cosas, aunque pocas relevantes. No me sienta mal esto de haber cumplido 22 años. De hecho, hasta me gusta. Hoy he tenido un examen, bastante fácil por cierto, y empiezo mis vacaciones de navidad. Esta noche, cuando salga de trabajar, me voy de fiesta. Espero no ir a Cats o algún sitio de ese estilo, aunque me da a mí que nadie va a escuchar esta petición.

Estoy preparando con el Doctor una lista con la mejor música que he escuchado este año, o la música que más me ha gustado. Seguramente acabe colgándolo aquí para el que le interese. Mientras tanto, alguna recomendación. Por ejemplo, Everything all the time, el disco de Band of Horses. Si no os convence, coged la versión que hace Johnny Cash de If you could read my mind en American Recordings V. Y si no, podéis ir a Cortylandia, a patinar sobre hielo o a Xanadú, a partiros las piernas esquiando. Llega la navidad, así que pasadlo bien. Para muchos significa vacaciones, para unos estudiar, a otros los pone tristes, hay a quien alegra y hay a quien se la pela. Disfrutemos de la frivolidad. A mí me gusta cada vez más. Lo dicho, a pasarlo bien. Procuraré escribir pronto.

Cansautor

Cansautor

No es lo mismo escuchar una y otra vez California Stars en tu casa a hacerlo en un concierto. El viernes tocó Jeff Tweedy en Madrid. Ya sabía que no iba a ir, pero no me imaginé lo que me estaba perdiendo hasta que me llamó mi hermano cuando tocó la canción y la escuché entera. Desconecté tres minutos del trabajo y me senté al lado de la máquina de café. Lo mal es que oía a mi hermano cantar más alto y más desafinado que al otro, pero no importaba.

Wilco es una de mis debilidades, ya lo sabéis la mayoría. Lo que pasa es que me faltan pelotas para fingir una enfermedad o, simplemente, pedir un día libre o un cambio. Quizás me echó para atrás también el hecho de que Jeff Tweedy tocara sin banda. Puede estar bien, o puede ser un coñazo, ver a alguien que te gusta hacer un concierto él solo. Pongamos ejemplos.

A mí me enseño a tocar la guitarra un tío al que de repente le dio por querer ser el nuevo Enrique Urquijo. Terminé dándome cuenta de que daba pena. Tocar noche tras noche Quiero beber hasta perder el control no debe ser tan divertido como hacer Like a Rolling Stone. Las últimas veces ya iba por compromiso. También fui a ver a Quique González un día a la Sala Galileo. Tocaba él solo, sin banda, con su guitarra, su armónica y su piano. Increíble. Sin ser el alma de la fiesta sobre el escenario, lo bordó y en ningún momento me sentí aburrido como con cualquier otro cansautor. Con Gary Louris me pasó a ratos. Genial a veces, en algunos momentos se perdió con canciones que todavía no conocía y a él no se le notaba muy cómodo. Aún así, lo recordaré como algo muy bueno.

**Si no nos suena ningún nombre de los que pongo aquí, ya tardáis en bajaros música o pedirme o compraros algún disco**

Sin título

Sin título

Decía un profesor mío, citando a alguien, que para escribir una página había que haber leído mil antes. A mí me hubiera encantado ser escritor, pero cada vez lo veo más lejos. Es muy difícil. No soy el primero que se ha echado para atrás cuando ha visto que la cuesta se empinaba cada vez más hasta que acabamos deslizándonos al punto de partida y olvidando que intentamos subir.

Esa frase es totalmente acertada para la literatura y para la música también. No sé hasta qué punto un pintor necesita estudiar las técnicas de otros sin llegar a viciarse y perder el lugar propio de la aportación personal original. Con el cine pasa algo distinto, y es que el resultado final depende de muchos factores que no siempre están en relación con la creatividad. En el resto no me voy a meter.

Con la música ocurre algo muy parecido a lo de la literatura. Hay que escuchar música, pero no sólo la cantidad es importante. El compositor tiene que discernir lo bueno de lo malo, y saber caminar entre el virtuosismo y la imitación sin caer en ninguna de las dos. Como en el cine, también influyen muchas cosas, aunque sí más relacionadas con el proceso creativo en sí: el instrumento, la idea que uno tiene en la cabeza, la simplicidad, si está acompañado de una letra...

Yo no he compuesto una buena canción en la vida. Todo lo que escribí no fue más lejos que del cajón en el que sigue y la inquietud se perdió en medio de la bruma que todavía no he conseguido disipar. Prefiero seguir escuchando a otros y mantenerme a la espera de que algo vuelva a despertar el ansia. Y quizás este sea mi error.

**Originalmente, este artículo era mucho más largo y más elaborado. En el momento de darle a publicar, se perdió la conexión y lo que había escrito. Esto me pasa por haberlo hecho directamente sobre la caja de Blogia. Estoy cabreado. Y mucho. Es una tontería, pero creo que por una vez en un puto siglo había conseguido pensar en algo que no fueran tetas y culos, me pongo a escribirlo y se pierde en el camino que recorren las ondas entre el salón de mi casa y la habitación. Debería pasarle la lengua al pasillo, a ver si así recupero alguna idea y me encuentro alguna nueva. Lo más grave que me puede pasar es que me trague una mota de polvo, un mechón de pelo o que me salgan sarpullidos**

Preferiría estar en Tokio y escuchar a Thin Lizzy

Preferiría estar en Tokio y escuchar a Thin Lizzy

Prefiero no salir por sitios donde la policía vigila, prefiero ir a sitios donde no hay guardias de seguridad, ni siquiera esos guardias que sacan a gente que roba bolsos dentro. También prefiero los sitios donde no tienes que bailar a la fuerza porque la gente que te estruja necesita pasar para pedirse otra ración de garrafón. Por supuesto, todo esto me escuece más si antes he tenido que esperar una hora de cola bajo la lluvia. Ahora puedo ponerme cualquier canción, pero la mala sensación de tirar noches de fiesta por el retrete no me la quita nadie. Sin duda alguna, que nadie me quite una Mahou fría donde siempre. O ver de nuevo Forrest Gump y disfrutar todavía más que la primera vez.

Vengo de Cats. Son las cinco ya pasadas y no voy borracho. A la que volvía a mi casa andando he visto ambulancias, gente corriendo, otros pegándose y policías en manada esperando a la puerta de un par de discotecas. Dirán de Bilbao o de Malasaña, pero esas cosas no pasan allí. Y ojalá no pase nunca.

No apetece

No apetece

Me expongo a celos, envidias, que me tachéis de vago y de chulo, por además contarlo. Hoy no he hecho nada. No me apetecía. No he ido a clase por la mañana y tampoco por la tarde. Y no tengo un gramo de remordimiento de conciencia. De hecho, hasta me siento bien por haberlo hecho. Por haber hecho nada. Iba a haber ido a clase, lo juro. Me he levantado a las nueve y media, creo. Tenía que comprarme un libro para la universidad antes de ir, pero me he acabado entreteniendo mirando más libros y comprando un disco. He ido de autobús en autobús dando vueltas por Madrid y leyendo. Una caña allí, otra allá, comer en el Vips y olvidarme de todo lo que no me apetece hacer en esta vida. Por la tarde, me he tumbado en la cama a escuchar el disco, comer gominolas y ver Heroes. Ahora me voy a tomar una cerveza. Luego me meteré en la cama y espero seguir con la conciencia tranquila. A veces me pregunto cómo podrá cerrar los ojos un asesino por la noche sin que le coman los párpados los remordimientos. Hoy debería hacerme a la idea si consigo meterme en la cama a dormir directamente, sin leer, jugar a la Playstation o escuchar música antes.

Chinese Translation, M. Ward

<i>Chinese Translation</i>, M. Ward

Sé que últimamente mis posts son lo de más soso que se puede echar uno a la cara. No lo niego. De hecho, creo que mis días de Dougie Houser en la red se están acabando. Quién sabe, a lo mejor mañana me da por volver a actualizar a diario, pero me da a mí, que soy el que escribe, que no.

De momento, os dejo con una canción de esas redondas. El sábado mi hermano se pilló un disco de un tío que se llama M. Ward, aunque esta canción ya la habíamos escuchado en un CD de una revista. Desde la primera vez que la escuchas, sabes que es de lo mejor que vas a llevarte al oído en años. Deberíais ver el videoclip si os gusta la animación.

I sailed a wild, wild sea
climbed up a tall, tall mountain
I met a old, old man
beneath a weeping willow tree
He said now if you got some questions
go and lay them at my feet
but my time here is brief
so you'll have to pick just three

And I said
What do you do with the pieces of a broken heart
and how can a man like me remain in the light
and if life is really as short as they say
then why is the night so long
and then the sun went down
and he sang for me this song

See I once was a young fool like you
afraid to do the things
that I knew I had to do
So I played an escapade just like you
I played an escapade just like you
I sailed a wild, wild sea
climbed up a tall, tall mountain
I met an old, old man
he sat beneath a sapling tree
He said now if you got some questions
go and lay them at my feet
but my time here is brief
so you'll have to pick just three

And I said
What do you do with the pieces of a broken heart
and how can a man like me remain in the light
and if life is really as short as they say
then why is the night so long
and then the sun went down
and he played for me this song

Fecha caducada

Fecha caducada

Tengo gran parte de mis discos totalmente olvidados, descuidados y/o perdidos. Quería escuchar algo de Los Piratas, pero no he encontrado el Manual para los fieles en su caja, uno de los mejores discos que se hicieron en España en los años 90. Si me preguntasen por mi canción preferida, diría que Tan fácil, pero luego me lo pensaría y diría que M, para después cambiar y decir que Fecha caducada. No sabría decir una de ese disco -ni de los anteriores-.

Qué buenos eran. Recuerdo que al primer concierto al que fui fue de Calamaro, en el Parque de Atracciones. El segundo, de Los Piratas. En La Riviera, un viernes 16 de abril de no me acuerdo qué año -creo que hace ocho años-, con Los Lombardis de teloneros y por 1.600 pelas. Lo recuerdo porque todavía guardo la entrada, junto con otras más recientes, la foto de mi graduación y otras de conciertos míos con mi segundo grupo -no me reconozco en algunas-. Hacía mucho que no habría ese sobre. Aunque hasta hace poco he guardado ahí las entradas de todos los conciertos a los que he ido, no había vuelto a mirar todos los pases y las imágenes que había dentro. Lejos del sentimentalismo, me han recordado a tiempos pasados que creía mejores, pero ahora no son sino peores o, en el mejor de los casos, indistintos.

Desde que trabajo los fines de semana, me he perdido unos cuantos. Me muerdo las uñas por no haber ido a ver a los Drive-by Truckers, Marah, algún día más a Quique González, algún concierto amigos... Y no quedan entradas para Iván Ferreiro mañana. Todavía peor, el uno de diciembre toca Jeff Tweedy en Madrid y creo que me lo voy a perder. Lo peor no poder ir a un concierto es saber que hay alguien conocido que está en él mientras tú trabajas o estás en casa sobándote el falo. Más jodido aún es hacerte ilusiones con ir a un concierto y que no haya entradas, sobre todo, con grupos no españoles que paran en Madrid cuando tienen tiempo entre avión y avión.

Recomendación cinematográfica

Anoche estuve viendo Infiltrados. Hacía mucho que no veía una película de principio a fin. Debería hacerlo más a menudo, al menos, con películas que la gente me diga que no están mal. Todo el mundo me había hablado muy bien de esta y no me ha defraudado. Generalmente, cuando alguien te cuenta maravillas de algo, acaba decepcionándote. Esta vez no me ha pasado. Ya sabéis, si tenéis con quién ir, gastaros la pasta en ver Infiltrados. El reparto es tremendo y la actuación son tremendos.

Intentaría hacer un post más largo poniendo un video de Youtube, pero no me gusta nada la moda que tenéis todos de colgar cosillas de esas. Generalmente, no las veo. Internet me va a pedales y pierdo la paciencia mientras se cargan. Por eso, yo tampoco lo voy a hacer. Aunque, como hoy, no tenga nada que contar. Disfrutad el día.

**He querido ponerle una foto al post, pero alguien se ha sentado delante del router del salón y la señal de radio no le llega al receptor de mi habitación. Conclusión: no se carga ninguna página y tengo que publicar rápido, antes de que esto se vaya a la mierda**

El hombre que formó una montaña de mocos a sus pies

Esta mañana he estado con el hombre que formó una montaña de mocos a sus pies. Es horrible e incómodo, aunque es posible que lo haga para que me centre en mirar al frente y no desviarme del carril. Al menos hoy no me ha tenido dos horas escuchando Rockservatorio mientras me habla de lo mala que es la COPE. Ya he vuelto de la clase de conducir y me empiezo a quedar dormido. Me he puesto música para intentar tapar los gritos de la cama, que me pide que me tumbe y no me levante hasta la hora de comer. Como tengo que intentar no meterme en la cama, me he puesto a escribir algo aquí, pero creo que no funciona. Que os vaya bien.

Los domingos no son un buen día para hacer cosas útiles

Los domingos no son un buen día para hacer cosas útiles

Esta mañana me he sentado delante del ordenador para hacer unas cosas que tengo que entregar mañana en clase y no me ha salido nada. Está claro que los domingos son el día de no hacer nada. De tirarse el día viendo películas en el ordenador y hacer visitas a la nevera con una periodicidad de dos horas. Debería ser el día del soma. Cada vez que te entren ganas de levantarte, te tomas una pastillita que te siga teniendo anestesiado en la cama. Ni sientes ni padeces. Apagas el teléfono y descuelgas el de casa. Sólo necesitas tener el disco duro lleno de películas o de música y hacerte fuerte en la cama. Qué pena que yo no lo haga, aunque algunos de los que me leéis tampoco podéis. Menos mal que mañana ya no tengo que ir a trabajar. Iré a clase a seguir haciendo trabajos estúpidos e inútiles, y me volveré a casa. Cada día estoy más convencido de que mi carrera no sirve para nada. Menos mal que no es ni una décima parte de mi vida. Ni siquiera una centésima, aunque se lleve una gran parte del dinero de mi padre.

Creo que me voy a hacer la comida. Mi hermano se compró ayer Okonokos, el disco en directo de My Morning Jacket. Son todavía más duros en concierto que en los discos. A mí me hubiera gustado comprarme el DVD, pero no creo que vaya a salir en España. Seguid cuidando vuestra existencia.

 

Atención: post rutinario, sin cabeza y sin historia

Esta mañana había intentado escribir algo, pero Blogia ha empezado a hacer extraños y he tenido que reiniciar el ordenador. En fin, otro post que se va al limbo. Hacía mucho que no publicaba nada, pero no que no estuviera escribiendo. He hecho algo sobre más con el artículo sobre la música americana y otro más sobre el negocio de la música. No creo que los cuelgue aquí, son demasiado largos y estoy convencido que nadie se los leería.

Para los que les interese o no lo sepan, mi vida sigue yendo igual, salvo por las ganas que me entran de romperle los dientes a cierto personaje que me jode los fines de semana y del cual no voy a hablar más. Los charlatanes me sacan de quicio. De momento, creo que me voy a dar una vuelta para despejarme. No sé qué más contaros. A ver si esta noche vuelvo con algo más de inspiración y os cuento.

**Ahora que muchos de los que conozco estáis jodidos, tristes y añorando un pasado mejor o llorando por lo negro que está el futuro, os recomiendo que os dejéis de post sentimentaloides y empecéis a disfrutar del presente, carajo. Hoy el abrazo es sólo para vosotros** 

Reflexión sobre Springsteen y otros más

Reflexión sobre Springsteen y otros más

Incluso teniendo la nariz taponada por el resfriado me estaba llegando el olor a barro y mierda de Las Ventas, donde tantos toros han muerto en honor al espectáculo. Bruce Springsteen era quien iba a lidiar esa noche y la faena le salió bastante bien. Su último disco, We Shall Overcome: The Seeger Sessions, es una revisión de las canciones de una de las patas de la mesa del folk americano: Pete Seeger. Dicen que el ‘Boss' siempre quiso grabar estos himnos, sobre todo, a partir de que en 1998 registrase We Shall Overcome, pero también hay quien cree que su apoyo a John Kerry en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2004 bajó el número de ventas de sus discos, sobre todo de Devils and Dust, en los estados del sur. Así, con este nuevo álbum, querría ajustar cuentas y recuperar el terreno perdido. No soy muy fan de Bruce Springsteen, pero tengo que reconocer que debería ponerme las pilas con él. He escuchado Born To Run, algunos recopilatorios y canciones sueltas, pero nunca me había comprado un disco suyo. Su interpretación de las canciones de Pete Seeger merece realmente la pena: una marabunta de instrumentos sonando a la vez, coros de taberna, guitarras acústicas pulidas por el polvo... Una gran recreación, sin duda alguna.

Qué tendrá Estados Unidos, que a todo el mundo ahora nos ha dado por escuchar parte de su universo musical -el contenido total debe ser, cuando menos, inabarcable-. A muchas discográficas les da ahora por lanzar recopilatorios en España, cuando en los noventa -década en la que surgen muchos grupos que reivindican el legado de la tradición americana-, la industria nos regaba con pop británico e ignoraba el circuito del otro lado del charco. No sólo eso, sino que ahora, muchos grupos han tirado por esta vertiente y claman por la influencia que les ha causado escuchar a Drive-by Truckers, Wilco, The Jayhawks... Johny Cifuentes, teclista, cantante y lo único que queda de Burning, es fan acérrimo de Lucinda Williams y canta con Quique González canciones suyas cuando llevan mucho alcohol en el cuerpo. Los Deltonos suenan demasiado  como los Drive-by Truckers. Incluso Mikel Erentxun y Bunbury reconocen que lo más de lo más y lo mejor de lo mejor está en Estados Unidos ahora mismo. No hay que olvidar que Los Secretos, en los años 80, hicieron de Continuará -su mejor trabajo- una oda al rock y al country americano de todos los tiempos.

Volviendo al panorana internacional, este mismo año, Van Morrison ha editado Pay The Devil, un disco en el que ofrece su particular visión de canciones country. Añade temas suyos que no desentonan para nada en el bloque. La versión especial trae un DVD que es una delicia. Johnny Cash siguió un proceso a la inversa. En sus últimos discos, la serie de American Recordings, recrea canciones de su niñez, pero también tiene momentos para temas actuales. No podemos pasar por encima Hurt, la canción de los Nine Inch Nails, que alcanza su cenit con el videoclip, una auténtica obra maestra de tres minutos y medio. Son buenas maneras de acercarse al cancionero popular norteamericano, aunque yo me decanto por dos discos desconocidos para mucha gente. Dos auténticas joyas con forma de CD -en mi caso-, a las que muchos que estuvieron ayer en el concierto de Bruce Springsteen no se acercarían.

A finales de los 90, Nora Guthrie, hija del cantautor izquierdista Woody -adorado por Bob Dylan-, se puso en contacto con el trovador británico Billy Bragg para enseñarle letras de canciones que su padre dejó escritas pero nunca grabó -cuentan que Norah estaba en la ruina y rescató los papeles para salvar la situación-. Así, en 1998, Bragg recluta a Wilco y juntos -con la colaboración de Natalie Merchant en un par de temas- graban el primer volumen de Mermaid Avenue. El mérito del disco es doble. Al no existir grabaciones anteriores de los temas, la banda por entonces casi desconocida y el cantautor izquierdista del siglo XX, superaron el reto de ser fieles a un estilo de música determinado y darle un pequeño toque de modernidad. Dos años más tarde, grababan la segunda parte y el resultado fue todavía mejor. Lejos de recrear sonidos antiguos -que también- llevan las viejas letras por senderos de un rock reivindicativo y duro, otras veces se dejan caer por la dulzura pop y en otras ocasiones reavivan el viejo espíritu tabernario.

No me quiero olvidar de alguien que sigue dando lecciones cada vez que graba algo. Bob Dylan se ha vuelto a superar con Modern Times. "¿Para qué revivir a los que ya apenas dicen nada si yo puedo hacerlo mejor?". Es lo que debe pensar Robert Allen, quien demuestra que sabe de música de su país como pocos en el mundo. Su último disco es un derroche de poesía y de blues, en la línea de Love And Theft, el anterior. A Bob Dylan, todas estas recreaciones de las canciones de Pete Seeger y Woody Guthrie le tienen que hacer gracia... O no tanta.

A principios de los años 60, Dylan estuvo a punto de hacerse con las letras de Guthrie que Billy Bragg y Wilco grabaron. En el primer volumen de su biografía, narra como el hombre de la guitarra que mataba fascistas, en su lecho de muerte, le ofreció poner música a las letras que tenía guardadas en maletas en su casa de Brooklyn, en Mermaid Avenue. Dylan cuenta cómo llego calado hasta las rodillas y pelado de frío a su casa, pero ni uno de los hijos de Woody, Arlo, ni la asistenta de la casa, sabían nada acerca de una maleta llena de canciones que estaba en el sótano. Se marchó con las manos vacías y esas letras no fueron musicadas hasta 1998. "Esos intérpretes probablemente ni siquiera habían nacido cuando yo hice ese viaje a Brooklyn", recuerda Dylan en Chronicles. Evidentemente, él las quería para sí y tenía el consentimiento de su autor, pero nunca las reclamó.

Sick again

Sick again

Ha sido llegar el otoño, un pedo pequeño de viento con unas gotitas de lluvia, y ponerme malo. Y ya van unas cuantas veces este año. Diría que unas 8 semanas en total las he pasado con fiebre, malestar o con el estómago del revés -no cuento resacas-. Esta noche me voy a ver a Bruce Springsteen. Espero que no llueva ni haga frío, porque puede ser mortal. De momento, el Dr. me ha dicho que me infle a antibióticos, paracetamol y acetilcisteína. Sé que muchos creéis que soy un puto adicto a las medicinas, pero yo paso de sentirme mal. Además, lo hago bajo la supervisión de mi hermano.

De momento, creo que me voy a tomar la mañana libre. Voy a terminar de hacer algunas cosas para clase, pero no voy a ir a la universidad. Ya me he puesto algo de música y la cama me está llamando a gritos. Tira de mí hacia ella. Es como si quisiera mambo... pero voy a aguantarme. Unas recomendaciones. Hay que escuchar Blue Boy, de Ron Sexsmith, y darse cuenta de lo mucho que le copia Quique González. Es un descaro. El último disco suyo de estudio, La noche americana, es este hombre cantando como Ron Sexsmith y sonando como el Car Wheels On A Gravel Road -ya os  hablé de este disco hace un par de posts-.

Bueno, mis sufridos lectores, creo que es el momento de cerrar esta entrada sin historia y completamente rutinaria.

All systems go

All systems go

Hoy me he tenido que poner serio con mi ordenador. De vez en cuando le da un pequeño achaque que hace que se tenga que apagar cada 15 minutos o menos, si estoy a pleno rendimiento con él. Era realmente frustrante estar haciendo un trabajo para la universidad y que decidiera apagarse, o echarse una siesta en el momento en el que tú lo usabas para ver una película. Hoy me he plantado y le he abierto las tripas. Lo he limpiado un poco y he pegado una cosa que suele ser la que motiva sus 'pájaras'. Luego lo he encendido y qué ha pasado... Pues que el bendito de él y los cafres de Telefónica han decidido borrar los datos de mi conexión. Por lo tanto, he tenido que llamar al servicio de atención. Sí, ése que te cobra 0,60€ por minuto y que te ayuda, cuando te toca un buen técnico, a recuperar tu conexión inalámbrica de menos de un 1Mb cuando pagas 2. Muchos estaréis peor por no tener Internet en casa desde hace meses, pero yo lo estoy pagando y cada vez que tengo que llamar, me sacan un ojo de la cara y me ponen de los nervios. El caso es que al final he podido arreglar el ordenador y acabar uno de los trabajillos que tengo que hacer esta semana. Este era poca cosa... y el que me queda no es nada del otro jueves, así que mañana podré ver con calma al Madrid y el miércoles quedar...

Car Wheels On A Gravel Road, Lucinda Williams

Car Wheels On A Gravel Road, Lucinda Williams

Hay discos que, cuando los pones en el reproductor, suenan a madera. Otros llenan el aire de vapor de anfetaminas, los hay que lo inundan de humo opiáceo y también están los que echan polvo, gasolina y grava. Car wheels on a gravel road es uno de ellos. Lucinda Williams estruja el tarro de las esencias del sonido americano en este disco que ahora cumple ocho años. Mientras durante los noventa el mercado europeo estaba saturado de grupos británicos, en Estados Unidos salían artistas de debajo de las piedras –todavía hoy- que no cruzaban el charco. La chica del gorro vaquero con miedo a volar iniciaba su carrera en solitario a finales de los setenta con álbumes que la crítica califica modestamente –debe ser difícil conseguirlos-.

 

Tras la reedición de sus primeros discos, reclama su sitio con Sweet Old World, en 1992, pero desaparece hasta que seis años después hace esta obra maestra sobre la vida en Louisiana y Texas, sobre ángeles borrachos, promesas rotas y silencios que han de ser guardados. El disco mezcla guitarras eléctricas de doce cuerdas con armonías vocales cercanas a The Band –Right in Time-, mandolinas y slide tocados bajo la sombra de un acordeón –Concrete and Barbed Wire- y guiños a los Rolling en algunos riffs de guitarra –I Lost It-. Pero, por mucho que lo intento, no encuentro palabras para describir Greenville, un dueto con Emmylou Harris en el que cantan al oído de los peor parados de la historia. Letras sobre perdedores, lugares remotos de Estados Unidos, rabia contenida o desatada, borracheras que acaban mal y carretera. Mucha carretera, poco dinero, una guitarra y tanto whisky como polvo para tragar.

De vuelta, otra vez

De vuelta, otra vez

Ya he vuelto de Francia. Tenía ciertos prejuicios hacia el país y en cierta medida me los he quitado. Aunque a mí no me gusta comer tarde, por ejemplo, estos tíos comen, cenan y cierran bares y comercios demasiado pronto. En Nancy, a las ocho de la tarde,  hay menos animación que en el cementerio de la Almudena, mientras que Santiago de Compostela -permitid el desagravio comparativo- es la feria de Málaga a esa hora. Francia es Europa, y la vida del continente es muy distinta a la española. Digan lo que digan -y aunque a mí me gusten muchas cosas de la vida de nuestros vecinos- nunca seremos europeos. No es muy normal cogerse vacaciones en medio de octubre, pero a mí me ha tocado. No lo desprecio. De hecho, lo agradezco. Además de ver a mi hermana, estar con mis padres, leer, comer bien y visitar ciudades, he tenido tiempo para pensar en cosas que haría, pero que no voy a hacer por principios o ideas que al final no llevaré a materializar también por el principio de mi abulia española. Viendo que el presente no está del todo mal, me he permitido el lujo de pensar en meses vista y para actualizar esto un poco, que llevaba unas semanas un poco muerto. Debería escribir algo sobre algún buen disco que haya escuchado últimamente o sobre algún libro. En Nancy me compré el American Beauty de los Grateful Dead. En Madrid está por 16 euros y allí lo he conseguido por 8. También me he comprado un libro de historias cortas de Graham Greene. Ya os contaré, aunque mientras tanto deberíais prestarle atención a Garden Ruin, de Calexico.Bueno lectores, me retiro. Es tarde y estoy un poco cansado. Ya se me ocurrirán cosas que contaros.**No he descargado las fotos del viaje en el ordenador. De momento, os pongo una foto del sitio donde he estado esta misma mañana, hace tan sólo unas horas. Es lo peor de los viajes, el cambio tan fuerte en unas pocas horas**

Baby, you can't drive my car

Hoy he cogido por primera vez un coche. Ha sido un momento jodido. El profesor de la autoescuela me ha dado las llaves y me ha dicho que arrancara. Sin vaselina ni anestesia. He puesto el coche en marcha y nos hemos lanzado en medio de la jungla. He sufrido en mis carnes al gorilaje que tiene carnet de conducir: moteros que te pasan por todos sitios, buseros que se saltan semáforos, taxistas que se cruzan en tu camino a las bravas... Aunque yo no puedo decir que se me haya dado mucho mejor. He parado el coche cuando un semáforo estaba en verde, se me ha calado unas cuantas veces y seguro que me han pasado muchas cosas más de las que no me he dado cuenta.

Bueno, muchachada, me tengo que ir a clase. Muchos todavía no habéis empezado. Esta es mi cuarta semana de universidad y ya tenía que hacer un trabajo hoy. Venga, a cuidarse.

Mejor proveedor de galletas de 2005

Mejor proveedor de galletas de 2005

Estoy seguro de que si me pagasen por escribir en el blog, todos los días habría por lo menos un par de posts nuevos. Pero como no me pagan, escribo cuando puedo o cuando quiero, o si tengo algo interesante -o no- que contar, o cuando se puede entrar al blog. El lunes estuve intentando entrar durante una hora y media, y cuando ya había escrito algo y se iba a subir, se colgó Blogia. En la página en la que escribo el usuario y la contraseña, pone que fue el "Mejor proveedor de blogs de 2005". Y yo fui el máximo anotador del estado de Nueva York en la liga de institutos. Aviso, hoy no diré nada interesante, pero os anuncio que sigo vivo y que todo va más o menos bien. Pasadlo bien en la playa los que vayáis. Yo me quedo aquí.