Comenzando 2007
Casi todas las personas que conozco comienzan el año haciendo buenos propósitos y yendo al cine el uno de enero. Yo, que paso de las promesas que uno se hace, decidí comenzar el año 2007 con una buena resaca y limpiando el teclado del ordenador. Mirad ahora los vuestros. Seguro que están llenos de pelos pequeños, migas, manchas grasientas, pelusa, por no decir de la capa de negror que recubre todos y cada uno de los recovecos. Yo quería acabar de una vez por todas con toda la ponzoña que había ahí dentro, pero descubrí, como si se tratase de un caballo de Troya, que una vez abierto un teclado, la guerra iba a ser dura. Debajo de cada tecla hay una especie de gomita que oprime un circuito, quien envía la pertinente señal que sale en la pantalla. Contemos cuántas teclas hay. Ahora convirtámoslas en trocitos de goma verdes y decidamos tirarlas por el suelo de mi habitación. Lo que pasa al final es más previsible que una película porno: faltan algunas y hay que decidir con qué Ctrl. me quedo, si usaré alguna vez la tecla que abre el menú de inicio o si me quedaré de por vida sin usar la hache... También me faltaron algunos tornillos de los que unen las dos partes. El caso es que he tenido que comprar un teclado nuevo. Nada de buenos propósitos. Lo primero que he hecho nada más comenzar el año ha sido ocultar un crimen, tapar una chapuza. Si McGiver levantara la cabeza estaría poco orgulloso de mí. No así, por ejemplo, mi profesor de Tecnología en el colegio, quien sonreiría maliciosamente al ver que tendría razones para suspenderme de nuevo.
**Tranquilos, hoy mismo ya empiezo a estudiar y se me pasan todas estas gilipolleces**
Me expongo a celos, envidias, que me tachéis de vago y de chulo, por además contarlo. Hoy no he hecho nada. No me apetecía. No he ido a clase por la mañana y tampoco por la tarde. Y no tengo un gramo de remordimiento de conciencia. De hecho, hasta me siento bien por haberlo hecho. Por haber hecho nada. Iba a haber ido a clase, lo juro. Me he levantado a las nueve y media, creo. Tenía que comprarme un libro para la universidad antes de ir, pero me he acabado entreteniendo mirando más libros y comprando un disco. He ido de autobús en autobús dando vueltas por Madrid y leyendo. Una caña allí, otra allá, comer en el Vips y olvidarme de todo lo que no me apetece hacer en esta vida. Por la tarde, me he tumbado en la cama a escuchar el disco, comer gominolas y ver Heroes. Ahora me voy a tomar una cerveza. Luego me meteré en la cama y espero seguir con la conciencia tranquila. A veces me pregunto cómo podrá cerrar los ojos un asesino por la noche sin que le coman los párpados los remordimientos. Hoy debería hacerme a la idea si consigo meterme en la cama a dormir directamente, sin leer, jugar a la Playstation o escuchar música antes.