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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

The Grand Archives vs Band Of Horses

The Grand Archives vs Band Of Horses

 

Marzo de 2006. Una de las bandas más prometedoras del indie-rock americano saca su primer larga duración con Sub Pop, cerrando así una etapa de giras agotadoras por un bocadillo y cerveza, y perfilándose como una de las apuestas sobre seguro para el futuro. Todo parece perfecto, cualquiera de nosotros firmaba eso ahora mismo, pero para Mat Brooke no es suficiente. La bicefalia de Band Of Horses se hace insostenible y, recién estrenado Everything All The Time, Ben Bridwell se queda solo defendiendo las canciones. No sólo lo consigue, sino que consolida el nombre de la banda de caballos y saca un segundo disco, ciertamente menor.

 ¿Qué fue del otro? El jinete Matt Brooke cabalga dos años después con Grand Archives, una versión mejorada, todavía más luminosa y pegadiza que su primera parada en Sub Pop. Al cóctel de guitarras bañadas en efectos dispersantes –ecos, trémolo, chorus…- se le añaden estribillos más magnéticos y se retuercen las melodías un grado más.

 Hasta ahora, no hemos aportado nada nuevo, nada que no supiéramos de ambas bandas –recordemos, Band Of Horses y Grand Archives-. La ventaja de una con respecto a la otra es evidente. Brooke tiene por delante el reto de no pifiar la reválida. El disco de los Grand Archives ha salido este año y destaca por su propio peso entre la superpoblada música independiente americana. Es, como el primero de Band Of Horses, una maravilla. Sin embargo, los de Ben Bridwell suspendieron la segunda convocatoria estrepitosamente. Después de Everything All The Time, Cease To Begin (2007) es como comer un sandwich de segundo plato después de una suculenta ración de jamón ibérico.

 Referencias y enlaces

 -         Everything All The Time, Band Of Horses, 2006. Sub Pop

-         Cease To Begin, Band Of Horses, 2007. Sub Pop

-         Grand Archives, The Grand Archives. 2008. Sub Pop

www.bandofhorses.com

www.myspace.com/grandarchives

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La marcha atrás

La marcha atrás

Andar marcha atrás es algo que no se conocía hasta que a alguien se le ocurrió meter una marcha distinta en las cajas de cambios de los coches, con las consiguientes modificaciones técnicas que necesitase. No sé a quién se le ocurrió, pero fue un genio, aunque a veces rasque la palanca con un ruido más desagradable que el que haría Bukowski desencallando una flema del fondo de su garganta –permitid el culturetismo-.

 La marcha atrás también se emplea en el follar. Se intenta cuando uno quiere durar más, o cuando se hace sin preservativo y no se quiere dejar como la Capilla Sixtina la cavidad corporal elegida para la penetracíón.

 Yo empleo el término en la música. Por ejemplo, hay discos que te parecen muy buenos nada más escucharlos y, con el tiempo, pierden peso, no son para tanto. Ejemplo: Street Legal, de Dylan, o Neon Bible, de Arcade Fire. También hay macha atrás con los que empiezan bien, pero acaban deprisa, corriendo y mal. Para aclarar, Tatoo You, de los Stones; Gold, de Ryan Adams, o Desceded Like Vultures, de Rogue Wave. 

 Hay otra marcha atrás. Un día recibes una llamada que llevabas un año esperando pensando que te cambiaría la vida, pero al final te deja igual que estás. Jode mucho, de verdad.

 Por eso me he puesto nada más llegar a casa –y más tarde de lo habitual, para no variar- un disco que suena como un descapotable en el desierto de Nevada: Fading Trails, de Magnolia Electric Co. Un día tendría que hacer un post retrospectivo sobre Jason Molina, uno de esos cantantes que, se meta donde se meta o lo haga con quien lo haga, siempre saca algo fabuloso.

Recomendaciones musicales mientras se me ocurre algo más interesante que contar

Recomendaciones musicales mientras se me ocurre algo más interesante que contar

- The Golden Age, American Music Club. Un disco frac. Elegante como el A Ghost Is Born de Wilco, pegadizo y tranquilo como el Country Mouse, City House de Josh Rouse. No podrás dejar de escuchar una y otra vez All The Lost Souls Welcome You To San Francisco o Windows Of The World. Como dijo el camello de la plaza Guardia de Corps: "Un disco imperial".

- Person Pitch, Panda Bear. ¿Qué es? ¿Un revival del Pet Sounds todavía más pasado de rosca? ¿Un timo? ¿Se habrán equivocado esta vez los de Pitchforkmedia? Sólo dale paciencia.

- Viva Last Blues, Palace Music. En lo único en que coincidimos los que lo conocemos, yo muy poco, es que Will Oldham es el tipo más feo de la tierra. Que sí, que hace muy buenas canciones, que es un genio, pero a veces también es como tomarse un orfidal nada más despertar.

Hay vida tras The Jayhawks

Hay vida tras The Jayhawks

 

Con apenas unos meses de diferencia, Mark Olson y Gary Louris han sacado sendos discos a la altura de lo mejor que han podido hacer nunca. No hay punto de comparación con nada de The Jayhawks, aunque ambos se siguen moviendo en las coordenadas del rock americano de cantautor.

 Tras Rainy Day Music, la banda con nombre de equipo de la liga americana de baloncesto universitario se separa. Mark Olson ya se había bajado del barco mucho antes, una vez facturados Tomorrow The Green Grass y Hollywood Town Hall. Su rastro se pierde en las aventuras musicales con su ex mujer, Victoria Williams. Gary Louris toma las riendas como compositor y voz principal, pero sólo alcanza su mejor versión con el último disco.

La ruptura es completa en 2003, tras un concierto en Valencia. Rainy Day Music es como darse cuenta de que sólo hay desierto por delante cuando se acaba el agua de la cantimplora. Sólo queda esperar a que se decidan a romper su silencio y publicar por separado. Sorprendentemente, el primero que se lanza a ello es Tim O’Reagan, batería desde 1995. En 2006 saca disco con Lost Highway Records. Hay apariciones de sus ex compañeros de carretera, quienes, a todo esto, se entretenían con proyectos paralelos. Louris, ya lo hacía cuando estaba con The Jayhawks, graba cosas con Jeff Tweedy y otros en Golden Smog.

 A Olson parece no irle tan bien. Divorcio en febrero de 2006. Es el momento de volver a coger la guitarra. Él y Louris liman viejas asperezas. Llegan a hacer algún concierto juntos, pero no salta la chispa adecuada. Así que, tira por el camino del centro. Disco al canto.

 Salvation Blues llega a finales de 2007, resultado de dos años de duro trabajo con la música como terapia para superar la depresión. “A two-year journey through the heart of loss and redemption”, según él mismo. Quien espera encontrar los guitarrazos fuzz de Louris se topará con su voz y una nueva pizca de las armonías vocales más hiperestésicas que han nacido en América. Las canciones de Olson se sostienen por sí mismas, a medio camino entre el country y el nuevo folk de The Felice Brothers.

 En febrero de 2008, Gary Louris se descuelga con Vagabonds, su primera entrega en solitario. Un disco sorprendente, envuelto en una atmósfera más pesada –I wanna get high-, grabando con coros femeninos –We’ll get by- y guitarras bastante más afiladas –Omaha nights. Es Chris Robinson, el histriónico cantante de los renacidos Black Crows, quien se encarga de la producción. Algunos ilustres personajes se acercan a aportar su granito de arena, pero ninguno de estos vagabundos es Mark Olson.

 Discografía recomendada

 -         The Jayhawks: Tomorrow The Green Grass, Hollywood Town Hall, Rainy Day Music.

-         Golden Smog: Weird Tales.

-         Mark Olson: Salvation Blues.

-         Gary Louris: Vagabonds

No somos nadie

No somos nadie

Intento no volver a pensar en que un día quise ser escritor. Sí suelo recordarme sentado en el patio de El Escorial con una máquina de escribir que le pedí prestada a mi tía. Tarde de verano fumando a escondidas, tecleando y tecleando hasta terminar una historia en horitas. Luego la olvidaba.

Es como masturbarse. Pasas un rato haciendo algo, hasta que termina y lo olvidas, pues no puedes retomarlo nada más quedar satisfecho. Sólo otro día, cuando te vuelve funcionar la imaginación, que a saber cuándo, te sientas a exprimir otras teclas.

Me fascina el siglo XXI. Con un blog, cualquiera puede ser leído en cualquier parte del mundo. Un comentario ácido, una palabra más alta que otra, un insulto indebido a quien no lo merece, cualquier cosa, tiene su repercusión. Pero, ¿qué fue de las ideas? El torrente de cagallones mentales tapa la brillantez de muy pocos. Me fijo en la música. Myspace es una casa de putas feas sin clientes.

Hace un par de siglos, quizás un poco más, pasaría lo mismo. Desde el siglo XVIII, la cantidad de libros publicados creció de manera espectacular. Los que manejaban la cultura se vieron desbordados por este incremento y porque cambió el significado de la palabra. Demasiados autores, demasiados libros, demasiadas obras, y mucha gente con cada vez más dinero para comprar y tiempo para leer, hasta sobrepasar la línea de lo que abarca el ser humano.

Ha llegado la situación a tal extremo que Internet sólo es un placebo para las aspiraciones frustradas de gente que busca un anticuado reconocimiento. Sí, puedes colgar tus dibujos, tus relatos, tus canciones, o lo que quieras. Tienes tu espacio, estás a la vista de todos hasta que caiga la última bomba. Pero no eres nadie. ¿Y cuándo volverá a haber alguien?

Esto es… Prin lala: un timo

Esto es… Prin lala: un timo

Llegó a través de las manos de mi hermano, un broker a medio camino entre la oferta de Rockdeluxe y Uncut que, como yo, se la suele pegar más de una vez con sus inversiones.

 Prin Lalá es lo último que he escuchado. Un timo, vaya, para gente que se lo compra/descarga por moderno/alternativo, raro. Nadie se tomó en serio en su día a Miliki o Emilio Aragón. Es decir, es música para niños, igual que los payasos de la tele o cuidado con Paloma, que le han dicho que me la coma -¿era así no? Prin la la tiene que ser tratado como eso, no como algo exquisito que sólo mentes privilegiadas, los que buscan en los cubos de basura de las redacciones de Rockdeluxe o Mondosonoro, pueden apreciar.

 Ni siquiera la pretenciosa careta musical de algunas canciones –“Con gotas de limón”- salva un disco hecho con regusto precocinado para tontos, para piterpanes con ínfulas de sofisticados, para niños sin testiculina pero con pelo en las pelotas.

Todas las almas perdidas te dan la bienvenida a San Francisco

Todas las almas perdidas te dan la bienvenida a San Francisco

La lista de discos y canciones de 2007 se perdió, como se perdieron una gran cantidad de posts que quise escribir y no pude. Pero la música siempre es un buen argumento para volver a teclear y para dejar cada vez más claro lo lejos que nos encontramos de los músicos de verdad. Por eso puñeteo sobre las teclas. ¿Creéis que estaría ahora mismo así si tuviera la certeza de que me podría ganar la vida con una guitarra colgada? Tampoco creo que vaya a ganar mucho con el blog. No da pasta, pero al menos no me la quita.  

 Una buena excusa para actualizarlo es hablar de música. El martes me compré un disco de American Music Club. Sólo por el título, tendría que haberlos descubierto hace años, pero no me había lanzado a por nada suyo. The Golden Age es un gloria bendita. Como unos Wilco superelegantes y más sobrios. No podéis dejar de oír All The Lost Souls Welcome You To San Francisco, una canción que solo por el título ya te dice algo que no te dicen las demás. Vulgariza el resto de cosas que puedes escuchar en una vida.

 Tampoco puedo dejar de escuchar a Neko Case. Uno de mis posts perdidos –como las canciones de Calamaro- iba a ser un top ten con las mujeres más guapas de la historia del rock. No puede faltar Neko, una dama canadiense de pelo rojo y voz de hielo –o lo que sea-. Un bellezón de mujer capaz de hacer discos como catedrales. Si tenéis tiempo, pararos un rato con Fox Confesor Brings The Flood.

 Seguirá actualización.

Jazz en el taxi

Jazz en el taxi

A uno no le apetece mucho hacer nada cuando vuelve después de un día de trabajo en el que tu jefe ha adivinado las cartas que llevas sin haberlas mirado siquiera. No tenía muchas ganas de cenar, así que he abierto media chapata –de las que hacen herida en el paladar al morder- y le he metido queso de burgos, pimientos rojos y beicon bien frito. El pan rezumaba la grasa de la carne mezclada con el aceite de la sartén y, si no me falla el GPS, todo se está juntando felizmente en algún punto entre mi boca y mi ano, a la espera de que el café matutino les dé salida en forma de bonitos copos de mierda.

 Por desgracia, en el último año he tenido que coger más taxis de los que nunca hubiera deseado. No me gusta ir en coches de pago. Prefiero conducir o coger el autobús, pero bendito atasco el del martes. Llegaba tarde a mi cita con pizzawoman –a.k.a. Mi fan número uno- y cacé uno en la Glorieta de Bilbao. Tardé dos semáforos en darme cuenta de que iba escuchando jazz.

 Sí, jazz. Considero el jazz música de snobs a los que les encanta decir “a mí me gusta el jazz”, salvo personas mayores de 40 –ya saben, mis estereotipos y yo-. A mí no me apasiona, pero escucharlo en un taxi abrió una inmensa grieta, o un pequeño agujero, según se mire, en mi concepción de la raza peseto. Los creía insalvables. Siempre me he cruzado con porreros, borrachos, imprudentes, coperos, sereros, del Madrid, del Atleti, de la Virgen, de los Maiden o del Bustamante. Al bajar, le dije al taxista que vaya gustazo de viaje y le dejé propina.

Mosca muerta. Un problema menos

Mosca muerta. Un problema menos

Está claro que mi habitación sólo ha concedido cédula de habitabilidad a un alma viviente, y es la mía. Ahora que el otro socio mayoritario del agujero en la pared se ha marchado hasta no se sabe cuándo, soy el único con permiso, y  me jode que entre la maldita mosca que está rondando la lámpara y la pantalla del ordenador. Es del tamaño de un puño, negra como los cojones de un grillo e igual de asquerosa que un escupitajo de marinero.

 Vuelvo a la blogosfera de mala leche. Tengo ganas de aplastar a ese maldito insecto. Se pavonea delante de mí, como todas esas tías del autobús, y luego aparca el bullas lejos.

 La he cazado. Apuntadlo en mi cuenta, al lado de la línea que dice “escéptico sobre la responsabilidad de la actividad humana en el supuesto cambio climático”. Por ejemplo: “mata-moscas: un día mató a una”.

Por cortesía de la NASA, Ryan Adams

Por cortesía de la NASA, Ryan Adams

Desconozco si hay alguna empresa del entramado musical en la América profunda que se llame NASA. Si no existe tal, Ryan Adams es el tío más cachondo y con más ego del orbe que gravita entre cuatro acordes. Acabo de poner Heartbreaker por enésima vez, pero con este disco, como con las buenas películas o los libros que nunca releemos, ocurre que descubres algo nuevo cada vez que te vuelves a acercar a él.

 Ryan Adams appears courtesy of NASA. Será cachondo, el tío. Hizo un gran disco, lo sabía. Música de lo más humana que parecía venir de otro planeta, de ése que flota en cada uno, aquél en el que nos sumergimos para dejar desterrada la tristeza antes de volver a la Tierra. Heartbreaker fue hecho en otro cuerpo celeste invisible a los ojos, al que sólo se accede por oído. Estremece, encoge el diafragma, deja sin respiración y el aire sale por los poros que erizan el vello de los pelos.

 Trato de acercarme a una descripción objetiva de lo que se siente cuando su voz se esconde en la guitarra y Emmylou Harris pide llorando que algún día la lleves a casa. Esta búsqueda de significado tiene que ser, forzosamente, objetiva. No puedo ser el único loco que siente frío cuando suena Oh My Sweet Carolina. Tampoco creo que esté extraviado por pensar que es una genialidad escuchar los dedos golpear la guitarra en Call Me On Your Way Back Home. Ni pienso que soy el único raro al que se le cierran los puños cuando llega Come Pick Me Up.

 Venga de otro planeta, o de Carolina del Norte, Ryan Adams ha hecho en catorce años algunos de los discos que más brillan en mi estantería. Siempre están ahí, como estrellas tristes que no dejan de alumbrar entre la oscuridad, aunque sean reflejo de las depresiones que alguna vez te atraparon. Aunque ninguno de ellos llena tanto el vacío como Heartbreaker.

 **Feliz 2008 a todos. Sigo trabajando en la lista de los mejores discos de 2007. Espero completarla pronto, pero no es cosa fácil. Mi pereza puede con todo**

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Your belly in my arms, The Felice Brothers

<i>Your belly in my arms</i>, The Felice Brothers

Las resacas son un castigo verdaderamente injusto y desproporcionado. No merecemos pagar tanto por tomar gin tonic, vino, cerveza y cava. Pero hay días que empiezan fatal y acaban no tan mal. Si le quito la parte negativa, salir a las doce y pico después de trabajar lo mismo, no está tan mal la jornada. No me he cruzado con ningún control de alcoholemia, he aparcado a la primera vuelta al lado de mi casa, pongo un buen disco suavecito y me voy a cenar.

 Ahora me viene a la cabeza. Tiré la última en el baño, sin que nadie me viera. Cometí ese pecado capital de la noche, pero quién no lo ha hecho alguna vez. Y acabo de alcanzar un orgasmo: tu cintura en mis brazos.

We’d watch the shapes the rain would make falling down the window of our bus

I said they reminded me of paper ponies blowing free

You said they reminded you of us

 
Your belly in my arms. Tomorrow we’ll be through these rains and gone

 
Woke up with the driver crying
Birmingham

Looked through the glass and found the morning sky

I said that cloud’s shaped like a burning man, you didn’t have the heart to tell me why

 
Your belly in my arms. Tomorrow we’ll be through these clouds and gone

 
I put my hand inside your skirt and asked if you thought that our baby’s life would turn out this way

You said you wasn’t sure

But really you was too good to say it

 
Your belly in my arms. Tomorrow we’ll be through these rains and gone

Your belly in my arms. Tomorrow we’ll be through these gates and gone

Escapé, pero poco tiempo

Escapé, pero poco tiempo

He desaparecido unos días para ir a la sierra a tocarme las narices, ver nieve, pasar frío, comer como una bestia y pasarlo muy bien. Qué raro se me ha hecho cuando he vuelto, parecía domingo por la tarde y era miércoles por la mañana. Acabas la escapada, llegas a Nuevos Ministerios y te cruzas con gente que va a trabajar. Tú sólo piensas en descargar las fotos en el ordenador y en readaptarte para que el golpe con los semáforos no sea tan duro. Borro los mensajes basura de las cuentas de correo y me pongo al día. Pero es difícil volver a conectar. La aguja ha cogido polvo, aunque estará bien antes de lo que quisiera. Cojo las guitarras, los cables y un ampli, y me largo a tocar. El resto, lo de siempre.


Otro día escribiré más. Ahora estoy cansado, voy a dormir caliente.


**Sigo pensando en mi cita musical anual con lo que más me ha gustado de 2007. No creo que este año haya una lista como el año pasado. Será más breve, más digerible, pero igualmente recomendable. Pronto escribiré más**

Me la pela el cambio climático

Me la pela el cambio climático

Hace frío, ¿y qué? Hace calor, ¿y qué? ¿Soy malo por mear con la luz encendida? ¿Soy mejor si la apago cinco minutos en señal de protesta porque me lo dice un email? A lo mejor, más tonto, que difícil lo veo. Mi coche es de gasolina. Gasta un huevo, pero gracias a él tardo menos en llegar al trabajo, puedo echarme una siesta después de comer, vuelvo antes, mi fan número uno llega también antes a casa y, así, muchos como yo. Seguro. Menos cierto es que todos nos vayamos al pedo por el cambio climático, si es que existe, claro. ¿El hecho de que vaya en coche provoca alguna lluvia torrencial por ahí? ¿Caliento menos el ambiente? Se inventan nuestras culpas.

Me la suda y me cuesta mucho creerlo. Es otra chufa para tener amedrentado al personal, como cuando se creían que los reyes los elegía Dios y que por eso había que hacerlos caso. Al Gore es un iluminado y un caradura, un sacacuartos, uno de esos telepredicadores que quiere que te sientas culpable por los pecados que él crea para ti. El Live Earth fue una pantomima. Músicos de tres al cuarto en mega escenarios, con el volumen a todo trapo y equipos que “contaminan”. Las cumbres del clima, una chufa. Van en aviones, jets privados, cogen taxis o alquilan limusinas. ¡Están contaminando!

Por eso me la pela. Suele pasar que quien más abre la boca, más se equivoca. No quiero concederle mucha credibilidad a lo que dicen que “contamina” la mansión de Al Gore o lo que hablan de su mina de cinc, pero ya es jodido que el tío cobre lo que cobra por repetir el mismo rollo siempre en todos sitios. ¿Nobel de la Paz? Los Nobel son una chusta. Casi se lo dan a Stalin. Tolstoi y Proust no lo ganaron. Tampoco lo tiene Graham Greene y dicen que se lo van a dar a ¡Bob Dylan! -sí, ése que estudian los de Filología durante los cinco años de carrera-. Además, ¿qué tienen que ver los cojones con comer trigo? ¿Paz? ¿Cambio climático? Es como si dieran a Jordan el FIFA World Player. Y seguro que éste, tirando faltas, engañaba a más gente que Al Gore.

**He puesto la televisión mientras cenaba y estaban hablando del cambio climático en un programa. Siempre la misma historia. Ahora ya no hay vacas locas. O gripe aviar. ¿Qué va a ser dentro de unos años? ¿Con qué nos van a intentar engañar? ¿Otra vez la monarquía divina?**

Something Stupid, Frank Sinatra

<i>Something Stupid</i>, Frank Sinatra

Confunden con las constelaciones del firmamento las huellas estrelladas que dejan en el cieno blando de un lodazal las patas de los gansos.

 Introduzco la primera canción en muchos meses con esta pequeña cita, todo un culturetismo que me permito. Por cuestión de trabajo, me veo obligado a escuchar todos los viernes una tertulia de lo más soporífera, en la que dos tipos se espetan las frases célebres de clásicos y grandes autores que han memorizado durante la semana. Hoy he leído ésta en un libro y me ha gustado. Y os la suelto.

 No puedo ocultar que la deliciosa niñez e inocencia de esta canción me derrite. Puedo hasta con la versión de Robbie Williams y Nicole Kidman, quien, por cierto, en ese video está para abrazar la televisión. Quéjense de topicazo, rancio clásico crooner o ñoñería empalagosa, pero me encanta. Con ustedes, Mr. Frank Sinatra. Y Nancy, la muñeca, Sinatra.

I know I stand in line, until you think you have the time
To spend an evening with me
And if we go someplace to dance, I know that theres a chance
You wont be leaving with me

And afterwards we drop into a quiet little place
And have a drink or two
And then I go and spoil it all, by saying something stupid
Like: I love you

I can see it in your eyes, that you despise the same old lies
You heard the night before
And though its just a line to you, for me its true
It never seemed so right before

I practice every day to find some clever lines to say
To make the meaning come through
But then I think Ill wait until the evening gets late
And Im alone with you

The time is right your perfume fills my head, the stars get red
And oh the nights so blue
And then I go and spoil it all, by saying something stupid
Like: I love you
(I love you, I love you,...)

Expediciones monclovitas en busca de talento almacenado en acetato

Expediciones monclovitas en busca de talento almacenado en acetato

Los discos de la tienda de segunda mano de Moncloa atufan a viejo, a olvidado. Lo sacas del cartón y viene olor a almacén. Es posible que no los haya escuchado nadie en años. Más de los que tengo yo, casi seguro. Acabo de hacer 23 y no compro discos de los ochenta –bueno, alguno sí-.

Lo primero que hago al llegar a casa con una nueva remesa de hijos no es mirarlos, tocarlos, volver a leer los créditos, las canciones, sacarlos cuidadosamente, mirar los surcos a la luz y poner el primero, al azar. No, lo primero que hago nada más dejar la bolsa sobre la cama es lavarme las manos. Rebuscar en los estantes es asqueroso. Se ponen los dedos negros de tocar los discos. Algunos fueron puestos ahí antes de que el CD fuera un feto sobre papel. Mi hermano tiene otra teoría. Dice que la mayoría fueron empeñados por yonquis para poder pagarse un pico y, la verdad, es que la gente que he visto entrar para vender tienen pinta rara.

Hace falta bucear para rescatar cosas afines a mi gusto en medio de tan pantagruélico banquete de acetato. Hay, como en toda casa, cosas buenas y cosas malas. El otro día encontré Forrest Gump en láserdisc, camuflado entre bandas sonoras. En cambio, hay pescas que resultan agradables: grabaciones del Million Dollar Quartet –que, precisamente, fueron el 4 de diciembre de 1956-, por 9’50, o Comes a Time, de Neil Young, por 7’50.

Si quieres cosas actuales, mejor ir a otro sitio. Pero si te gusta cazar viejas glorias, la mayoría en buen estado, y discos ochenteros o raros –Deacon Blue, Bill Wyman en solitario…-, ésa es la tienda.

El talento y otras cosas que obsesionan al que aquí escribe

El talento y otras cosas que obsesionan al que aquí escribe

Me tiene obsesionado el talento que veo alrededor. Es jodido intentar buscar el mío dentro cuando tengo los ojos puestos fuera y me gusta lo que veo. Seamos poco modestos esta vez.


Por ejemplo, creo que podría escribir canciones. No digo que fueran buenas, digo que podría. Sé tocar la guitarra, conozco los rudimentos teóricos para hacer melodías y puedo juntar palabras no soeces y conseguir que algunas rimen. El problema es que me paso el día escuchando las canciones de otros y no pierdo el tiempo conmigo mismo. Tampoco sé cantar, tengo menos oído que una tabla de madera.


Otro ejemplo. Estoy seguro de que podría escribir mejor de lo que hago ahora e, incluso, más. Es decir, más y mejor. Sin embargo, me da pereza. Sigo leyendo libros y, por muy simples que me parezcan, acabo perdido en un laberinto porque me pongo a pensar en la trama, en cómo se le ha podido ocurrir al escritor, en qué podría hacer yo para elaborar algo parecido como ejercicio práctico… Escribir sobre uno mismo, como ahora, es aburrido. Lo bonito sería crear personajes totalmente distintos a nosotros, pero no me veo capaz. Además, me suele dar gafe hablar de escribir. Doy algo por hecho, como que voy a escribir una historia nueva, y se me gafa.


También creo que algún día podría llegar a ser un buen periodista, pero veo tantas cosas que se me caen el alma y la moral a los pies. La solución está en echar currículos y mirar a otro lado.


**Muchas gracias por venir a la fiesta y por los regalos, a todos. Se me acumulan los libros y los discos. Ya nos vemos pronto otro día para reestrenar mis 23. Abrazos**

Nuestro gemelo en Norteamérica

Nos habían engañado. Creíamos que eran muy originales y muy cool por llamarse Tulsa e imitar el sonido americano, pero resulta que hay otra banda con el mismo nombre en Massachussets.

Me dejó frío el disco de los Tulsa españoles. Ni chicha ni limoná-kis. Las letras son apaños para un roto y, aunque el sonido consigue lo que quiere –quizás demasiado perfecto-, la voz me mata. Es exagerada, sobreactúa.

 Supongo que es difícil conseguir ser americano habiendo nacido en España. Un día escuché a un músico español de los de MTV diciendo que los del otro lado del charco conectaban una guitarra a un radiador y lograban un sonido imposible en cualquier otra parte de la tierra. Si te pones a escuchar los discos de rock americano, country, alt county, country noir y toda esa rama, encuentras que casi puedes oír la púa golpeando las cuerdas de la acústica, los instrumentos son fáciles de diferenciar –no hay solos que aparecen y desaparecen por arte de magia-, no se complican la vida con arreglos de producción… aunque seguro que también tienen trampa y cartón.

A todos los que tocamos la guitarra nos gustaría sonar como algún guitarrista de Estados Unidos, ser el gemelo de alguien de allí, o qué coño, al revés, haber nacido en algún estado y habernos comprado la primera guitarra en la tienda de la ciudad, no en el Musical Bemol. Pero qué le vamos a hacer, será difícil.

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Actualización de emergencia para expulsar arañas y mantener los oídos bien abiertos

Actualización de emergencia para expulsar arañas y mantener los oídos bien abiertos

Me encanta sentarme delante del ordenador en mis tardes libres para escribir, borrar y rescribir líneas que intentan ser un nuevo post del blog. Llevo casi tres semanas sin picar nada nuevo para mis lectores -menguantes en número pero elefantiásicos en calidad humana- y ya me están entrando ganas de que sepan algo nuevo de mí.

Vengo de enterrar mis gafas de Harry Potter. Llevo usándolas desde primero o segundo de la ESO, incluso puede que antes, desde que David y Berta se las ingeniaron para perder las anteriores, y ya me hacían daño detrás de las orejas y en el tabique. Antes no había problemas con ellas: ni me había crecido la cabeza ni existía el mago adolescente que prefiere los trucos a las pajas.

Ahora en serio. Ya estoy empezando a trabajar en una lista de canciones y discos de 2007 que más me han gustado. Últimas recomendaciones:

- Dos bandas: la de caballos, que ha sacado Cease to Begin. Se mantiene al nivel primero, aunque ya se oye hacia dónde van los tiros: menos trabajo en letras y más en retorcer un estribillo para hacer un vídeo bonito y emitirlo en MTV. Bienvenido sea. El otro grupo es Band of Annuals, por recomendación de mi farmacéutico habitual. Suenan como si el Heartbreaker de Ryan Adams hubiera sido el último disco de Whiskeytown.

- No me canso de escuchar Gold, del de antes. Era el único disco suyo que me faltaba. El otro día lo compré en vinilo. Bendita panoja. Me lo sé de memoria y, aunque hay tostones infumables como Nobody Girl, Sylvia Plath o Enemy -enemy, no enema, Mr. Word- Fire, su primera parte, de New York, New York a When The Stars Go Blue, es uno de los mejores arranques que jamás he oído. Además, la edición que me he comprado viene con las caras B que sacaron en Estados Unidos. 21 canciones en total.

- Más: otra recomendación, unos tíos que se llaman Ox y que el año pasado sacaron un disco que se llama American Lo Fi. Por parte de mi hermano y de Neko Case, el último de The New Pornographers: Challengers. Grandes canciones en tiempos difíciles.

- Sigo: ¿cómo puede Wilco publicar su mejor canción del año fuera de Sky Blue Sky? The Thanks I Get ya la grabó Jeff Tweedy para su DVD en solitario, pero ahora la publica con el resto de la banda en el EP que se puede descargar en la página metiendo el disco original en el ordenador. Un chocho de proceso, a mí me costó una tarde entera.

- Otras voces: por fin he escuchado el primero de los Clap Your Hands Say Yeah.

- Otros ámbitos: me he bajado un EP de un compañero de la facultad. Me ha avisado varias veces: es muy raro. Ahora lo escucharé. Si queréis -debéis, vaya-, podéis descargarlo en su página: www.aguapixelada.es. El enlace está en la columna de la derecha, con el resto.

Bueno, ya os he puesto más o menos al día de mi discoteca y lo que me pasa entre oreja y oreja. A cuidarse.

La mortadela

La mortadela

Me sorprendo a mi mismo levantado a las siete y media de la mañana, yendo de una punta a otra del pasillo, haciendo tiempo para el desayuno mientras me pienso si vuelvo a la cama. No me he acostado otra vez. Me he obligado a permanecer con los ojos abiertos porque si me hubiera echado, estaría dando vueltas con el dos de oros.

 Un resfriado es una buena excusa para actualizar el blog. Cuando uno tiene un constipado como el que tengo yo, el dormir se vuelve liviano y cualquier mosca ahuyenta el sueño que tanto costó coger de noche. Los problemas para el descanso se agravan cuando no es una mosca, sino cuatro personas, las que se levantan antes que tú. Duchas, secadores, andar sobre el parqué, abrir puerta y cerrar puerta... Hoy será un día largo.

 Tengo que pagar una multa. Cada vez encuentro más indicios que apuntan a que este resfriado es una reacción psicosomática al estrés que me produce la jodida sanción. Hay que pensar que no todo en esta vida es pagar, que la felicidad es alcanzable por otros medios. Hay que olvidar que sueltas la plata antes de descubrir un buen disco, ya sea pagando Internet, comprándolo en la tienda o cumpliendo con la mensualidad del portátil. No debes acordarte de que has soltado cinco euros, en el día del espectador, por ver Cassandra's Dream, o de la mortadela que gasta uno en los intragables sándwiches de la máquina sólo para tener una excusa para no volver a fumar...

 Por la sombra

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