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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

Murciélagos

Murciélagos

Hacía mucho que no iba a un concierto. El sábado me emperré en ir a dos y acabé en cinco. Bueno, cuatro, uno lo perdoné por ir a cenar. Tocaba un tal Peter Broderick en Madrid. "No puede ser", me digo. "Perfecto, empieza a las ocho... Luego me da tiempo a ver a Andrew Bird", pienso.

Llego a la sala acompañado -¡gracias!- y resulta que el no-primo de Matthew no toca solo, sino que es el último de un festival de grupos. "Pues me como a Andrew Bird. Además, paso de suplicar otra vez entradas en Galileo a los reventa". Un par de horas después de entrar en la sala, ya solo y algo pedo, sale este muchacho con cara de asesino en serie a colocar sus instrumentos, aparatitos para hacer loops y un serrucho. Sí, un serrucho con el que acompañó a un pianista durante unos quince minutos, pasaje que se me hizo espeso, a pesar de que los gintonics predisponen a uno a la introspección cuando está solo y a gustarle cualquier cría de mandril que se le acerque.

El concierto de Peter Broderick fue un remolino de sonido. Guitarra, piano, violín, coros espirituales, todo interpretado por él solo, que se coordinó como una orquesta entera para no fallar en ningún loop y recubrir las canciones con la atmósfera fantasmal que envuelve Home, el disco que publicó en 2008 después de dos más con un grupo muy recomendable, Horse Feathers. Perdí la noción del tiempo mientras estuvo subido al escenario. Me tuvo pegado al suelo, a mí y a los treinta que le veíamos, atraídos por una pesada gravedad que salía de sus maquinitas y su voz, que sacudía estribillos oscuros como vampiros. No salía luz del escenario, escapaban murciélagos. Iba pedo, pero juro que eran murciélagos.

Ahí os lo dejo, en un formato más sencillo.

 

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La historia se repite

La historia se repite

 

Sólo vi una vez a Antonio Vega lejos de un escenario. Yo iba camino de mi parroquia a tomar cerveza y él salía acompañado de un viejo coche blanco, en medio de una noche que hacía frío, al lado de la Sauna Sudores –a.k.a. Sala Clamores-. Iba encorvado, como un maestro Yoda menos peleón y bastante más blanco que verde. Años antes de esto, fui a verle muchas veces en directo. El primero, en la Galileo, fue glorioso, o al menos eso creo, pues por entonces sufría el síndrome del “fan fatal”: el que todo perdona del héroe y para el que cualquier caca es un delicioso manjar que hay que comer por ser defecación divina. El último bolo, en unas fiestas de La Paloma, creo, me pareció patético: ya había otros que me gustaban más y, cual loquita pendenciera de Chueca, me terminé por desenamorar de esa mierda de novio que se ha descuidado y ya no está tan guapo como cuando salíamos.

 

Hoy he descubierto que todavía le sigo queriendo. Un poquito, al menos. He rescatado dos de sus discos. No pensé que me fuera a pasar pero, como si hubiera encontrado las cartas que me mandaba mi antiguo chico y que no tiré, he escuchado las canciones que antes me emocionaban y algunas me han parecido fogonazos atómicos, inmensos resplandores en medio del páramo radiactivo que acabó siendo: un pretérito imperfecto. Sus discos no eran geniales, sólo algunas canciones sobresalían como una top model en el metro de Pitis. En directo, salvo contada ocasión, dejaba bastante que desear –eran conciertos cortos, se olvidaba de las letras, fallaba en los solos, los de la banda ponían cara de no saber si jugaban al póker o a la pocha-. Acabó siendo carne de programa de TVE, de esos que hacen playback mientras un público, traído por un bocata de queso, baila al ritmo de los figurantes con el mismo estilo que tienen las viejecitas y los niños en edad de primera comunión en la verbena de Cercedilla. Y no quiero recordar la bajada de pantalones que fue volver a juntarse con el hortera de su primo hace unos años –pero lo entiendo, había que comer-.

 

Da igual que haya sido cáncer o neumonía –más morboso, por cierto-. No importa que durante todo el día hayan estado confundiendo con sus textos surrealistas las canciones del hawaiano paleto que tocaba con él en Nacha Pop, ni que una y otra vez hayamos leído los mismos tópicos en obituarios de andar por casa. Ha muerto y ahora hay que vender un disco en Navidad. No lo quiero. En cuanto llegue a casa y cuelgue esto, voy a buscar la vieja cinta en la que tenía por una cara Océano de Sol y por la otra Anatomía de una Ola. Vuelvo a finales de los noventa, cuando no podía dejar de escucharle y a ninguno de mis amigos les gustaba –ahora tampoco, porque tengo menos pero mejores-. Y la historia se repite.

 

Descanse en paz.

 

El presidente MTV

El presidente MTV

Lo de Obama empieza a atufar. Yo me canso fácilmente de la gente que sale todo el rato en televisión, los que flotan en la sopa. Me pasó con Médico de Familia, con La Hora Chanante, con Buenafuete y ahora me empieza a pasar con el faraón negro. O emperador, si nos atenemos a la interpretación imperialista que hacen algunos de Estados Unidos. Lo del concierto de bienvenida no tiene nombre. Retransmisión vía satélite de la gala –algo más propia de Antena 3 en verano que del nuevo presidente americano-, los artistas de siempre –como nos ocurre en España: las mismas caras cuando hay alguien “guay” al mando, léase ZP/PSOE- y, qué miedo me da, movilización popular sin precedentes. Una cosa: desconfiad de la masa, aunque luego vayáis con ellos. Ha llegado el presidente MTV. Desplegad la alfombra roja. Encended los focos. Desenchufad los micros y apagad las grabadoras.

 

Y lo nuestro, de vergüenza. Gran apunte de un caro amigo mío: ¿Acaso no eran tan antiamericanos algunos medios de comunicación españoles? ¿A qué viene ahora tanto revuelo con su nombramiento y tanta cobertura especial? Tratan a Obama como si no fuera americano, pero lo es tanto como, por ejemplo, Johnny Cash. Tanto buenrollismo me da mal pálpito. Sólo eso. Mal pálpito. ¿Esperanza? Bueno, que se la gane, como la confianza. Mientras tanto, buena música: Anthem For A Seventeen Year Old Girl, de Broken Social Scene. Llevo una semana escuchándola sin parar. Es hipnótica hasta dar mareo de tanto placer.

 

Bienvenido, 2009

Bienvenido, 2009

Un año pasa como viene el siguiente y se fue el anterior, como los días se suceden uno tras otro, con sus noches más largas y sus soles veloces, como los minutos corren hacia la salida del trabajo -creo que no he quedado poético, pero el duende, si es que alguna vez tuve uno, o lo confundía con un troll de la caverna en la que duermo, se fue hace mucho tiempo-.

 

Empezó 2009 y creo que voy a abrir uno de esos estúpidos grupos en Facebook que pretenden el apoyo para causas –la mayoría, ojo- todavía más patéticas. El que crearé tendrá pronto otro asociado que será algo así como "doy mi voto a favor de que el grupo creado por Pedro sea declarado como el más estúpido de los jamás abiertos en Facebook". Total, que visto cómo se presenta el nuevo año en cuanto a discos, voy a proponer la apertura de un grupo de apoyo crematístico a la causa de mi discoteca. Pero nada de donar –y flipé cuando descubrí que se podía hacer- pasta ficticia. Quiero euros. Mortadelos. Panoja. Pasta.

 

Solicito mi apoyo a toda la comunidad del caralibro para que me ayuden a conseguir, en formato original, por favor, los siguientes discos, de momento:

 

-         el que va a sacar M. Ward, algo así como Hold Time, se llama.

-         El que va a ametrallar A.C. Newman, el de la foto, el bocachancla panochita de los New Pornographers: Get Guilty

-         Lo que se van a coitar a medias Will Johnson –Centromatic/South San Gabriel- y Jason Molina –Songs:Ohia/Magnolia Electric Co.-

-         Middle Cyclone, de Neko Case. En este link hay una canción en forma de avance, People Got a Lotta Nerve. En su línea. Que no se detenga.

 

***El vídeo es un avance de cómo se ha ido cociendo el disco de Neko Case. En un momento aparece otro bellezón de tiparraca, de ese estilo entre Juno y Natalie Portman. Se llama Kathly Calder, teclista de los New Pornographers***

 

***Este post lo escribí ayer en el trabajo. Lo publico hoy, que no puedo dormir, a las cinco de la madrugada. Que Dios  nos provea de orfidal más a menudo***

Un 2008 feliz

Un 2008 feliz

 

No puedo sentarme a hacer una lista de lo que más me ha gustado de 2008 pero, como todo aspirante a ser el Nick Hornby español –somos muchos, lo sé-, quisiera hacer un repaso de lo que más me ha llamado.

Cojo Uncut, Rockdelux y Pitchfork, y veo que coinciden, a grandes rasgos. No puedo ser menos: lo paso en grande con los Vampire Weekend, me quedo absorto cuando puedo escuchar tranquilamente a Portishead, y he flipado con las voces y las melodías de Fleet Foxes –me gusta más el EP que el LP- y Bon Iver. Pero, al lado de estos dos últimos, ha pasado desapercibido Peter Broderick, un tipo a medio camino entre Copenhague y Oregón, todavía más sagrado que los barbudos de Seattle y más dolido que el llorón de For Emma. Gracias al Doctor por el descubrimiento. Qué pena que yo no le haya podido convencer con los Flight Of The Conchords

Más cosas: pensé que los Drive By Truckers estaban muertos después del nefasto A Blessing And A Curse. Tortazo de canto, pues Brighter Than Creation’s Dark es otra andanada de polvo rockero como lo fueron muchos de los anteriores. Me coloco sólo con escuchar a los Black Mountain y padezco de resaca cuando pongo el The Golden Age, de American Music Club –All The Lost Souls Welcome You To San Francisco va para canción del año-. No los conocía y he aprovechado para averiguar más de sus discos anteriores, como me ha pasado con Lambchop –sí, chuleta de cordero- y Sun Kil Moon.

Calexico ha vuelto por la puerta grande –y qué bueno, por cierto, Depedro-, a Jakob Dylan le ha hecho un gran favor Rick Rubin, quien a su vez se lo ha seguido montando con Neil Diamond. Y, si hablamos de diamantes, pongamos como joya del año a The Grand Archives, la media cabeza de los Band Of Horses que abandonó la nave a tiempo –Cease To Begin nos engañó a todos-. No timan, por mucho algodón que les pasemos, los Felice Brothers y su gran canción Frankie’s Gun, y Dr. Dog, con The Rabbit, The Bat And The Reindeer.

Y sigo: TV On The Radio, otra vez increíbles, y cada vez más asequibles –pero vaya vídeo…-. Que no se tuerzan. Sucios los Hush Arbours, pero con mucha enjundia. Relucientes e inmaculados los Death Vessel, y curioso su caso: la voz de Joel Thibodeau, un machito de pelo largo, es clavada a la muchachita de Russian Red. Quien, por cierto, me ha terminado gustando.

Tantas y tantas cosas buenas –muchas me dejo en el tintero-, y otras no tan buenas que, quien sabe, puede que te gusten. No entendí nunca el revuelo con el Evil Urges de My Morning Jacket, ni el patinazo de Will Johnson con el doble de Centromatic y South San Gabriel. No le vi mucho la gracia a Kitty, Daisy and Lewis, el cupo de revival lo ha cubierto, con buena nota, Eli Paperboy Reed –antes de morir, poneros este concierto-. Me han dejado frío Ron Sexsmith y el revolcón de Mark Olson y Gary Louris –también el LP por separado de éste-. No le he visto la gracia a Giant Sand –o son demasiado tristes, no sé…- ni compro la emoción del último de Vetiver. Y me empieza a cansar la voz de Will Sheff, el cantante de Okkervil River, y es que The Stand Ins no es la segunda parte del anterior…

Faltan cosas pero, como dice cierto locutor de radio y escritor, no tenemos ánimo de ser exhaustivos, y sí de escuchar hoy una cosa, volver a escucharla mañana y descubrir que no es tan bueno o, qué felices cuando pasa, cruzarnos con el disco de nuestra vida 24 horas después de haberlo conocido… Bienvenido, 2009.

**El vídeo es de otro que se ha salido este 2008: Langhorne Slim y la foto es de un tipo que vendía su megacolección de discos hace un par de años o cosa así**

 

Ay, madre, si los discos fueran sólo la portada...

Ay, madre, si los discos fueran sólo la portada...

Sólo unas líneas, un vídeo y, sobre todo la imagen. Es la portada del próximo disco de Neko Case. Me parece una auténtica pasada. La foto, quiero decir. Sobre ella no me pronuncio. Os dejo un ventanuco de Youtube. Y de las nuevas canciones no sé nada. Cuidaros. Próximamente escribiré sobre otras cosas.

 


Neko Case - Favorite - Outro with Bees
Cargado por heydrich

Ron Sexsmith, en El Sol

Ron Sexsmith, en El Sol

Ron Sexsmith me pareció -me lo presentaron; perdón, ¡me lo presentaron!- un hombre tímido, calladito, discreto y educado, es decir, un tipo agradable. La música que hace es el reflejo de su personalidad y, por eso, unos días sus discos resultan geniales y crees que son para toda la vida, pero otros le pedirías un poquito más de lo que sea, sin resultar nunca malos elepés.

Esa tibieza quedó aparcada a la puerta de la Sala Sol de Madrid el martes. Acompañado por un contrabajista, Sexsmith alternó la guitarra acústica y el teclado en uno de los mejores conciertos de cantautor que recuerdo. Si bien empezó algo tímido con su voz, ver que el público respondía con aplausos cada vez que acababa una canción le terminó por animar. Quizás no se esperaba que la sala estuviera casi llena -ni los dueños de la misma lo creían por la mañana-, pero el caso es que fue generoso con el repertorio, del cuál fueron muchas de su último disco, Exit Strategy Of The Soul, el que menos me ha gustado de todos los que he escuchado -el otro día lo puse en el coche y todas las canciones me parecían la misma-.

Quitarle a esas canciones el cálido abrigo de los arreglos que le hicieron en Cuba -creo recordar- les dio un aire más fresco. Diría incluso que en algunas ocasiones sonaba como The Beatles -sí, los de Liverpool-: melodioso como Paul McCartney y algo nasal, no tanto como Lennon. Los otros temas, los que no eran del último disco, también aguantaron bien la exhibición de Ron Sexsmith ante una parroquia más entregada de lo esperado.

**Lo de antes, durante y después del concierto, me lo guardo. Queda entre una que yo me sé y yo, que nos lo pasamos como enanos y acabamos como cubas un martes por la noche teniendo que trabajar al día siguiente, aunque ya lo cuento en el título. Gracias por venir, espero que te lo pasaras bien y te gustara**

 

Mark Olson y Gary Louris, en Neu!Club

Mark Olson y Gary Louris, en Neu!Club

 

Un frío de cojones, gargantas castigadas por los primeros azotes de la gripe global y la amenaza de lluvia fueron los prolegómenos más destacados del concierto de Gary Louris y Mark Olson en la sala Galileo -ahora Neu! Club- de Madrid. No me acordaré mucho de Ted Russel Kamp, el telonero, un tío con el pelo a lo Michael Bolton y camisa con chorreras que, sin embargo, agotó los discos a la salida y no tuvo otra idea más brillante que ponerse a firmar pegatinas en la puerta. No pude ver su actuación y no pude comprar su CD.

Lo que sí recordaré de la noche de ayer fue que estuve viendo el concierto de los frontmen de The Jayhawks justo al lado de los baños y que el público que abarrotó -de verdad, hasta la bandera- la sala tenía cistitis. Fue, como se dice de los partidos de fútbol, una actuación de menos a más, a pesar de un comienzo arrebatador con Nothing Left To Borrow. La cosa empezó con problemas de sonido: demasiada diferencia de voz entre Louris y Olson, que no arreglarían en todo el concierto, y algún pitido de acople. Sin mucho tiempo para la nostalgia Jayhawk, empezaron a caer canciones de Ready For The Flood, el primer disco de ambos juntos tras sus respectivos caminos por autopistas separadas.

Se acomodaron sobre el escenario, sustentados por la percusión de una tipa cuyo nombre no recuerdo, a medida que deshojaron la margarita del nuevo disco, producido por el cantante de The Black Crows, Chris Robinson, quien ya trabajó en el Vagabonds de Louris. Todavía no lo había escuchado, pero las canciones que tocaron me dejaron la idea de un álbum tranquilo con ecos de unos Simon & Garfunkel más vaqueros, como en Chamberlain, SD. La coordinación melódica de sus voces ha sido lo que convirtió algunas de sus obras en sobresalientes y lo explotaron hasta saciar, pero sin cansar, cosa que pasa a veces en alguno de sus discos.

Una vez pasado el repecho inicial y la meseta central de la presentación de Ready For The Flood, tiraron hacia el monte, como las cabras, y los grandes temas de su anterior formación fueron tomando más peso. Era a lo que todos íbamos, hecho que demuestra que han alcanzado ese status de artistas que poco o nada nuevo nos van a ofrecer en lo que les quede -algún día hablaré de alguno más que está en las mismas-. Así que, entre estribillo y estribillo llevado con maestría, nuevas canciones que ni fu ni fa, las intervenciones de un animoso Mark Olson al lado del tímido Gary Louris y la colaboración de un público dispuesto a combatir la cistitis escuchando el concierto desde el urinario, llegó el final. Ahora toca escuchar el disco y, si no nos gusta, volver a cosas como ésta:

 


Damien Jurado y sus fantasmas

Damien Jurado y sus fantasmas

 

¿Hay algo mejor que llegar de un intenso viaje por Italia, después de haber cogido este mismo lunes dos trenes, dos autobuses y un avión, que dejar la maleta, tragar algo del jamón que sobró en una boda, pasar por la ducha e ir a un concierto? Por supuesto que hay cosas mejores, pero no es este el caso.

Dejando a un lado, y aunque me cueste, el precioso bodorrio de mi hermana mayor en Italia, me meto en un autobús y llego a la sala Moby Dick. Mi acompañante está cenando con un amigo en el irlandés de al lado y le apremio para que salga porque ya hay cola. Un grupete de miopes modernos, barbudos y jerseys a rayas -sólo fallo en el afeitado- espera a que se decidan a dejarnos pasar los dueños de la sala, que deben andar con los huevos en los bolsillos por lo de El balcón de rosales, pero también contentos por el triste cierre de La Riviera. Le echo un ojo a la lista de invitados a la que paso por delante de la taquillera, que vende las entradas al aire libre en pleno noviembre del año 2008: gente de RDL, Muzikalia, La noche en vivo... Hace frío fuera y dentro tienen puesto el aire acondicionado. Casi me salgo con la de los tickets, pero me tomo una Heineken de cinco euros que, sorprendentemente, sabe como las de tres y tiene también el mismo tamaño.

Son las diez menos algo, algo antes de lo previsto para el comienzo del concierto, y sale Damián -maldito Word- Jurado al escenario acompañado de una tipa y un tipo que se irán intercambiando guitarras, batería y teclado a lo largo del concierto. Jurado nace, crece y vive en Seattle, y muere en cada una de sus canciones, cada cual más triste que la anterior, más dura, más arraigada en las distintas razones que desnortan la brújula. Suena seguro, sentado en su silla, por lo que no le podíamos ver los que estábamos más allá de la segunda fila, y los dos acompañantes no le roban protagonismo. La canción está por encima de todo, y así van cayendo, sobre todo, de sus dos últimos discos, el tristón And Now That I’m In Your Shadow y el melancólico Caught In The Trees, de este mismo 2008. Tan pronto se enreda en una de diez minutos de subidas y bajadas, con largas transiciones, como pasa por un estribillo más pop de apenas dos minutos y medio. 

Una hora y un poco después, ya estoy en la calle. Damien Jurado, seguro, estaría en el camerino todavía, tratándole de no darle vueltas a su depresión, exquisito placer para nosotros, pero dura tortura para él, que es la viva imagen del músico torturado y en plena apoteosis creativa. Que Dios decida qué hacer con él.


¿Una opción?

¿Una opción?

El País vuelve a publicar un interesante artículo sobre música en su edición digital. Da gusto ver cómo se va haciendo un hueco este tipo de información y reportajes en los diarios nacionales -lo de El Mundo también tiene bastante mérito-. Éste trata de la promoción de grupos amateur que sueñan con publicar algo algún día. Es un tema bastante interesante. La rotundidad con que Lou Reed habla de la difunta industria musical se hace más patente cuanto más buceas en Internet.

Pero, tal vez, la gallina de los huevos de oro, si es que existe, no esté en la red. ¿Qué me decís de las giras? Pongamos por caso que una marca de cerveza decide no sólo no poner el nombre a una sala, sino patrocinar a un grupo o varios en un tour con un buen cabeza de cartel -cosa que alguna discográfica hacía-, vender únicamente su birra durante los conciertos, meter publicidad en la web de la banda y en la suya propia...

Intento explicarlo mejor: la banda X, supermegaindie en Estados Unidos, pero con adeptos aquí, tiene pensado pasar por Europa. Una marca de cerveza, condones, o lo que sea, les dice que les pone pasta por publicidad en la gira y les propone a un grupo amateur como teloneros. El día del concierto sólo se venderá esa marca de birra, o habrá un stand con tías como las de mi clase de la universidad donde se regalarán preservativos. Yo, que tengo pésimas ideas, veo beneficios para el grupo estrella, que puede añadir conciertos en países que no tenía pensado por falta de rentabilidad; veo que gana la marca porque tiene publicidad esa noche y otras, y puede hacer caja si vende algo; y gana también la banda amateur, porque llegará a los oídos de gente nueva.

Y, para hacer promoción de una banda amateur, os dejo con los increíbles Den y su Myspace. No dudéis en pasar. Estáis invitados.


 

 

Canción para un presidente de Estados Unidos

Canción para un presidente de Estados Unidos

Rapidito, que tengo invitados en casa. Hoy hay elecciones en Estados Unidos y voy a estar pendiente hasta que mis párpados se desplomen -que será pronto, fijaros en la hora del anterior post-.

Dejo una canción sobre el tema del día. Se llama Sleeping In, de The Postal Service. De paso, os presento a Ben Gibbard, cantante también de Death Cab For Cutie. Os pongo un vídeo de Youtube con el tema, uno de esos clips que están hechos por frikis que huelen los retretes donde se meten la farlopa y cagan sus ídolos o están perpetrados por estudiantes que quieren ser directores de cine -¿hay alguien en Comunicación Audiovisual que no esté convencido de que va a serlo?-.

Last week i had the strangest dream
Where everything was exactly how it seemed
Where there was never any mystery on who shot john f kennedy
It was just a man with something to prove
Slightly bored and severely confused
He steadied his rifle with his target in the center
And became famous on that day in november

Dont wake me i plan on sleeping
Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping
Dont wake me i plan on sleeping in

And then last night i had that strange dream
Where everything was exactly how it seemed
Where concerns about the world getting warmer
The people thought they were just being rewarded
For treating others as they like to be treated
For obeying stop signs and curing diseases
For mailing letters with the address of the sender
Now we can swim any day in november

Dont wake me i plan on sleeping
(now we can swim any day in november)
Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping
Dont wake me i plan on sleeping in

Dont wake me i plan on sleeping in
Dont wake me i plan on sleeping
OOo oOo oOo

 

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Festivales de verano, cogeros de la mano

Festivales de verano, cogeros de la mano

Vaya por delante que no he ido nunca a un festival de música. Miento, fui a uno hace unos cuantos años, pero nada de dormir en tienda de campaña y ponerme de farmacopea desde por la mañana para arrastrarme hasta que el cuerpo volviera a desfallecer. Pasé dos noches en una pensión gallega y me desayuné una botella de albariño mojado en navajas con los amigos. Uh, qué macho.

Tengan ustedes presente también que es tarde. Rozan las cuatro y media de la madrugada, todavía no he pegado ojo y estoy oyendo ruidos en el pasillo, así que no me tengan en cuenta, queridos, que las dos siguientes recomendaciones les parezcan una soberana gilipollez.

Comienzo proponiendo la lectura del artículo enlazado en estas mismas palabras y su posterior comentario en este, mi blog, vuestra casa, aunque algún pichafloja me llame lo que me llama. Lo último que os invito a hacer es leer este periódico con frecuencia. Para ello, borrad el galimatías hachetemelístico que hay después de .es/. No saco ningún beneficio por darles publicidad, pero merece detenerse en él al menos una vez al día. Como el cagar.

Les dejo con una actuación festivalera. Buenas noches.

 



En estas horas dando vueltas en la cama me ha dado tiempo a escuchar dos cosas interesantes: OH (Ohio), de Lambchop, y Ships, de Danielson. No les pierdan el paso.
 

Okkervil River: The Stage Names/The Stand Ins

Okkervil River: The Stage Names/The Stand Ins

 

El año pasado llegó a mis manos casi de rebote un disco que prometía y no me defraudó. Era The Stage Names, de Okkervil River, un grupo formado en Austin, Texas -cómo me gusta decir eso: Austin,Texas-. De primeras, no son nada nuevo. Cinco tíos tocando instrumentos corrientes, como se ha hecho toda la vida, un cantante bastante feo con una voz que no destaca, y que hasta puede resultar odiosa, pero canciones muy resultonas, pegadizas, cañeras unas, relajaditas otras. Vamos, que no descubrían el Mediterráneo, pero era como darse un baño en él en pleno agosto.

Un año después llega The Stand Ins, una segunda parte de su entrega de 2007. Ellos, peliculeros y noveleros como pocos, van de camino por la misma senda que, por ejemplo, Ryan Adams, incapaz ahora mismo de distinguir una canción de un filete -miedo me da Cardinology...-. A lo que iba, The Stand Ins continúa la senda de su antecesor, pero la fórmula ya suena vieja -muy nueva no es que fuera- y las canciones son como un vaso de agua: quitan la sed al momento, pero luego no te acuerdas de ninguno en particular.

A lo que voy: ¿por qué coño tienen tanta prisa algunos grupos en editar discos y más discos, unos seguidos de otros? No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero tengo la impresión de que, cuanto más deprisa se suceden las secuelas, peores canciones y álbumes salen. Pongo como ejemplos a Ryan Adams, The Arcade Fire o Band Of Horses.

Al menos, a los Okkervil River se les ha ocurrido una curiosa manera de promocionar su último parto. Han abierto un canal en Youtube con versiones de las canciones interpretadas por artistas de su quinta. Está Bon Iver, Ola Podrida, A.C. Newman, de The New Pornographers... Curioso y bonito a la vez, aunque de lo desconocidos que son algunos, los vídeos parecen grabados por el típico webcam-boy haciendo una versión de su ídolo. Ahí os dejo Lost Coastlines, con A.C. Newman y Will Sheff, voz de esta banda de Austin, Texas. Austin, Texas. Austin, Texas. Vale, ya paro.

Myspace de Okkervil River: www.myspace.com/okkervilriver

 


Se han pasado

Se han pasado

Esto de querer estar a la última tiene sus peligros. Nos solemos pasar de listos y, como en el caso de este texto de El País, de frenada. Que yo sepa, todavía quedan dos meses de 2008 y todo 2009, pero el plumilla -sin desprecio- da carpetazo a una década que ha sido más que Coldplay, The Libertines, The Strokes y Amy Winehouse -por Dios, ¡qué plasta!-.

Aún así, no dejéis de echarle un ojo al artículo, en el que hay verdades como puños y erecciones mentales con posterior eyaculación. Viene bien refrescar en la memoria lo que hacíamos hace ocho años, de dónde venimos y a dónde vamos, y la cantidad de música que nos queda por escuchar.

Dejo de propina una canción de uno de los mejores discos de la década, la 00, que todavía no se ha acabado, por si a alguien le cabe alguna duda.

 



Música ligera

Música ligera

Me sorprendo a mí mismo escuchando rap o música electrónica, cuando he sido -y sigo siendo- un firme defensor del sonido tradicional pop. Me veo raro cuando me río al escuchar la letra de una canción. Yo, que tengo los libros de las de Dylan. ¿Quién ha derretido la pasta cultureta que me recubre?

Flight Of The Conchords es un dúo de músicos/actores de comedia formado por Bret McKenzie y Jemaine Clement, neocelandeses -sí, Nueva Zelanda- y dos genios sin complejos. Y qué queréis que os diga, me encantan. Me parecen cachondos al extremo. Letras ligeras sin un ápice de artificialidad, ingeniosas y desternillantes a veces. Hay hasta un solo en binario (0-1), en una canción sobre el triunfo de la revolución de las máquinas. Sólo hay que imaginarse a un temible T-800 moviendo las caderas a ritmo de boogie y cantando "the humans are dead" mientras sacude ráfagas de láser azul en la cueva donde se esconden los últimos humanos, harapientos y completamente desquiciados por la resurrección folkie de la primera década del siglo XXI. Y no suena nada mal. Hay de todo. Rap, funky, electrónica, pop, bossa-nova...

Creo que estos esperpentos mentales tienen una serie de televisión en HBO, pero mi curiosidad por ellos no ha llegado a tanto como para ver algún episodio. No lo descarto. Y si algún alma piadosa le puede decir a su mula que vaya al pozo y me traiga un DVD con algún episodio, tendrá el beneficio de mi intercesión cuando el alzamiento robot triunfe.

 


Música para el verano

El calor me ha dejado seco. Las tetas introducidas a presión en los escotes veraniegos de las madrileñas podrían llevarme a la cárcel, así que procuro permanecer encerrado en casa y salir lejos cuando dejo el agujero de la pared. El nuevo trabajo y las vacaciones de mi fan número uno -que podría dejar la Secretaría General de la organización tras la primera frase de este post- me alejan de los pensamientos impuros. Por supuesto, la música también.

Mañana me voy otra vez de viaje. Parece que en la nueva oficina se han empeñado en tener al tonto del nuevo de un lado para otro. Lo agradezco, así que, mejor que sigan pensando eso. Este fin de semana estuve en Zaragoza, la ciudad de la Expo de los besa-koalas, los mancha-conciencias y los abraza-árboles. Hace un poco más de un mes, me mandaron a Noruega. Hay otro viaje en ciernes, aunque no tengo nada confirmado. Y no estoy de vacaciones.

Mientras tanto, quiero decir, mientras se agotan los días de mi contrato, sigo escuchando música. Ésta es una pequeña selección de lo que me está acompañando en el coche de camino a San Sebastián de los Reyes, en los aviones transnacionales y en los trenes de toda España. Si no quieren pasarlo tan mal a 40 grados a la sombra en la Villa y Corte, tomen nota:

- Fleet Foxes, el largo. Sacaron un EP a principios de año que me dejó impresionado. Sin duda, el disco ofrece prestaciones más bajas, pero deja muy buenas canciones.

- Langhorne Slim: otro grupo americano más de esos en los que un tío -Sean Scolnick- tira del carro bajo un seudónimo para que su nombre no sea uno más en myspace. Adictivo.

- The Dutchess And The Duke: un disco que podría pasar perfectamente por unas sesiones perdidas de los primeros Rolling Stones. El feo y la no muy guapa que deciden aprender a tocar la guitarra y componer canciones. También muy típico.

- Jason Molina: ¿es el último gran cantautor americano? Deja de lado el misticismo del feo de Bonnie Prince Billy y métete en la oscuridad del Neil Young del siglo XXI. Su disco en solitario, Let Me Go, Let Me Go, Let Me Go, de hacer un par de años, es whisky sin hielo. Queda pendiente hacer un post sobre su trayectoria.

Nada más, al menos hasta que vuelva de Gelsenkirchen.

Sobre versiones: Vetiver

Sobre versiones: Vetiver

A veces no sabes por dónde te va a venir el tema del día/semana/mes para escribir. Estaba en casa escuchando música en casa, hoy que he llegado pronto, y me ha apetecido escribir en el blog, pero no sabía sobre qué. He llegado leyendo a la idea.

 El País se hace eco de un reportaje en la revista Total Guitar sobre las peores y las mejores versiones en la historia de la música pop. No entraré a valorar la lista –alejada, al menos del típico “cómo mola la versión de los Guns ‘n Roses de Knockin’ On Heaven’s Door”- porque me ha dado pie para hablar de una banda por la que siento debilidad extrema, que tocó hace poco en Madrid y que por segunda vez que me perdí.

 Vetiver, que ha estado de gira con Gary Louris y otros como banda de acompañamiento, nace bajo el ala de Devendra Banhart, otro cantautor americano del rollo freak folk –dicen que el más representativo: yo no me mojo, no he escuchado nada suyo-. El primer disco de esta banda, liderada por Andy Cabic, salió en 2004. Son canciones que no hacen ruido. Aparecen una tras otra como distintos paisajes por los que baja un río. Casi desnudas de instrumentación, Cabic y Banhart se lían la manta a la cabeza con sus dos guitarras y poquitos arreglos más de cuerda. Incluso se atreven con el francés y el castellano en un par de temas.

 En 2006 aparece To Find Me Gone. La voz de Cabic tiene cubiertas las espaldas por una banda que no tiene reparos en dejarse caer por el lado de la psicodelia –You May Be Blue- o un folk más puro –Won’t Be Me-. Es otro disco para escuchar con calma y atrapar los detalles que se escapan todavía hoy, dos años después.

 Ahora, y volviendo al comienzo de este post, aparece Things Of The Past, su último trabajo. Son doce versiones cuyo original no conozco, así que las trato desde la falta de bagaje para comparar. Es decir, como canciones nuevas en mis oídos. Mantienen el sonido de banda del anterior disco y, aunque los temas se mueven en parámetros  más convencionales, hay momentos sublimes, como la voz de Vashti Bunyan -¿quién coño es?- en Sleep A Million Years, el piano en Lon Chaney –instrumento casi testimonial en los otros álbumes- o la cabalgada a lomos de una guitarra de doce cuerdas y una armónica en Hurry on Sundown.

 Os dejo Been So Long, la canción que abre To Find Me Gone. Es la primera vez que cuelgo un vídeo de Youtube aquí. Lo haré más veces. Creo que es un buen complemento para lo que escribo, que no siempre coincide con lo que quiero decir o lo que he oído o escucháis vosotros.

 

¿Qué hay de nuevo, Gary?

¿Qué hay de nuevo, Gary?

Llegar a la calle Montera es como abrir la nevera y ver que sólo hay comida caducada. Trasiego de una esquina a otra, un motel en un viejo edificio del que salen parejas que no se despiden y otra vez a esperar. Sordidez cotidiana para los que viven ahí o disfrute para turistas borrachos y alivio para braguetas inquietas.

Según bajas desde la Red de San Luis, la segunda a la izquierda, Jardines, un poco más adelante de la casa de putas, Gary Louris, el cantante de The Jayhawks, dio este sábado un concierto evocador de carreteras polvorientas y demás mitología del sur de Estados Unidos.

Servía como excusa para la cita la última estación de su larga trayectoria: Vagabonds, un disco defendible, pero un peldaño más abajo de los mejores trabajos de The Jayhawks. Quizás consciente de ello, el peso específico de la actuación lo llevaron los grandes clásicos de la banda de Minnesota, disparados uno tras otro por la guitarra y las armónicas de Louris, que fue pez en el agua. De hecho, confirmó que va a instalar definitivamente su residencia en el Puerto de Santa María, desde donde salta cada dos por tres para volver a Estados Unidos.

La última vez que tocó en España, hace un poco más de dos años, el trovador americano se descolgó con un largo concierto en el que hubo lugar a rarezas y estrenos de canciones del siguiente disco de Golden Smog, Another Fine Day, un pinchazo sin rueda de recambio hasta el momento. Ayer fue más corto todo. A veces parecía apresurado, como si se hubiera dado cuenta de la hora o estuviera hasta las narices de repetir una y otra vez los mismos estribillos. Si fuera esto último, el conflicto con el público español sería insalvable. No nos cansamos nunca de escuchar sus canciones y ayer nos fuimos contentos con su complacencia en el repertorio. ¡Hasta la próxima, señor Louris!

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¿Llevan más de 20 años engañándonos con el CD?

¿Llevan más de 20 años engañándonos con el CD?

Elvis Costello, un músico sin disfraz pero con múltiples caretas, habla con elpais.com de la industria musical y, cómo no, de su último disco, Momofuku. Lo estoy escuchando ahora por primera vez. Mi hermano, más acólito a él que yo, se lo compró la semana pasada. En vinilo, además, que es como McManus concibió en principio su publicación, con cupón de descarga legal en mp3. Luego ha recogido todas las piedras que había dejado en el camino y Momofuku también se va a poder escuchar en ceros y unos.

Veamos el titular de la entrevista: “El vinilo es mejor; llevan más de 20 años engañándonos con el CD”. ¿De verdad, Patrick? “Las reediciones en ese formato –al CD se refiere- de los discos originales analógicos constituyen una desgracia, al igual que la aceptación del MP3 como un estándar de sonido”. ¿Tú, Patrick Declan McManus, el tío que, posiblemente, más reediciones de sus discos ha hecho en los últimos diez años, dices esto?

Está claro que Costello no sabe qué hacer para vender más, pero su jugada es de triple y tiro libre adicional. El disco va a sobrevivir, seguramente, gracias a dos cosas: la descarga por Internet –legal o ilegal, pagando o sisando- y el vinilo. Llamadme pretencioso o flipado tras esto pero, ¿os habéis fijado cuántos grupos están tirando de acetato? ¿Habéis visto a los DJ’s de verdad? Éstos últimos han sido los que han vuelto a arrancar las 33rpm y el resto se ha subido al carro. Costello el último, pero detrás de él irán más.

Y no, el CD no es peor que el LP. Ojo, lo dice el que escribe, que en el último año y medio ha escuchado más vinilos que galletas, se pone cintas en el coche, lleva el ipod por la calle, lo conecta a unos altavoces cuando llega a casa y no quiere saber dónde dormiría si todo lo que tiene en formato digital fuera analógico.

Pero, ¿qué coño importa esta discusión conmigo mismo? A fin de cuentas, de lo que nos acordamos es de las buenas canciones, no de si las escuchas en el parque o en el tocadiscos. Por eso creo que no nos han engañado con el CD.

**Por cierto, acabo de terminar de escuchar Momofuku. Le daré más vueltas, aunque no ha habido canción alguna que me haya llamado la atención.**

Fleet Foxes

Fleet Foxes

Lleva Unos meses en circulación un EP de un grupo de esos que parece que no hacen nada nuevo, pero que te van despertando poco a poco. Y eso que la primera bofetada es bien grande: una canción de dos minutos y poco, Sun Giant, que parece canto gregoriano al principio y acaba acunada por una mandolina.

Fleet Foxes, en su EP de cinco canciones, se descubren como una mezcla de My Morning Jacket, Arcade Fire, Band Of Horses, pero barnizados con un sonido más acústico y mejores armonías y melodías vocales, que es lo que más se te pega al oído en la primera escucha. En English House parecen indios cantando alrededor de la hoguera pidiendo suerte a los dioses para la caza.

No dejéis de escucharlo. Dentro de poco, además, disco al canto.

Referencias

www.myspace.com/fleetfoxes

http://www.pitchfork.tv/daytripping/fleet-foxes/austin

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