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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

La marcha atrás

La marcha atrás

Andar marcha atrás es algo que no se conocía hasta que a alguien se le ocurrió meter una marcha distinta en las cajas de cambios de los coches, con las consiguientes modificaciones técnicas que necesitase. No sé a quién se le ocurrió, pero fue un genio, aunque a veces rasque la palanca con un ruido más desagradable que el que haría Bukowski desencallando una flema del fondo de su garganta –permitid el culturetismo-.

 La marcha atrás también se emplea en el follar. Se intenta cuando uno quiere durar más, o cuando se hace sin preservativo y no se quiere dejar como la Capilla Sixtina la cavidad corporal elegida para la penetracíón.

 Yo empleo el término en la música. Por ejemplo, hay discos que te parecen muy buenos nada más escucharlos y, con el tiempo, pierden peso, no son para tanto. Ejemplo: Street Legal, de Dylan, o Neon Bible, de Arcade Fire. También hay macha atrás con los que empiezan bien, pero acaban deprisa, corriendo y mal. Para aclarar, Tatoo You, de los Stones; Gold, de Ryan Adams, o Desceded Like Vultures, de Rogue Wave. 

 Hay otra marcha atrás. Un día recibes una llamada que llevabas un año esperando pensando que te cambiaría la vida, pero al final te deja igual que estás. Jode mucho, de verdad.

 Por eso me he puesto nada más llegar a casa –y más tarde de lo habitual, para no variar- un disco que suena como un descapotable en el desierto de Nevada: Fading Trails, de Magnolia Electric Co. Un día tendría que hacer un post retrospectivo sobre Jason Molina, uno de esos cantantes que, se meta donde se meta o lo haga con quien lo haga, siempre saca algo fabuloso.

3 comentarios

Anónimo -

Ya no hay marcha atrás!! cuánto me alegro!!! (creo que esto merece una actualización, no?)

torpin -

Ya te llamaré yo para unos birrotes mientras escuchamos discos... y no podrás echar marcha atrás!

Un saludin!

La niña -

Entonces no es la llamada que estabas esperando. Llegará.

Un beso