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Los archivos lúcidos, aunque cada vez menos, que me hago mayor

E., el Príncipe de Asturias, Proust y discos raros

Hay días, despertares o acostares, que resultan increíblemente distintos a lo que se puede considerar como normal. No me refiero a meterte en la cama con la cabeza donde los pies o salir de ella e ir reptando hasta la cocina, sino a meterse un sábado a las once y media de la noche en la piltra y que te levante alguien a quien no has visto en tu vida hablando en francés. Y, entonces, en el tiempo que tarda en desvanecerse el aroma de una flatulencia, ocupa tu habitación, se ducha en tu baño y come en tu mesa. Sin embargo, E. es una buena tipa. Además, tampoco me considero un ogro y no me desagradan las visitas. E. lo necesita, así que, ya que últimamente no paro mucho por mi casa, pues que se quede.

Hace ya unos pocos días que no escribo. Ya os digo, no paro mucho por casa. Ahora estoy desayunando con el portátil de mi hermana. El Madrid ha ganado la Liga y a Bob Dylan le dieron el Príncipe de Asturias. Hace dos años fue premiada J.K. Rowling y el pasado Fernando Alonso. Es lo que tienen los premios. Muchas veces se juntan elementos tan dispares que llegan a formar una pócima realmente indigesta se tome por donde se tome. Da igual que sean categorías distintas. Fernando Alonso nunca estará a la misma altura que Paco Gento y Dylan no será comparable a ningún otro cantautor, como Proust -sin el Nobel siquiera- jamás podrá ser rebajado a la altura de la Rowling ni de ninguno de los anteriores.

Precisamente, estoy a punto de acabarme En busca del tiempo perdido. La semana pasada agarré a Mi Fan Número Uno y me compré el séptimo volumen. Me quedan menos de cien páginas y, aunque oficialmente acabo mañana con la graduación, no voy a cumplir mi objetivo de leerme los siete tomos antes de terminar la carrera. Algún día, si tengo tiempo y recupero mi ordenador -odio este portátil y la mayoría de ellos-, contaré cosillas y reflexiones pajilleriles sobre Proust.   

No me despido sin hacer antes menciones musicales. Ayer me pillé un par de discos: Feast of Wire, de Calexico, y Low State, de Sixteen Horsepower. Los he escuchado una vez sólo y del primero digo que es todavía mejor que The Black Lights -es de ese estilo fronterizo y regusto mariachi, como si fuera la banda sonora de una película de Tarantino-. El segundo va a necesitar más escuchas. Es un folk bastante oscuro, a veces garajero, otras grunge. Ya os contaré más, que hoy me tengo que hacer cosas y paso de seguir escribiendo. Cuidaros mucho

3 comentarios

almudenita -

Pues si no te gusta mi ordenador no lo cojas. Además ahora ya tienes el tuyo. Son las cinco menos diez y ya queda menos para irme del curro y dejar de explotar bolitas y cerrar el buscaminas.

Mariano -

Uf te veo demasiado exquisito en tus valoraciones, sobre todo con los Príncipe de Asturias, que no es que valgan para algo, pero en general suelen premiar a gente que se lo merece.

Fernando Alonso por ejemplo no lo mereció, en mi opinión, en su momento, ya que no era aún campeón del mundo, pero cuando termine su carrera deportiva lo tendrá más que merecido. Es posible que entonces su puesto entre los mejores pilotos de la historia de la F1 (sin contar con que luego corra LeMans o turismos o algo) será posiblemente superior al de Paco Gento entre los mejores futbolistas de la historia.

Y como me rechinaba que le dieran el Príncipe de Asturias de las Letras a JK Rowling (pese a que posiblemente decenas de miles de niños se conviertan en lectores gracias a ella, lo que no es ni mucho menos una pequeña contribución) lo he revisado y lo recibió en la categoría de "Concordia", que es casi más absurdo, no es la UNICEF esta mujer, pero no la compara ni con Proust ni con otros premiados (Susan Sontag, Günther Grass o Cela, por ejemplo).

Estoy de acuerdo en que estos premios son bastante patraña, pero no creo que comparen a Dylan con ningún cantautor, sino más bien con Calatrava, Joaquin Rodrigo, Woody Allen o Álmodovar.

Ya, es tocar las narices, pero bueno :P

Pásalo bien, licenciado!

Sergio -

Nunca me convenció Proust. Se me hace cuesta arriba, empalagoso y lleno de tópicos. Un amor de Swann no conseguí ni siquiera terminarlo. De todas maneras, uno es capaz de sentirse muy pequeño cuando ve que alguien escribe como no le gusta y aún así es muy superior. Un abrazo.