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Baloncesto

Hemos cambiado de oficina en el trabajo y al lado de la nueva hay un parque con canastas de baloncesto. A veces me pregunto qué coño hago con mi vida, con tanta cerveza, tabaco y vida sedentaria. Me gustaría volver a hacer deporte y competir por algo, pero es más cómodo lo que hago ahora. Pasa con todo. Hay un mínimo de ambición en nuestra vida y cuando llegamos a él aunque sepamos que no vale para nada, nos damos por satisfechos. Ya está. ¿Realmente el ser humano es así de limitado? ¿O nos limitan los demás? ¿O es que sólo unos pocos nacen con esa capacidad de superación que hace que al final nos podamos distinguir entre mediocres y felices? Cualquier respuesta a estas tres puede ser terrible.
El caso es que me he quedado sin entrada para ver a Bob Dylan este sábado. No creáis que me he vuelto loco o que de repente he tenido un arrebato de profundidad de charco. No. Es por el concierto. Creo que si no consigo una entrada en 24 horas, me voy a quedar todo un día encerrado en casa, bajándome un barril de Heineken y escuchando sus discos. Es el castigo por hacer las cosas tarde. Por dejarlo todo a la inercia, iniciada por la inseguridad. Lo siento, a mí no me llegó la madurez de golpe -y espero que no lo haga-.
Un genio, la teoría y cuatro locos

El sábado, al final, tras dos horas esperando bajo el sol para coger la entrada y otras dos sentado en un bar bebiendo cerveza yo solo, pude ver a Bob Dylan. Me costó lo suyo, pero allí estuve. El concierto... fue único. Realmente, lo bueno de ver a Dylan es que vas a ver a Dylan. Vas a ver a un tío que ha compuesto las mejores canciones que se han escrito nunca y, además, las canta él. Son suyas y él va cerca de tu casa a enseñártelas. Impagable: Mr. Tambourine Man, Desolation Row, All Along de Watchtower, Most Likely You Go Your Way (And I'll Go Mine), Like a Rolling Stone... Veinte euros. Y dicen que la cultura es cara...
He aprobado el teórico del carnet de conducir. Apto. Ahora no dicen los fallos que has tenido y, además, tienes que esperar un día para saber si pencas o no -en mi caso, como fue viernes, un fin de semana-. No lo he sabido hasta esta tarde pero, por si acaso, esta mañana me fui a pillar discos ya fuera para celebrar o para aliviar la depresión. El caso es que hasta dentro de un par de meses no empezaré las clases prácticas, así que podéis estar tranquilos, que todavía no iré al volante de un coche cerca de vuestras casas.
Y, por último, os invito a que visiteis un blog en el que voy a escribir de vez en cuando sobre deporte -no os abstengáis tampoco los que sintáis asco por sudar-. www.cuatrolocos.blogspot.com A ver si os gusta y os animáis a dejar comentarios
Breve reflexión mientras se calienta el aceite

Nos equivocamos, los verdaderos héroes son los supervivientes, quienes se agarran a las ondulaciones de la existencia, sus altibajos y contradicciones, y luchan infatigablemente contra su intrínseca futilidad.
Ignacio Juliá afirma esto en el prólogo a la edición española de la autobiografía de Johnny Cash. Entonces, ¿quién es Kurt Cobain? Cada día dudo más de que en música la historia ponga a cada uno en su sitio. Recordamos al greñoso esquizoide de Nirvana -alguien que todavía es ídolo de todos aquellos que no llegaron a superar el trauma de su primer grano de acné-, pero nos olvidamos del yonki de Gram Parsons, fundamental para los que hicieron grande el rock -en una gran parte-. Más injusto, por tanto, resultaría meter en el mismo saco del recuerdo a ambos, mantenerlos en el mismo plano. Y, si como afirma Juliá "los verdaderos héroes son los supervivientes", ¿quienes son realmente estos dos? ¿Son más importantes los 26 años que los Rolling Stones llevan sin hacer nada que los ocho en que los Beatles le dieron la vuelta a la tortilla?
No llego a nada en claro. Quizás lo mejor es no plantearse estas cosas... O sí. Realmente, lo que hay detrás de esto es manipulación de las grandes compañías. Es más fácil vender como un gran músico a Kurt Cobain que a Gram Parsons y por eso es mejor que estén en planos separados -aunque siempre lo hayan estado-.
Y en España... ¿Son más importantes las canciones que ha hecho Álvaro Urquijo -superviviente- que las que compuso Enrique? Tampoco Loquillo ha hecho una buena canción desde que se fuera de Los Trogloditas Sabino Méndez. Asalta una nueva duda entonces: ¿hay que despreciar la música de algunos grupos/compositores/cantantes una vez empiecen a dar muestras de flaqueza? ¿Es mejor que vivan deprisa y mueran jóvenes para que su cadáver tenga un buen aspecto y sólo dejen buena música o que se consuman lentamente viviendo de la luz con que una vez alumbraron? ¿Debemos despreciar a Wilco o a The Flaming Lips una vez saquen un par de discos trucha? Algo así escribió Neil Young en una canción -creo que era él- y Kurt Cobain lo dejó escrito cuando le encontraron muerto -algo parecido es la historia-. Esto me lleva a pensar que este tipo de música -el rock en general- está hecho para usar y tirar, y que los mitos -vivos, muertos, buenos o malos- no son más que una ilusión. Por lo tanto, es mejor no comerse el coco.
Unas recomendaciones: la autobiografía de Johnny Cash, Las partículas elementales -de Michel Houellebecq-, Pay the devil -de Van Morrison- y una paja antes de dormir.
It's Summertime, The Flaming Lips

El verano se carga nuestras neuronas. Fijo. El calor hace que se nos tuesten las meninges y no funcionemos correctamente. La gente no escribe nada nuevo en los blogs, ya sea por vacaciones o por pereza suprema. De hecho, si tienes algo que hacer, deja de leer aquí, que este post va a ser bastante malo. Sólo lo escribo porque llevaba mucho tiempo sin darle a la tecla, pero creo que no va a salir nada interesante. Es verano, no hay nada que hacer, aunque yo sí tenga algunas tareas pendientes de esas que a algunos les parecería un auténtico mundo y para mí sólo son canicas. Mejor os recomiendo una canción y lo dejamos, ¿vale? Venga, a ver si la próxima estamos más frescos, que hoy me parece que no.
It's summertime - and I can understand if you
Still feel - sad -
It's summertime and though it's hard to see its true
possibilities -
When you look inside - all you'll see
When you look inside - all you'll see
Is a self-reflected inner sadness -
Look outside - I know that you'll
Recognize it's summertime
Vegetaciones veraniegas

Todo sigue igual. El verano acaba con nuestras ganas de hacer cosas... aunque eso no está del todo mal. Rascarse todos los recovecos del cuerpo no es negativo -aunque depende de la intensidad que se ponga en ciertas partes-. El verano pasa entre cañas, libros, discos y sábanas. Un buen resumen, salvo por los cuatro días a la semana que trabajo, que se podría resumir en los cuatro de antes, más aburrimiento -es verano, la información deportiva es casi insustancial-.
Tanto es así, que para romper la monotonía había empezado a hacer ejercicio. Sí, yo, el rey del Fortuna y la Mahou, haciendo deporte. Bueno, no tengo pensado abandonarlo mucho. No me vendría mal perder unos kilos y, a lo mejor, ponerme un poco en forma. En lo que hace mucho que no he comprobado mi puesta a punto es en el tema de emborracharme. Hace por lo menos dos semanas que no me agarro un buen ciego. Estoy perdiendo mucho. La gente me lo dice. Antes me emborrachaba dos veces, por lo menos, cada semana. Será que me vuelvo viejo o que he descubierto que hay otras cosas.
Desgraciados lectores de mis vegetaciones veraniegas, os dejo unas recomendaciones. Aparte de la autobiografía de Johnny Cash, deberíais echarle un ojo a La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa. Tampoco perdáis la oportunidad de dejaros unos eurillos en algún disco -no se aprecia verdaderamente la música cuando uno se la baja-. Si os decidís, haceros con Another Fine Day, de Golden Smog. Por supuesto, si necesitáis compañía, no os olvidéis de llamarme, aunque seguro que os llamo yo antes. Ya tenéis mi número.
**Cada vez odio más los posts de "hoy he hecho tal" o "yo tal"**
